#36MDQFilmFest: Dos películas españolas en la Competencia Internacional

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El cine de Jonás Trueba regresa al Festival y esta vez lo hace con una película que sigue la línea de aquella obra hermosa que fue La reconquista. Con dos de sus protagonistas y un grupo de chicos de su misma edad se reunió durante cinco años para hacer una película que combina ficción y documental. La idea es simple: el retrato de la época tumultuosa y formadora que resulta de los quince a los veinte años. La base de la premisa surge, como sus títulos al principio lo indica, de una canción de Rafael Berrio, cantautor español al que quizás pudimos conocer gracias a la mencionada La reconquista. Entre la narrativa y el ensayo, Quién lo impide son casi cuatro horas de diferentes aspectos y aristas sobre la adolescencia, donde no pueden faltar el amor, la amistad y las ganas de cambiar el mundo o al menos el país en que se vive. Una cosa que puede llamar la atención acá es lo mucho que se parecen España y Argentina al menos desde esta mirada joven, donde se cuestiona cuánto vale la pena estudiar si después el país no te permite dar frutos, o las discusiones políticas sobre la importancia de involucrarse. Despareja, por momentos algo repetitiva, Quién lo impide es una mirada desprejuiciada y amorosa sobre la difícil edad. Por los años en los que fue rodada la última parte se encuentra en tiempos de cuarentena y ahí aparecen las reflexiones sobre lo que fue convivir en pandemia y cómo tuvieron que adaptarse a la fuerza los jóvenes cuyo futuro parece cada vez más difícil de predecir. Una experiencia inmersiva, como el propio Trueba que aparece en pantallas cada tanto introduciéndose en su historia lo quiso. También es un homenaje al querido Rafael Berrio. «Quién lo impide, nadie lo impide», canta.

Una de las sorpresas de la Competencia Internacional es la película de Chema García Ibarra rodada de manera local en su pueblo Elche. La historia gira en torno a la desaparición de una niña gemela y a un grupo de aficionados a la Ufología. Entre el drama con toques de comedia absurda y algo de misterio que y oscuridad que lo envuelve todo, Espíritu sagrado es una curiosa película que se mueve entre géneros y que destila originalidad a la hora de contar una historia que sin dudas es aterradora y divertida al mismo tiempo pero siempre desde un lado respetuoso. Otra cosa que se destaca de la película es la cuidada dirección de arte y la construcción de planos que genera imágenes muy impactantes, siendo ese plano final la frutilla del postre. Como curiosidad, los actores son habitantes del pueblo local donde reside el director y no son profesionales, sin embargo esa no profesionalidad no deriva en interpretaciones anodinas sino que tiñe de naturalidad y coloquialismo la historia. Detrás de una propuesta a simple vista ligera se esconde una fuerte crítica social que nunca es necesario subrayar. Gratísima sorpresa de esta edición.

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