BAFICI XIII: Dos más dos (nacionales)

Seguimos con nuestra cobertura de BAFICI y ahora nos adentramos de lleno en la producción nacional. Cuatro films son analizados en esta nota, y prestar atención, porque el fuerte de este fest siempre fue el cine local. Vimos «Leones», «Hawaii», «El día trajo la oscuridad» y «Barroco»: todas reseñadas aquí. Quedan funciones para varias de ellas así que leenos y decidite, algunas valen realmente la pena.

Arrancamos con otra película de caminantes. En este caso la actividad es, en busca de algo… Algo que nunca sabremos qué es. O sí. Tal vez. Una Cabaña abandonada. Pero no es eso lo que los motiva a seguir. “Leones” (Argentina/Francia/Holanda 2012) es la ópera prima de Jazmín López, una etérea cosmovisión sobre el ¿“paraíso”? El título hace referencia a una manada que transita un verde bosque. Un amplio espacio surcado por ríos. Qué buscan? Qué hacen ahí? Nadie lo sabe. Ellos tampoco. La directora tampoco parece saberlo. O si es así, no deja que el espectador logre romper esa estructura y se apropie de ella.

Una pareja que se ama y se desama. Un joven obsesivo con registrar todo en cassette. Una joven con mucha hambre. Y uno que quiere arremeter contra todos.

Pero ser león es mucho más que cinco transeúntes. Ser león es ser fuerte. Ser el rey. Alguno de ellos logrará serlo?


En definitiva, película de diálogos solemnes y afectados, puestos en las bocas de no los mejores interlocutores, «Leones» deambula entre la publicidad de la naturaleza (implecables travellings circulares y secuencias eternas de Steadycam en la mano de Matias Mesa), la apatía y abulia visual y la no narración.

Es una película en la que no sucede mucho hasta que uno de los personajes confirma las suposiciones que se pueden entretejer en este bosque en movimiento. Cual capítulo final de LOST ese deambular en ese espacio/no espacio nunca termina de cerrar. “¿Vos te imaginás como sería esto sin nada?” le pregunta una de las protagonistas, la que intenta llevar adelante todo, como puede. Porque estos “perdidos” en el bosque, ponen algo de esmero y esfuerzo, pero no alcanza. El mapa de la aventura nunca parece claro y el minimalismo está bien, pero no genera entusiasmo, en general.

Pelìcula de silencios eternos y planos abiertos que generan claustrofobia. O la amas o la odiás, no tiene punto intermedio. Sigo pensando en dónde me ubico.

Seguimos con «Hawaii», Marco Berger regresa al BAFICI para presentar por primera vez su tercer largometraje. Quienes conocen al director («Plan B» y «Ausente» son sus dos películas anteriores) pueden imaginarse con qué se van a encontrar. Es que «Hawaii» peca de ser demasiado parecida a una película de este director personal, haciendo éste uso y abuso de sus recursos y sus tópicos preferidos.

Es cierto que él sabe crear escenas de tensión sexual entre dos personajes (siempre hombres), sus personajes se mueven, seducen, histeriquean siempre de manera sutil, sin decir nada expresamente. Esto es lo que sucede en esta historia de amor. Son dos jóvenes, uno que llega sin nada y busca alguna changa para sobrevivir el verano, y el otro, de posición más acomodada, es un escritor que se refugia solo en su casa de verano.

Esta película tiene en particular, que nos entrega un final más optimista que las entregas anteriores.

El director también, como era de esperar, estuvo presente en su primer proyección (y seguramente lo esté en cada una de las restantes), junto a sus dos protagonistas. Berger contó cómo se había inspirado en la película: imaginándose qué le gustaría que le pasara mientras se encontraba escribiendo un guión; y nos anticipó que ya no usará esa casa como locación porque aquí le sacó todo el jugo posible, filmando cada rincón de ella. También contó que esta película surgió de sus ganas de filmar, al tener otro proyecto atrasado, y que recaudó dinero gracias también con gente que aportó por internet. Resumiendo, es un film marcado por el estilo de su realizador, en cuanto a su forma de filmar y de contar una historia. Si te gusta su estilo, no te lo pierdas.

Hora de hablar de «El día trajo la oscuridad». Martín Desalvo ya es un conocido de la industria («Las mantenidas sin sueños») y en este nuevo trabajo elige contar una historia que superficialmente, parece de suspenso (y hasta terror, si nos ponemos ortodoxos en la mirada), pero es algo más que ello. Hay muchos niveles de lectura en este relato simple, esquemático pero estupendamente fotografiado y construído.

Estamos en un bosque de pinos, en una región aislada y ventosa, muy lejos de poblados importantes. Tenemos una casa enorme, y dos chicas. Son primas, fueron muy unidas durante la infancia, pero ahora hace tiempo que no se ven. Virginia y Anabel. Atracción. Curiosidad. Afecto. Y fuera de su mundo, amenaza. Algo sucede en las casas vecinas que perturba. Algo maligno que no puede predecirse, ni ensayar defensa alguna: qué sucede cuando anticipás una realidad tan oscura?

Desalvo trabajó muchísimo el tema de la imagen en «El día…». Las secuencias al aire libre de noche, son verdaderos hallazgos por la calidad con la que fueron rodadas. El cast está correcto (Romina Paula y Mora Recalde al frente de un cast corto pero comprometido) y hay una narración tradicional, metódica y clara. En ningún momento el espectador se pierde. Y la última media hora genera un tensión más que respetable. Sólida. Intensa y muy bien filmada. No te quedes afuera.

Y para cerrar nos toca una de las mejores películas del BAFICI: «Barroco». Debemos decir que nos sorprendió la ópera prima de Estanislao Buisel. Para ser una primera película, la sentimos casi perfecta. Absorbente como pocos debuts dentro del cine independiente nacional, esta propuesta es de lo más auspicioso del festival. Sí, no hay minimalismos extremos aquí. Ni mucho tiempo para perder contemplando la naturaleza o similar.

Aquí, hay una historia simple, levemente divertida pero con sustento. Buenas ideas mejor llevadas a la concreción y un estilo mainstream que sorprende para ser un primer trabajo.

«Barroco» es un relato de un grupo de adolescentes en nuestra ciudad. Tienen inquietudes, se relacionan e intentan progresar desde sus respectivos trabajos. Son reflejo de nuestra sociedad. El guión y la dirección de Buisel son sorprendentes, pero no me engaño: seguramente el hecho de que sea psicólogo lo ayuda mucho a caracterizar perfiles y ensamblarlos. Tiene lo suyo el hombre.Con pocas pinceladas y diálogos entendemos su universo rápidamente.

Conoceremos en pocos fotogramas a Julio (Julián Larquier) quien  tiene por novia a Laura (Julia Martinez Rubio) concertista de flauta barroca, mujer que practica mucho para superarse… Claro, tiene por director musical a Oscar, su ex novio.  La cosa arranca como un triángulo de relaciones (hay tensión entre los dos hombres) y con el correr de los minutos, vamos adentrandonos en un universo porteño reconocible y simpático. Julio tiene un amigo entrañable con el que planea realizar una fotonovela, y a lo largo del film, irá construyendo el guión  y obteniendo imágenes para materializar ese proyecto.

Pero claro, el interés también está puesto en una estafa que nuestro protagonista organiza en su nuevo trabajo: una librería donde parece que hay muchos textos y nadie parece preocuparse como es debido del control de las entregas y despachos.

«Barroco» trabaja todos esos frentes sin descuidar ninguno. Es profundamente empática, ya que Larquier, quien está casi todo el tiempo en el foco de los eventos, lleva adelante el relato con sobrado aplomo. Le da a su joven inquieto e inteligente, el carácter justo. La progresión de los hechos está marcada por días y está bien estructurada, con un cierre realmente magnífico. No le falta ni le sobra nada. Es puro equilibrio.

Veremos si el jurado de la Competencia Argentina, percibe lo mismo que nosotros. Estanislao Buisel, un nuevo valor del cine local que habrá que tener en cuenta. Imperdible.


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