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BAFICI 18 VI: Últimos coletazos antes del cierre

Tiempo de lectura: 5 minutos

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La decimoctava edición del Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente va llegando a su fin, pero aún quedan muchas propuestas por disfrutar. Hasta ahora, fue una edición bastante particular. En cuanto a la programación si bien seguimos encontrando algunos títulos que ya cuentan con algunos años (fuera de las retrospectivas y proyecciones especiales, por supuesto) se fortaleció la presencia de un cine joven argentino y se notó alguna inclinación por el cine de género menos convencional a nivel internacional.

Creció la cantidad de sedes y eso siempre es bueno. Se permitió una mayor unión entre el Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires organizador y el INCAA; pero a su vez, estuvo salpicado de varias polémicas desde antes de su inicio y durante varias proyecciones, precisamente por esa coyuntura que nos atañe y atrapa a todos ¿Fue la edición más politizada del BAFICI? Probablemente, o quizás aquella en la que el velo que siempre existió por fin se corrió. ¿Cuánto de cine independiente sigue teniendo?

Esa es una cuestión que circula al festival desde sus inicios, y lo cierto es que cada vez se va haciendo más notorio – ¿Una gala de personalidades políticas y celebrities high class en el Colón? –, pero lo mismo podríamos decir del Sundance Festival, por citar un ejemplo; quizás habría que definir los puntos de qué hablamos cuando decimos Cine Independiente. Como sea, es un festival importante a nivel nacional, se permite a los cinéfilos acercarse a un cine que rara vez llega a las salas comerciales y el clima que se sigue viviendo, más allá de tener varios días pasados por agua, es el de frenesí continuo.

Aquí tres reseñas variadas más:

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• La valija de Benavidez: Noches Especiales.

Lo primero que hay que decir es que sigue siendo un lujo ver como el BAFICI le abre sus puertas a propuestas nacionales independientes de género. Hay algunos preconceptos respecto del festival (no del todo falsos) que con estas proyecciones – o la de El eslabón Podrido, por citar otro caso – se caen parcialmente. Segundo opus de Laura Casabé quien ya había presentado una propuesta bien particular en El Haba Buena (Una Fábula Peronista) con una estética onírica, casi macabra y sin dudas muy lograda. Parte de esa estética, y hasta potenciada, la encontramos en esta nueva propuesta que se inmiscuye dentro del mundo del arte. Pablo Benavidez (Guillermo Pfening) es un escultor frustrado, que vive opacado por lo que fue su padre, un célebre artista.

La relación con su mujer (Paula Bresca, la prostituta de El Eslabón Podrido), también pintora, lo agobia, y por eso decide marcharse. Parte hacia la casa de su psiquiatra (Jorge Marrale), también relacionado con el mundo artístico, con una valija en la mano, y este ¿a regañadientes? Le da asilo en su hogar. Un thriller psicológico único, que utiliza a la casa como si fuese el personaje central. Las miradas no se apartan de los recovecos que ella presenta. Hay giros y vueltas de tuerca que se van dando con lentitud, y aun así hay que tomarse una pausa para analizar lo que sucede. Benavidez y su psiquiatra inician un duelo tortuoso, que puede hacer recordar al de Presagio, vista en el último BARS, pero mucho más tenebroso. Uno juega con el otro, con sus recuerdos y sus penas ¿En busca de qué? La dirección actoral es correcta y permite el lucimiento tanto de Pfening como de Marrale, a los que hay que sumar una Norma Aleandro en un rol riquísimo. Sumémosle la dirección de arte minuciosa y un ritmo que parece lento pero nunca deja de avanzar, y redondeamos una propuesta de por más atractiva. Estamos en presencia de una realizadora a la que hay que seguir muy de cerca.

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• Demon: Vanguardia y Género.

De Polonia nos llega este film de terror de Marcin Wrona, el mismo de My Flesh My Blood. Visitando el pueblo natal de la mujer, la pareja formada por Python y Janet recibe como regalo de bodas unas tierras donde construir un hogar. Phyton descubre en las mismas un puñado de huesos de origen humano, y a partir de allí comienza una pesadilla para ambos. Wrona elige contar esta historia, que encierra mucho del mito de Dibbuk judío – ya revisado, por ejemplo, en la infra valorada Posesión demoníaca de Ole Bornedal –, en forma de una comedia forzada, incómoda, y de a poco deja entrever un clima mucho más oscuro y tétrico.

En el inicio, uno no está muy seguro de a dónde quiere llegar el realizador con lo que nos está contando; como si nos hubiésemos equivocado de película, de apoco va entrando en género, se encauza, y llegando al final ofrece un giro que puede dividir todo. No se puede negar que Wrona intentó hacer algo diferente, que logra el cometido de crear algo atmosférico y pega algunos sobresaltos y que llega a ellos por un camino no tan usual. Pero también hay que advertir al espectador que no a todos contentará ese camino; lo que la convierte en algo que sin dudas hay que ver para formarse una propia opinión.

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• El Tila: Fragmentos de un psicópata: Competencia Latinoamericana.

Tarea difícil la de esta ópera prima del chileno Alejandro Torres, narrar la historia de vida de un “famoso” asesino de su país. Basada en hechos reales, de los cuales se acusa una dura investigación, es la historia de Roberto Martínez Vásquez, de 26 años, acusado a principio de este siglo de haber cometido dos asesinatos y otros delitos como violaciones, es más, es conocido con el “nombre” de El violador de Dehesa. La película no se queda en el hecho policial, indaga en toda la historia de Vásquez, y cómo terminó siendo el monstruo que era. Todo a partir del desencadenante del ahorcamiento de El Tila y una periodista que busca la verdad. Técnicamente hablamos de un film correcto, quizás discreto, pero que utiliza bien los recursos escasos que posee. Lo mismo podemos decir de sus interpretaciones, algo libres, pero nunca desentonadas, se podría decir algo falta de fuerza.

El embrollo llega con algunas decisiones de guión y tono, Torres parece querer comprender a su protagonista, y este no es un personaje demasiado querible. Más que como un camino psicológico, como una indagación en rezones del pasado y en “culpables” ajenos de su personalidad. El Tila no es Henry Retrato de un Asesino, se siente, y ahí es donde comienza lo que nos hace ruido. Elige casi el camino contrario a aquella, y puede que no todo el público se sienta cómodo con eso. Objetivamente hablando hablamos de una aproximación correcta, sin muchos elementos perdurables, pero nada profundamente criticable. Pero cuesta, y mucho, mantenerse objetivo.

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