BAFICI X: nacionales, populares y documentales

Sigue el incesante ritmo del BAFICI y es la hora de hablar de otros documentales de fuste que se presentaron en estas horas. Para empezar, hablaremos del nuevo opus de Néstor Frenkel, quien tiene una vasta experiencia en el género (Buscando a Reynolds, Amateur, sólo para nombrar algunos ejemplos), pero en el caso de “El Gran Simulador” el magnetismo emanado de su personaje observado devora literalmente el marco convencional al que estamos acostumbrados.

Además, también les dejaremos nuestra reflexión sobre «Antonio Gil», registro de casi una década sobre el fenómeno popular de una figura pagana convocante, en la provincia de Corrientes. Los dos, ampliamente recomendados por los especialistas.

Arrancamos con «El gran simulador». Aquí no importa tanto la manera en la que se narra la historia del gran prestidigitador y experto en cartomancia Héctor René Lavandera, con su única mano (más conocido como René Lavand), sino en la manera que el propio protagonista nos cuenta su presente y rememora su pasado.

En realidad la que recuerda su pasado es Nora González, eterna compañera de René (hace más de 30 años que están juntos), sentada en su dormitorio y poniendo DVD’s y VHS de viejas presentaciones en todo el mundo del mago (aunque odie Lavand que se lo llame así). Esta celebridad es una estrella mundial y hace tiempo que vive en Tandil. En su hogar, una cabaña de madera con todos los recuerdos de una carrera impresionante, conocemos su intimidad y sus costumbres (grapa con miel, su laboratorio, su cuchillo/tenedor).

Hay una anécdota que quizás todos esperan escuchar (cómo perdió su mano) pero con el avance de los minutos la misma deja de tener importancia. Es más interesante por ejemplo saber si le llega de Estados Unidos una réplica de su mano, o si lo continúan llamando de manera equivocada para pedirle un remís. Lavand es un personaje con estirpe, de convicciones, y Frenkel sabe cómo introducirnos en su mundo, por momentos convirtiéndonos en vouyeres y en otros ficcionando parte de la historia.

La música dice presente desde los títulos, con un charlestón mostrando trucos de cartas y los planos en silencio, como el detalle de los ojos de René hacen que todo el metraje se marque con una atmósfera de gran nostalgia. Nostalgia no por lo que ya no es, sino por lo que está por venir.

Es que a sus largos 80 el protagonista continúa de gira por el mundo, mostrando sus habilidades y formando a unos pocos elegidos. “Parezco culto pero soy un contrabandista de frases”; “Todo hombre debe tener un lugar para volver”, “Me molesta que me pidan autógrafos, pero también me molesta que no me los pidan”, algunas de sus afirmaciones, simples, con mucha profundidad e inteligencia que irá mencionando a lo largo de la cinta.

Una mano dibujando un retrato de René Lavand va acompasando el tiempo de la película. Cuando el dibujo se termina, también se terminan los trucos y las anécdotas. Una manera diferente de acercarse a este mito. Muy lograda. Estreno comercial hacia fin de mes.

También estuvimos en sala viendo «Antonio Gil», documental de Lía Dansker sobre el fenómeno social que se vive en Mercedes, Corrientes, en torno a la figura del Gauchito Gil. Para quienes no estén familiarizados con él, es un ícono de la geografía religiosa de la zona (aunque pagano y no reconocido por la Iglesia Católica), y los 8 de enero de cada año, se transforma en la noticia de la provincia. Miles de fieles van a rendir homenaje a este santito pueblerino del que se dicen muchas cosas, en agotadoras jornadas celebradas en el corazón de esa tierra mesopotánica.

Dansker hace una meticulosa estructura para sostener el encuadre de la película, trabajando sobre una cámara fija que va y viene por la ruta, retratando los rostros de los feligreses que concurren en esa fecha a esa reunión popular de fe. Gran parte del trabajo de investigación, descansa sobre una serie de entrevistas en off, con las imágenes del santuario y la gente transitandolo, y la observación del hecho en sí, durante varias noches de celebración del Gauchito en la última década.

A favor de la directora, debemos decir que los testimonios que aporta son muy interesantes. No sólo aportan el color local, sino también explican mucho la estructura social de la provincia (las palabras del intendente de la zona con respecto a arrasar el predio donde está instalado el santito asustan). En ese sentido, se nota que hay muchas horas detras detectando material y seleccionandolo cuidadosamente para una puesta en escena sólida y confiable. Dentro del debe, hay que decir que en el entusiasmo que se percibe en el trabajo, pareciera que se pierde de vista la duración de ciertos travellings y pasado un tiempo, ese recurso agota al espectador y si bien, no es el único, quizás otros enfoques harían al documental más digerible para el público común.

Más allá de eso, también creemos que habrá estreno comercial de «Antonio Gil» y nos parece un film interesante, para entender la idiosincracia de fe a nivel provincial, cosa que es lejana para los porteños.

 

 

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