«The Conjuring 3- The devil made me do it» (El Conjuro 3- El diablo me obligó a hacerlo): los Warren en problemas

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Finalmente, una de las demoradas pelis del 2020 (estaba programado su estreno para setiembre del año pasado) llegó a salas y en USA, al sistema HBO Max. Es cierto que el universo de «The Conjuring» ya viene siendo sobredimensionado (sumamos unas siete previas contando films como «Annabelle» y demás) y volver siempre a las fuentes, permite un poco recuperar el eje y la tradición que impulsó la propuesta.

Más, teniendo en cuenta que los últimos trabajos en este sentido («The Nune», «The Curse of La Llorona» y la tercera entrega de la mini saga de la muñeca siniestra), no estuvieron a la altura de los dos primeros capítulos de la historia núcleo que planteó James Wan en su momento.

Esto es interesante porque cuando vemos «The Conjuring 3» reafirmamos que la diferencia del resto de las propuestas de su mundo: posee una gran pareja protagónica que puede defender el destino de la historia. Vera Farmiga y Patrick Wilson poseen una química tremenda, para corporizar a un matrimonio único en la historia de las posesiones diabólicas. Podemos tener un guión endeble, una dirección discreta (Michael Chaves está a años luz hoy de Wan en la dirección) y una trama predecible, pero sostiene el visionado la ternura y complicidad de esta pareja en cámara.

¿Por qué sucede esto? Podemos pensar que ellos han logrado cierta familiaridad con el espectador que acompaña la tarea que este dúo propone. En cada diálogo, sentimos que Lorraine y Ed Warren no son seres exentos de miedos e inseguridades, ellos enfrentan al demonio con lo que tienen. Y a veces, eso no alcanza, se ve.

Para quienes no lo saben aún, las historias detrás de «The Conjuring» están basadas en la trayectoria de los protagonistas reales, quienes realizaron trabajos de exorcismo y erradicación de demonios, por muchos años allá por los setenta.

Aquí tenemos la historia de Arne (Ruari O’Connor) y Julian (David Glatzel), hermanos y miembros de una familia que pide ayuda a los Warren. Ellos llegan a su hogar porque el más pequeño está poseído, pero luego de una fuerte escena inicial, la cosa se complica: el demonio que estaba en Julian, se trasfiere a Arne y esto sucede sin que los intervinientes lo noten, en principio.

La trama se complica cuando Arne comete un crimen, va a prisión y ahí sí ya los Warren junto con el sacerdote local comienzan a ver qué sucede con el joven y descubren una serie de sucesos donde se puede percibir una mano oscura de alguien que invoca a los demonios…

La cinta es predecible, para mi gusto con una pobre edición visual, que hace agua especialmente al instalar gran parte de las escenas en lugares demasiado oscuros, innecesariamente. Chaves no es amigo de las sutilezas y le cuesta encontrar el camino para que el relato fluya naturalmente. Se extraño mucho (pero mucho) a James Wan aunque como ya dijimos, nos caen muy bien Farmiga y Wilson y eso saca el film a flote, con lo justo.

«The Conjuring 3» es una película que podría ser mejor, pero por lo menos, se diferencia de los pasos erráticos de su mundillo cinematográfico, en el carisma de la pareja central de la saga. Para los fans, podemos decir que se deja ver, es lineal pero hace su aporte para mantener la franquicia viva.

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