#36MDQFilmFest: Películas argentinas en la Competencia Latinoamericana

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Además de El perro que no calla, de Ana Katz, que se encuentra actualmente en cartelera, unas líneas sobre algunas de las otras películas nacionales que compiten en la categoría latinoamericana.

La directora de Atlántida y Julia y el zorro y co-directora de Las motitos llega al Festival de Mar del Plata con su nueva película, Camila saldrá esta noche, escrita junto a Andrés Aloi. Protagonizada por Nina Dziembrowski, quien interpreta a la Camila del título, la historia gira en torno a su mudanza obligatoria desde La Plata a la Ciudad de Buenos Aires para quedarse en la casa que fue de su abuela. En ese cambio de hogar, de ciudad y de escuela, Camila no sólo recorre un camino de autodescubrimiento sino que alza la voz para poner su granito de arena para un mundo un poco más igualitario y menos injusto para las mujeres. Con la ola verde como marco, es un retrato de lo que es ser adolescente hoy, con otra visión sobre temas como el bullying, el aborto, el abuso, los vínculos, etc. Es cierto que a la hora de pintar este cuadro la película a veces no puede evitar caer en el subrayado, aun así parece una versión local y un poco menos panfletaria que Moxie, de Amy Poehler. Una historia generacional contada con mucho respeto y empatía.

Después de Las acacias e Invisible, Pablo Giorgelli presentó La encomienda. A simple vista una propuesta muy distinta a lo que el director nos tenía acostumbrados y sin embargo hay algo que prevalece y es la idea de contar una historia pequeña con pocos personajes. De todos modos el marco de la historia es enorme, tan vasto como el océano, ya que la película empieza con una explosión y un personaje intentando sobrevivir en medio de restos de un buque ¿de carga? ¿de transporte? Con una primera mitad prácticamente sin diálogos, Giorgelli se guarda mucha información para ir ofreciéndonosla a cuenta gotas. En un momento aparece otro personaje y es allí cuando el contexto termina de cobrar forma. A grandes rasgos se puede decir que La encomienda es una película sobre la supervivencia, con personajes que intentan sobrevivir, no sólo en medio del mar tratando de conseguir un poco de agua bebible o algo para comer, sino también en un mundo que no es igual para todos, que plantea muchas diferencias de clase. Rodada con un despliegue poco habitual en el cine argentino es notable el trabajo de dirección y de sonido que tiene la película. Está escrita junto a su protagonista Ettore D’Alessandro y Adrián Biniez. Giorgelli se aleja de lo efectista y consigue con poco desarrollar lo suficiente a esos dos personajes que junta y enfrenta en medio del mar. Aunque se torne un poco despareja nunca pierde el interés y es una obra arriesgada a la que vale la pena acercarse.

A lo largo de su filmografía, Iván Fund nos ha ido acostumbrando a un cine sensorial, contemplativo, hecho más de emociones que de acciones. También es cierto que últimamente parecía interesado en llevarlo a otro terreno y en Vendrán lluvias suaves ya coqueteó con lo fantástico o al menos con cierto realismo mágico. Piedra noche, su última película, continúa ese recorrido allí empezado. La historia es muy pequeña y tiene como protagonistas a un matrimonio que un día se quedan sin su hijo (si desapareció o se murió, no lo sabemos) y transitan ese duelo, esa transición en diferentes sintonías. Alrededor de ellos se suman dos personajes: un chileno que los quiere ayudar a vender la casa, y la amiga de toda la vida de la mujer que llega a visitarlos y ayudarlos a preparar todo. Fund también siembra otros detalles, como el de una plataforma en medio del mar y el mito que corre en el pueblo costero sobre cierto monstruo marítimo. Un monstruo como los que aquel niño que hoy no está creaba en un videojuego. Entre miradas, escenas silenciosas y situaciones a veces difíciles de comprender es que se mueve esta historia hasta llegar a una resolución que no conviene adelantar pero es sin dudas lo mejor que la película tiene para ofrecer. Son unos pocos minutos que una quisiera que duraran más cuando por fin sucede esa misteriosa aparición. Con más preguntas que respuestas, Fund apela a transmitir emociones y los protagonistas se suman al juego, pero la falta de un guion sólido (tiene como base un guion de Santiago Loza) hace que la idea suene mucho mejor que el resultado final, aun cuando con lo técnico, la utilización de los planos, una gran banda sonora instrumental y los efectos especiales, tenía mucho para ofrecer.

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