«Viudas»: ausencia que resignifica vidas y vínculos

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El cine nacional siempre se caracterizó por hacer dramas de calidad. A lo largo de la vasta filmografía de nuestra tierra, el número de exponentes de este género fue siempre destacado y de hecho nuestras películas más populares a nivel festivales son de este tipo. Digamos que los argentinos somos especialistas del tema, hay en nuestro ADN  una fuerza intrínseca y profunda a la hora de mostrar historias donde las lágrimas y el dolor se muestran como emociones predominantes. Dentro de este panorama, celebramos la llegada de «Viudas», última película de Marcos Carnevale (director de «Anita» y «Elsa y Fred», entre otras) porque toma esta veta natural de nuestro cine y la enriquece con una sutil dosis de desenfado y humor negro, poco visto en la industria. No podemos decir que esta sea una comedia dramática con todas las de la ley (no siento que lo sea, debo decirlo), sino que es una historia vincular compleja, medida y descriptiva de una situación triangular no deseada por nadie en su sano juicio…

Una joven mujer llega al hospital con Augusto, un hombre entrado en años que ingresa a la sala de emergencias con un ataque cardíaco. La esposa del enfermo, Elena (Graciela Borges), es avisada de su ingreso y se presenta en el lugar para atender a su pareja. Allí, se topará con Adela (Valeria Bertucelli), la persona que lo trajo quien espera noticias sobre su salud y se niega a despegarse de su lado. En unos pocos pasos, Elena entenderá que ella es la amante de su marido. Son dos polos opuestos, hay un mundo de diferencias entre ellas, y la edad no es la más importante. Mientras la esposa formal es una cuidada y culta mujer de acomodada clase social (es documentalista), la «querida» es una mujer corriente cuyo atributo más visible es su juventud y belleza. El hombre que las dos compartían muere al poco tiempo y en sus últimas palabras le pide a Elena que «cuide» a Adela, gesto que enardece a su mujer. Encima de tener que enterarse de la cuestión en este contexto, se le pide que perdone la traición y cobije a alguien que desconoce y que era su rival en la oscuridad del triángulo amoroso.

No hay tiempo de procesar el pedido, Adela es inestable emocionalmente y el dolor de la pérdida de su gran amor la lleva a generar encuentros forzados con Elena, quien claramente quiere apartarla de su vida. Si bien las dos fueron importantes en el corazón de este hombre, lo cierto es que su compañera de toda la vida tiene estructura para enfrentar la difícil situación mientras que la alternativa adolece de esa posibilidad. Se quiebra y su vida se va a pique casi de inmediato. Es entonces cuando después de una serie de encuentros raros, Elena ofrecerá circunstancialmente cobijo a Adela en su hogar para reponers. Eso generará un vínculo volátil que las dos deberán manejar si no quieren hundirse en el abismo del vacío que dejó el hombre que amaron.

Carnevale aborda, en definitiva, una historia de mujeres duelando en una situación extrema. Su guión nos invita a deguir del derrotero de dos personajes que amaron sin límite al mismo hombre y ante su ausencia, deben reestructurar sus vidas y resignificarse a la luz de la verdad. Dibuja una escenario austero para posicionar a sus protagonistas y las deja desplegar su enorme talento. Ya sabemos de lo que son capaz Borges y Bertucelli. Aquí las dos se sacan chispas en los cruces que se dan para desarmar el enigma que recorre la cinta… ¿Eduardo fue capaz de amar a las dos por igual? Ese interrogante flota en el ambiente y se instala como obligada pregunta. Desde el punto de vista actoral, quizás la esposa de Vicentico luzca al principio un poco fuera de registro y sin poder dominar a su Adela, pero con el correr de los minutos logra equilibrar su fuerza interior y darle estatura exacta a esta sufriente amante, un ser desvalido y sin norte que nos conmueve en cada línea que sale de sus labios. Graciela Borges se luce con su distancia inicial y a la hora de poner el corazón, desenfunda sin inhibiciones. Ambas sostienen el andamiaje con mucho oficio, incluso en algunos absurdos (ciertas situaciones) que no cierran y que parecen forzadas en el contexto.

Volviendo al principio, lo rico en «Viudas» es que en este fuerte relato, el director acondiciona su pieza para no agobiar al espectador en su aprehensión de la trama. Lo hace a través de dos secundarios que aportan simpatía y color en las dosis justas para no desequilibrar al film. Ellos son la mucama travesit de Martín Bossi (gran debut cinematográfico) y la mejor amiga de Elena, Rita Cortese. Su trabajo es el de introducir el sentido común al vínculo que las mujeres van creando. Las aristas del guión coquetean con lo increíble y cuando el público comienza a desconfiar de la dirección del relato, llegan uno u el otro indistintamente y aportan una mirada ácida y humana de eso que pasa. Le ponen lógica a lo inentendible y grafican la sorpresa que produce una vinculación así.

Debemos entonces decir que esta es una gran película. Si bien no profundiza tanto en las emociones individuales como nos hubiese gustado, es cierto que lo cuenta, lo hace bien. Más allá de alguna cuestión discutible con respecto al devenir de la historia y los claroscuros del pasado que intencionalmente se dejan de lado (las motivaciones que llevaron a Augusto a ser infiel, por ejemplo), Carnevale logra traernos un retrato muy humano que entretiene y emociona y que no hay que perderse, de ninguna manera.

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