#36MDQFilmFest: Netflix en pantalla grande

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En este regreso a salas el Festival de Mar del Plata también brindó la oportunidad de acceder a algunos futuros estrenos de Netflix de películas que lamentablemente no tendrán su paso por el cine. Así, la frutilla del postre fue la función de clausura con la esperada nueva película de Pedro Almodóvar.

Las películas de Almodóvar siempre ofrecen mucho más que lo que una puede apreciar a simple vista. En sus películas se despliega todo un abanico de temáticas que se repiten, con mayor o menos intensidad. En Madres Paralelas, protagonizada por una de sus chicas Almodóvar, Penélope Cruz, la trama gira en torno a dos mujeres madres solteras que paren el mismo día en el mismo hospital. De hecho en ese encuentro es que se hacen afines, a la larga nadie mejor que ellas mismas para entender por lo que están pasando, aunque sus situaciones no sean iguales: una es fotógrafa independiente, la otra una adolescente viviendo con su madre. Estas líneas se bifurcan pero con una revelación impactante vuelven a unirse y lo hacen con fuerza.

Almodóvar no sólo retrata la maternidad desde estas mujeres que no esperaban tener un hijo y hoy se encuentran entregadas a ese título con todo lo que pueden y son, sino que también lo hace a través de personajes secundarios. No faltan las intensas historias de amor y deseo aunque aquí no lleguen a ser como aquellas que rodó en sus primeras décadas de oficio, donde era más polémico y políticamente incorrecto. Sí estamos ante un director que siempre se preocupó por entender el mundo femenino.

Sin embargo Madres Paralelas también presenta otra trama. La película empieza con un proyecto de la protagonista para excavar un foso de su pueblo donde se arrojó en la época de la Guerra Civil a varios ancestros suyos. Es así de hecho como conoce a su amante casado con el que tendrá un hijo. Y es esa búsqueda de la identidad, la importancia de la Memoria lo que termina de pintar su película, la cual Almodóvar tiñe de melodrama como mejor sabe hacerlo durante gran parte del relato pero empieza y termina con esa idea de recuperar la memoria colectiva.

Aunque no se encuentre a la altura de su obra Dolor y gloria, Madres paralelas lo muestra en forma como siempre y demuestra que todavía tiene mucho para decir con su cine.

Netflix también estrenará la nueva película de Jane Campion después de casi diez años desde su anterior, habiendo trabajado en el medio para la serie Top of the lake. El poder del perro es una historia enmarcada en la Estados Unidos árida de 1900. Dos hermanos muy distintos, uno de trabajo manual y sucio y otro enfrascado en la parte menos práctica de su negocio, llegan una noche a beber y comer a un bar comandado por una mujer viuda y su hijo adolescente. Uno se enamora de la mujer, se casa con ella y se la lleva a vivir a la casa donde está su hermano, quien le hará la estadía cada vez más difícil.

Basada en la novela de Thomas Savage, Campion desarrolla a sus personajes con mucha sutileza y de ese modo se va revelando de a poco lo que realmente los mueve. Los espacios, desde esa enorme casa que se convierte casi en una celda hasta el cielo abierto rodeados de montaña y naturaleza, juegan un papel importante en esta historia de rivalidades y deseos ocultos.

Emparentada en cierto modo con First Cow, de Kelly Reichardt, Campion acá también utiliza como marco el western, tanto tiempo asociado a historias de hombres varoniles, para representar otro tipo de masculinidades. La construcción psicológica de los personajes prevalece a las acciones. Una historia muy simple está aquí cargada de significados y matices: el hombre que sólo se siente a gusto en la naturaleza, el fantasma de quien ya no está, el patriarcado que aplasta a la mujer, las convenciones sociales que se nos imponen.

Jane Campion regresa al cine con una de sus mejores películas. Las interpretaciones de Benedict Cumberbatch, Kirsten Dunst, Jesse Plemons y Kodi Smith-McPhee son cada una notable en su registro, con personajes de muchas dimensiones. Campion retrata la suciedad, la bronca, el deseo, la frustración, el poder, y lo hace elegantemente con mano maestra.

A Maggie Gyllenhaal la conocemos todxs pero siempre por su trabajo frente a las pantallas. Aunque ya haya hecho trabajos de producción, se animó a dirigir y escribir una ópera prima basada en una novela de Elena Ferrante (misteriosa escritora italiana reconocida mayormente por la saga de las Dos Amigas).

La trama tiene como centro a Olivia Colman en el papel de una mujer profesora que se escapa a unas playas griegas durante sus prolongadas vacaciones. A lo largo de esa estadía se irá reencontrando consigo misma y con parte de lo que fue o es.

Esas vacaciones que pretendían ser relajadas, quizás con un poco de alcohol, quizás con un poco de coqueteo con algún extraño, se ven irrumpidas con la llegada de una familia numerosa y ruidosa. Sin hacer buenas migas con ellos desde una primera instancia, pronto observa casi obsesivamente a una mujer joven con su hija. Algunas vueltas harán que se acerque un poco más a ella y, a través de flashbacks, se nos permite entrar un poco mas en la historia de esta mujer adulta con dos hijas a las que apenas menciona.

Aunque la historia presente varias aristas, en sí no parece tener demasiado para contar o no interesarse tanto por trivialidades. En medio de un atmósfera pegajosa y sensual, aparece un retrato de la sexualidad, el deseo, la maternidad, que se corre de lo que se supone que una mujer debe ser o querer. Gyllenhal apuesta a lo íntimo, al viaje interior hasta las entrañas. Porque no, el instinto maternal no existe y no hay una sola manera de ser madre. Y Olivia Colman encarna con mucha gracia y solidez a esa mujer que tuvo que aprender a escaparse de las convenciones para vivir su vida.

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