“The Spy Who Dumped Me” (Mi ex es un espía): Chicas en acción

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Comedia de manual, "Mi ex es un espía", de Susanna Fogel, apenas logra salvarse gracias al talento para la comedia de Kate McKinnon. Dicen lo que saben que es más difícil hacer reír que llorar.

Algo de eso deberían decirle a los responsables de esta propuesta, una comedia que apela a tantos lugares comunes que termina por provocar el tan temido tedio en el género. Son tiempos modernos, las actrices reclaman mejores y más roles protagónicos; y, de alguna manera, no ser encasilladas.

En ese contexto, se trata de librarlas del estancamiento de la comedia romántica. ¿“Chica disparatada sufre por el vacío en su vida hasta que llega el chico que tapa ese agujero”?

No, "Mi ex es un espía" no es una comedia romántica, pretende ir en contra del precepto antes mencionado. El problema es que de tanto darlo vuelta, termina cayendo en el mismo asunto, como el perro que muerde su propia cola. Su protagonista principal no busca el amor (bah, casi no), pero sí hace todo lo que hace por un chico

¿Es lo mismo? Ella es Audrey (Mila Kunis), una chica con algunos problemas para asumir compromisos fuertes. Todo en su vida parece, más bien, volátil.

Entre esas volatilidades se encuentra Drew (Justin Theroux) su flamante ex pareja, que de un día para el otro, la abandonó, sin siquiera despedirse, mediante un mensaje. Audrey intenta superar ese golpazo (les dije, los hombres no protagonizan, pero sí son centrales como motor), y para eso, cuenta con Morgan (Kate McKinnon), su mejor amiga, mucho más decidida.

En una de las tantas vueltas antojadizas de la historia, Audrey decide hacer un quiebre y amenazar a Drew con quemar todas sus cosas (el corte hubiese sido quemarlas, no amenazarlo, pero en fin). Alarmado, Drew reaparece tan de la nada como desapareció.

Solo para, mediante una confusa situación, revelar lo que el espectador ya sabía (y el espectador local ya fue sabiendo antes de verla gracias al insípido título alejado de la traducción), Drew es un espía. Las cosas se complican, y las chicas deberán cumplir con una misión que Drew deja trunca, y que incluye un McGuffin que nunca llega a interesarnos.

Esta misión incluirá un viaje por toda Europa, haciendo principal escala en Austria; además de tener que enfrentarse a varios villanos, o gente que quiere lo mismo que ellas protegen. Por supuesto, entre esas contrafiguras, hay un rubio, que parece salido de alguna publicidad de One Milion de Paco Rabanne (Sam Heugham).

Por si no se dieron cuenta, "Mi ex es un espía" tiene un problema principal. El guion es equivalente a nada. Susanna Fogel, más conocida por ser la creadora de la serie "Chasing Life", que por su único anterior film "Life Partners", creo apenas un contexto junto a David Iserson (también de procedencia en series televisivas) en el guion, para poner a dos actrices comediantes en ruedo. Nada de lo que sucede guarda verosimilitud, ni intenta hacerlo, ni siquiera para una comedia disparatada.

Los hechos son una sucesión antojadiza en la que dos personas, a las que se las ve como de clase media humilde, pueden viajar de un segundo al otro a Austria (y a todo Europa), así como nosotros decidimos ir a comprar un cuarto de pan a la esquina.

También resulta extraño que, casualmente, una o la otra, poseen habilidades que calzaran justo en lo que la misión, o el guion, necesite.

Si, este es otro ejemplar de ese tope tan conocido del policía/agente menos pensado. Así, Kunis y McKinnon naufragan en un mar de textos y diálogos que no la ayudan; y la duración de casi dos horas, colabora menos. A ambas se las nota con química, siendo uno de los puntos a resaltar. Pero ambas no están al mismo nivel.

Si bien la que conduce el relato es Mila Kunis. Esta vez, la estrella de "That ’70 Show", no logra destacarse por sobre el guion, se la ve atada y con poca chispa. Quien toma las riendas del humor es Kate McKinnon, más acostrumbrada desde "Saturday Night Live" al humor episódico.

Son sus salidas, que casi ninguna dependen del guion troncal, lo que salvan a esta comedia, y nos provocan alguna risa como para que pasemos un momento, más o menos entretenido. Otro elemento, menor, a destacar, son los muy secundarios de Jane Curtin y Paul Raiser, casualmente, los padres de Morgan. Volviendo sobre el rol que el film intenta asumir. Hay un esbozo de empoderamiento femenino, de hacer ver que las mujeres toman el control.

Pero tampoco queda claro a la hora de las resoluciones en donde un hombre, o las motiva, o las ayuda vitalmente. Quizás, entre tantos involucrados referentes de la televisión, se entiende que la premisa hubiese funcionado mejor como disparador para una sitcom, o una serie de comedia. Como película, "Mi ex es un espía" hace demasiada agua.

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