“The invisible man” (El hombre invisible): El aliento que acosa

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De la mano del nervio de Leigh Whannell y la actuación sobresaliente de Elisabeth Moss, esta ¿nueva versión? de El hombre invisible se convierte en un notable ejercicio de suspenso y tensión.

Así como otros géneros, el terror también se nutre de los clásicos. El relato original de El hombre invisible surge de uno de los cuentos más conocidos de H.G.Wells, autor más ligado a la ciencia ficción que al terror.

Pero en verdad, su representación como ícono público proviene del clásico cinematográfico de 1933 dirigido por James Whale y protagonizado por Claude Rains; que adaptaba bastante coherentemente el texto del autor de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?.

Esta película forma parte de los llamados monstruos clásicos de la Universal, junto con otras figuras como el Drácula de Bela Lugosi, el Hombre Lobo de Lon Channey, o el Frankenstein de Boris Karloff.

Cuando hace un par de años, Universal decidió hacer nuevas versiones de esas películas formando parte de un universo compartido simil Marvel, por supuesto, El hombre invisible formaba parte de esa idea. Las cosas no salieron como se pensó, ninguna de las tres películas que llegaron a estrenarse del Dark Universe funcionó, y el ninguneo de La momia by Tom Cruise fue la gota que rebalsó el vaso quedando todo en un limbo.

Finalmente, la productora asociada al terror Blumhouse, hacedora masiva de remakes, adaptaciones, y éxitos; tomó el control para concretar la esperada El hombre invisible. Pero de la idea original, a lo que termina ahora estrenándose, evidentemente las cosas cambiaron.

En realidad, no se puede decir que el film dirigido y escrito por Leigh Whannell sea ni una adaptación de la obra de Whells, ni remake del film de Whale, van por caminos bien diferentes. En todo caso, podría tener una lejana similitud con la injustamente menospreciada El hombre sin sombra de Paul Verhoeven.

Whannell creó una historia en la que no hay elementos fantásticos, más bien algo de ¿ciencia ficción?; y el carril tiene más que ver con el thriller de acoso tradicional.

Cecilia (Elisabeth Moss) está casada con Adrian Griffin (Oliver Jackson Cohen), un científico millonario, con renombre dentro del campo de la óptica. También un abusador que controla cada aspecto de la vida de su mujer.

En un electrizante inicio, asistiremos al plan que Cecilia tiene para abandonarlo: Lo logra, pero quedará traumatizada al punto de no querer cruzar la puerta de salida de la casa de su amigo James (Aldis Hodges) donde se está quedando en secreto.

El alivio llegaría cuando su hermana (Harriet Dyer) le comunica que Adrian ha fallecido, posiblemente se haya suicidado. Hasta las fotos lo confirman.

Pero al poco tiempo, Cecilia continúa sin sentirse segura, y comenzará a sentir que Adrian aún la acosa, desde las sombras, o mejor dicho, desde la invisibilidad.

Según Cecilia, Adrian fingió su muerte y de algún modo logró hacerse invisible para controlarla de cerca y acecharla ¿Pero cómo comprobarlo? ¿Cómo hacer para que no crean que está loca?

Leigh whannell tiene buenos antecedentes creando climas interesantes dentro del mundo del terror. Si bien no todas sus películas y guiones son buenos, habrá que reconocerle, que aún en títulos flojos como La noche del demonio, el equilibrio en el ritmo para crear tensión siempre lo logra.

En esta oportunidad, intenta apartarse de casi cualquier efectismo, y lo que vemos es más una película en el estilo de Durmiendo con el enemigo, pero con el condimento de alguien que es invisible a la par que perverso.

Poco más de dos horas en las que siempre se mantendrá el nerviosismo y estamos expectantes sobre lo que puede pasar, más allá de que en definitiva recorra caminos que ya conocemos.

Entre ese inicio que logra mantenernos aferrados a la butaca, y alguna escena muy bien lograda que genera gritos y sobresaltos sorpresivos, la historia cae un poco, pero lejos está de estrellarse.

En una necesidad por hacer que los detalles tengan lógica, no todo cierra muy bien, algunos puntos quedarán en dudas, o darán la sensación de que esto es así porque hay que resolverlo. Pero es un detalle mínimo que no hace gran mella sobre el producto final.

Elisabeth Moss viene perfilándose hace rato. Pedía a gritos un protagónico cinematográfico fuerte, y finalmente El hombre invisible puede ser esa oportunidad. Actúa con cada gesto, pose, y movimiento. Se carga la película al hombro y la lleva siempre por buen camino. Su presencia es determinante para que El hombre invisible sea una buena película.

Sin ser perfecta y sin necesitarlo, El hombre invisible es una muy interesante propuesta que sorprende menos por su (no) originalidad, que por lo bien que juega sus cartas. Desde una lograda y efectista banda sonora, hasta un montaje pensado para conseguir ritmo de golpeteo, El hombre invisible es un juego con mucha perversión y espíritu clásico. Nada mal para una propuesta que inicio dentro de un universo fallido.

Rating: 4.0/5. De 2 voto.
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