«Avec amour et acharnement» (Con amor y furia): Pura pasión

«Todo era una carencia sin fin, salvo el momento en que estábamos juntos haciendo el amor. Y, aún así, me obsesionaba el momento que vendría a continuación, cuando se hubiera marchado. Vivía el placer como un dolor futuro.»
Annie Ernaux

La última película de la directora Claire Denis, que tuvo su paso por la última edición del BAFICI y llega a hora a cartelera, empieza con una idílica escena de una pareja en el agua, enamorada, como si no pudieran despegarse el uno del otro, como si estuviesen solos en el mundo. Entre ese romanticismo y la sensualidad que exudan, pronto descubrimos que aunque llevan una vida de apariencia acorde a esa comodidad, la vida en la ciudad es muy distinta; se regresa de unas vacaciones soñadas y el regreso a la rutina, al hogar, a desarmar una valija puede resultar algo fuerte en contraste. Pero estamos ante dos adultos que armaron juntos una vida que les sienta bien, es cierto.

Él es un ex presidiario que tuvo un hijo mestizo con otra mujer que ha criado la abuela, su madre, y le cuesta recomponer esa relación filial. A ella, que parece ser quien lleva la economía acomodada de la pareja, se le trastabilla su mundo cuando se cruza con un viejo amor: lo mira de lejos sin que él se percate y pronto se esconde a suspirar su nombre y un repetido «mi amor». El magnetismo («¿Quién de nosotros, en estos sueños turbados, nerviosos, jadeantes, no ha tenido, abrazado, acariciado, poseído con una agudeza de sensaciones extraordinaria, a aquélla que ocupaba su imaginación?», escribía Guy de Maupassant), el magnetismo que un encuentro y un recuerdo quizás deformado por el inevitable paso del tiempo pueden provocar. Las cosas se revuelven aún más cuando los dos hombres, su marido y su ex pareja, deciden hacer negocios juntos, y a ella le cuesta cada vez más disimular las turbulencias en su interior. Son personajes reales, no siempre agradables, y a quienes nunca se los juzga, solo se los muestra.

En este caso, Denis apuesta al melodrama romántico con una historia de un triángulo que a nivel argumental no presenta mucha novedad. Sin embargo allí está su ojo para narrar las tensiones y algunas escenas con un clima sórdido e inquietante que la acerca a una película de terror, quizás porque da miedo enfrentarse a ese pasado que una creía pisado, quizás porque no se sabe qué será de una después de dejarse caer y arrastrar por el deseo. La infidelidad de la mujer siempre parece mucho más compleja que la de un hombre y Denis lo sabe; continúa en su afán de explorar la sexualidad femenina fuera de los cánones del color rosa.

Al mismo tiempo, la directora se muestra interesada en hacer una crítica a veces con más preguntas que respuestas sobre temáticas sociales. Esto se nota de manera precisa en la línea argumental que sigue al marido con su hijo pero también en el programa de radio que tiene la mujer con invitados que exponen diferentes cuestiones como el racismo o el conflicto en Medio Oriente.

Pero el corazón está en esos cuerpos y en la fotografía de Eric Gautier que apuesta por el erotismo cada vez que puede. Cuerpos que rueda con mucha cercanía, cuerpos adultos con experiencia que pronto se perciben vulnerables. Las interpretaciones de Juliette Binoche y Vincent Lindon resultan clave y es un placer verlos pasar de las escenas románticas a aquellas que los enfrenta como si fuesen enemigos. Tal vez el rol más complejo lo tiene Binoche: la mujer a la que interpreta es en apariencia relajada y amorosa pero también pasional, sensible y quizás hasta manipuladora cuando quiere, quizás mentirosa de una manera en que incluso se miente a sí misma. Una mujer que se la ve contenida y sin embargo sufre por dentro y en cuyo interior arde un fuego difícil de controlar. Así como alguna vez hace muchos años se preguntó «¿Por qué me quedo con el que se va, en lugar del que vuelve a casa con su mujer?», sobre el hombre que hoy es su marido, ahora es difícil identificar lo que probablemente sean muchas preguntas e inquietudes en una mujer que se desestabiliza y nos lo hace sentir con las escenas que se suceden de una manera cada vez más entrecortadas y con una cámara siempre inquieta. Aunque se digan todo a la cara con una honestidad brutal siempre da la sensación de que queda algo afuera en esas escenas de cerrados planos de sus rostros.

Denis incluye el contexto actual de pandemia pero no lo explora; sus personajes, como nosotros, nos hemos acostumbrado en algún momento a no salir sin un barbijo y a no repartir besos en el cachete como antes sin necesidad de hacer hincapié en esto todo el tiempo. Se lo incorpora de manera natural pero no invisible en una época en que pasamos mayor tiempo encerradxs y a través de una pantalla. Porque a lo mejor más que nunca estamos en necesidad de sentir conexión con un otrx y al mismo tiempo más temerosxs por lo que eso pueda generar.

Aquí trabaja en el guion junto a la novelista Christine Angot como lo hizo en Un bello Sol interior, una película que explora las crisis amorosas de una manera diferente. Puede que ésta parezca una película menor dentro de la llamativa filmografía de Denis, que esté recargada de ideas y que al final no sorprenda como insinúa. Sin embargo, Con amor y furia logra calarse en los huesos y crece a medida que una se aleja de ella. Es como sucede con una relación intensa pero problemática: después del idilio, de la seducción, de la pasión irrefrenable, y a la distancia somos capaces de verla con otros ojos porque estar afuera es más fácil y cómodo que verse introducida en ella.

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