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“Adieu au Langage” (Adiós al lenguaje): rebeldía o maniqueísmos

Tiempo de lectura: 5 minutos

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No es sencillo analizar, menos escribir, sobre un film como «Adiós al lenguaje», no es sencillo analizar a Godard. Una de las fuentes inspiradoras de esas palabras tan amadas y tan temidas por igual, la Nouvelle Vague. Cada film suyo trae la polémica consigo. ¿Pero entre quienes se da esta polémica?

«Adiós al lenguaje» dejará más dudas que certezas, abre un juego de interrogantes que estará en cada uno de los que la aprecie hallar sus respuestas. ¿Argumento? ¿Premisa? Es Godard, gente: se sabe que rehúsa de los convencionalismos en la narración; es imposible encuadrar este trabajo en pocas líneas. Hay un hombre y una mujer casada, son amantes, y entre ellos un perro al que se le dedica buena parte del metraje.

Los tres personajes atraviesan períodos distintos, culminan y vuelven a comenzar, más lineal que circularmente. ¿Se recorre el tiempo o todo forma parte de un mismo cuerpo? Pero cuidado porque ésta es una experiencia 3D. ¿Godard ama el cine o lo aborrece? Cada film suyo intenta romper sus estructuras conocidas. Antepone su figura, su sello para ¿burlarse? de los preconceptos, de la teoría que nos dice cómo se debe filmar, cómo se debe narrar. Y su título ya lo indica, «Adiós al lenguaje» es un film disruptivo, al que no le interesa tanto ser percibido como película, sino como objeto de análisis y teoría.

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En el film hay intertítulos que juegan con las palabras pero que no están ahí en función de la fluidez del relato. Por supuesto, hay mucha literatura, sus personajes espetan frases literarias varias sin mucho contexto, aparecen también en pantalla personificaciones de grandes autores haciendo lo suyo. Nuevamente, el director de «Sin aliento» pretende mostrarnos todo su bagaje cultural ¿con qué propósito? ¿Banalidad y vanidad? ¿Intención de amalgamar sus dos pasiones?

El 3D no es un dato menor, por el contrario, pareciera ser la razón de todo. Desde que se popularizó esta técnica en el formato digital, son varios los directores “autores” (por denominarlos de algún modo) que parecieran querer decirnos que ellos también pueden hacer uso de él. Godard lo rompe, hace todo lo posible para que su 3D (que ya utilizó en un corto del film en conjunto 3x3D) luzca desencajado.

Pierde los puntos de equilibrio, el eje central, utiliza focos profundos distanciando hasta el extremo el segundo del primer plano (atención que esto produce cierta fatiga visual o mareo notorio), y hasta se da el lujo de directamente filmar dos planos o secuencias diferentes con cada una de las cámaras superpuestas – habrá que cerrar uno y otro ojo consecutivamente para apreciar las imágenes como en aquellos libros primitivos para ver con los anteojos azul y rojo –.

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«Adiós al lenguaje» puede ser entendida como un manual de la incorrección, un cúmulo de varios puntos que no se deberían hacer en un film; la composición de la imagen y sonido es desprolija deliberadamente, también encontramos varias secuencias en las que veremos a sus personajes haciendo sus necesidades, los largos planos al perro porque sí (parece que este es el año de los mismos en el cine experimental), y muchos cambios de cámara y formatos constantes.

Sus detractores considerarán que Godard peca de la máxima soberbia llevando a la práctica mucho de lo que escribe en sus textos teóricos, mirando desde arriba y juzgando al cine sin ninguna idea concreta. Quienes lo admiran quedarán encantados de su irreverencia. Tratando de ser ecuménico, en una postura falsa e impostada, diré que no se admiten los términos medios (frase de casete si las hay) se la amará u odiará. Pero como estas líneas intentan ser sólo orientativas, quedará en el lector decidir si es o no un seguidor de la obra de Jean Luc Godard.

El francés, radicalizado suizo, en realidad ofrece pocas sorpresas, quienes se adentran en sus films ya sabrán si aplaudirlo o despreciarlo, es el mismo juego al que nos viene acostumbrando hace décadas. Puede que con los años haya ganado en irreverencia y pierda algo de verdadera inventiva, cuestión típica de los consagrados.

La duda que me queda flotando, como remarcaba en las primeras líneas ¿Quiénes se adentran en estas discusiones? ¿Por qué hay una necesidad del “cine de autor” de alejarse más y más de las masas? ¿Forma parte del ser, creerse y saberse culto el hacer y apreciar una obra claramente destinada al nicho?

Anexo de Crítica por Rolando Gallego

A sus 94 años Jean-Luc Godard dice acá estoy con Adiós al Lenguaje (2014), un filme que se propone como un ensayo sobre la relación que tenemos con las imágenes, y obviamente, la lengua, en un momento que nadie está reflexionando sobre esto.. Absorbiendo las nuevas tecnologías, algo que hace aún más rica la propuesta, Godard provoca presentando una sucesión de imágenes y sonidos inconexos para impactar en el corpus como sintagmas específicos, que al finalizar la proyección se resignifican y generan una idea de totalidad.

Superficialmente una pareja debate sobre puntos trascendentales, o no, de la existencia. Se aman, se odian, se repelen, se repugnan. Van y vienen como las ideas que se suceden en la pantalla. Nada aparentemente tiene sentido. El sonido va y viene. Y el 3D como herramienta propone otra visión sobre la experiencia que atravesamos. No es estéticamente bella, pero si enriquecedora.

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Esa misma pareja busca sentido a cosas que quizás ya saben cómo son, pero en el debate Godard también se para en su costado más político y asume sus propias posturas sobre las temáticas y puntos de discusión. Esa es la primera parte, llamada Naturaleza Muerta, para luego profundizar aún más sobre el lenguaje, algo que se trabajaba vagamente con Jacques Ellul al principio, y la relación con los libros y los celulares, en una segunda etapa de la película con la figura de Mary Shelley como objeto actante, se ubica en la época y reproduce, según él, a la escritora en acción. La pluma raspa las hojas, antes y ahora, y las palabras arman sentido dentro del contexto que Godard quiere.

La manipulación de las imágenes y el sonido posibilitan además un juego constante. Claramente el espectador de Adiós al Lenguaje no será pasivo, todo lo contrario, deberá asumir su posición creadora dentro del dispositivo y dejar de lado su incapacidad para debatir, porque en el mismo momento de la expectación ya hay algo que inspira o dispara ideas. Nadie que vea este filme podrá permanecer aislado y al margen de las sugerencias que el director quiere hacer y manifestar, y justamente esto es lo más rico de un filme de estas características.

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Ah, un perro es el cuarto protagonista del filme, con planos sucios y lejanos, el perro es reflejado con la clara intención de demostrar la permanencia de la integridad del lenguaje en alguien tan alejado a él.

Adiós al Lenguaje es un gran collage que durante 70 minutos mantiene en vilo a quien se preste al juego del gran Jean-Luc Godard, alguien capaz de utilizar el 3D y el 2D para terminar, en una escena, por resignificar estas dimensiones y crear una completamente nueva (¿el 2.5 D, quizás?), trabajando además con trazos gráficos y el sonido para resignificar la experiencia cinematográfica en una nueva propuesta, que no gana por belleza sino por audacia.

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