«Wreck-It Ralph» (Ralph, el demoledor): Se fuerza la máquina

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Salí de la privada de prensa con una sonrisa de par en par, me topé con una colega (que todavía tenía puesto sus anteojos 3D), y le dije, «es un diez». Me arrepentí del comentario durante unos días, porque a veces uno tiene que dejar decantar sus impresiones para poder analizar con mayor claridad sus ideas y hoy, a casi dos semanas de su visión, les digo, «es un diez».

«Ralph, el demoledor», debe ser de las mejores películas de Disney de los últimos años. Ya se, muchos dirán, vos sos un gamer clásico, naciste con los videojuegos a los que la peli hace referencia y por eso te conmovió tanto… Bueno, si y no. Sí, no puedo negar que la cinta me fascinó por el universo donde se juega la historia, absolutamente poderoso para cualquier jugador de arcades histórico que haya gastado dinerales en fichines como este cronista hizo… No, porque «Ralph» es un film que la rompe sin apelar a la nostalgia ya que logra generar una conexión con todas las edades, inmediata y este vínculo, creánme, es atemporal. Fusiona la calidez y la inocencia clásica de Disney y le da una vuelta de tuerca genial, al ubicar a sus personajes en un mundo de gran simbolismo que puede leerse en varias capas y que es extremadamente divertido.

Quiero decir, hay un nivel, visible, que es la historia típica de superación de un malo (Wreck), quien aburrido de repetir siempre un rol impuesto y ser infeliz, intenta hacer algo distinto y no tiene mejor idea que desarticular la trama invisible que marca el determinismo de un universo donde todos tenemos asignado un rol y nos quedamos en él, muchas veces sin poder romper ese círculo. De esas historias, hemos visto muchas. Ahora bien, aquí lo interesante es que los personajes tienen profundidad. Hay en ellos mucha vida interior, aspiraciones, tendencias, idearios, convicciones…

Y todas ellas confluyen para dar movimiento a una construcción distinta. Clásica, se puede decir, por la naturaleza del conflicto, pero novedosa, porque permite mostrar el interjuego que se abre cuando fusiona mundos y personajes y los pone en contradicción con sus propias realidades.

Para que entiendan mejor, Wreck es el protagonista de un videojuego clásico, «Fix It Felix Jr», que vendría a ser una especie de Donkey Kong. Ahí le toca el rol de destructor de un edificio que el «reparador» debe resolver. Bien ochentoso, el arcade está en una sala de juegos y tiene un uso corriente, hasta que al «destructor» se le ocurre salirse de lo previsible e intentar buscar su lugar en el mundo.
Claro, el tema es que la desorganización que provoca esa salida, algunos personajes de la sala de máquinas comienzan una búsqueda tras en él, para poner en orden ese universo, antes de que sea demasiado tarde para todos (la amenaza de que sean apagados y puestos fuera de servicio).

La cinta tiene a la pareja rival en el principal juego (Wreck y Felix), más dos féminas de distinto pero alto perfil: la Sargento Calhoun (del «Hero’s duty», una mezcla de varios shooters de aventuras) y la deliciosa Vanellope Von Schweetz, (quien forma parte del «Sugar rush», algo parecido al Mario Kart pero más pop!). Las dos balancean la energía de la dupla central, aunque esta última (Vanellope) se transforma en centro de gravedad de la historia merced a su sensibilidad y simpatía, que movilizan a la platea desde el primer fotograma.

No quiero contar más, excepto decirles que no se la pierdan. Hay un altísimo nivel técnico (no lo nombre a Rich Moore, el director y responsable final, pero a partir de ahora, me compro la T-shirt con su cara para salir en el día de estreno) y una historia entretenida, luminosa y transgeneracional. Ni se les ocurra, dejarla pasar!

 

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