BAFICI XXI: Ultimos documentales después del fin

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A pesar de que el BAFICI terminó, hemos visto tanto, y tan importante, que no podemos dejar de reseñarte lo que vimos en sus últimas horas. Aquí te traemos documentales. De los más destacados del festival. Estamos atento a ver si alguno tiene estreno comercial, pero si los ves pasar, no dejes de hacerte de ellos…

“Ekpyrosis” de Nikolas Klement es un documental con la fuerza de algunas películas como “La hora de los hornos” o novelas como “El Matadero”. No es rara la comparación con estos dos títulos ya que ambas hablan de ese lugar en el que los animales terminan sus vidas en algún momento y los utilizan como disparadores de sus historias.

Con imágenes simples, sin mucha preparación y solamente con la introducción esporádica a modo de separadores de frases (“Existen horas en las que Dios no ha inventado los colores” ó “Cuándo empezó el tiempo y cuándo acabará el espacio”)impactantes, el realizador nos introduce en la vida de una comunidad menonita de La Pampa. La otredad se construye desde primerísimos primeros planos de los actores y detalles de determinados objetos. Nunca se juzga ni se cuestiona la decisión de vivir en esta situación.

La cámara está fija y registra. No juzga. Sólo se mueve cuando se muestran algunos planos generales del paisaje difícil y duro de la llanura pampeana. Y ahí si declara algo: “estos señores están haciendo patria en un lugar complicado”.

En la casa de la joven familia con varios hijos un reloj con forma de ancla está colgado en una limpia pared. Este reloj es la metáfora de la inmovilidad del tiempo en ese lugar inventado. En esa comunidad de trabajadores. Los niños se ríen y juegan. Los padres trabajan y las madres cosen y alimentan a sus pequeños hijos. No hablan entre sí ni dialogan con el director. Sólo en un momento dos jóvenes que están limpiando una cocina sonríen y cantan.

Ralenties, travellings, planos detalles, también posibilitan la creación de atmósferas acordes a la rutina y mecanización de las tareas y del grupo observado. De visión imprescindible.

«The Great North Korean Picture Show» es un documental que muestra el proceso de producción de la industria artística en Corea del Norte, una industria cultural al servicio de la doctrina socialista bajo el mando de Kim Jong-il. Vemos a través del lente de los directores Lyn Lee y James Leong cómo se construye una épica película (Pyongyang Wind) sobre un viejo triunfo bélico o cómo una joven aspirante a actriz que asiste la célebre escuela de cine de Pyongyang.

Filmada en muchos momentos con cámara en mano, ese mismo temblor (característico de registrar imágenes así) es lo que le da cierta amplitud de posibilidad de creación de su verosímil. Es curioso ver cómo preparan a los actores con algunas técnicas bastante particulares como por ejemplo leer el guión de las películas cien veces o hacerles creer a los estudiantes que para ser un buen actor primero hay que ser patriota. 

Durante la primera parte de la película vemos a un director manejando al equipo y a los actores con técnicas poco usuales. Además nos muestra los míticos estudios Norcoreanos (con una superficie ude 1 millón de metros cuadrados) en los que destacan las calles de cada país en los que alguna vez se necesitó recrear un lugar (Corea, Japón) y una época.

En la segunda parte conocemos a Yun Mi Ri, una joven que se esfuerza para complacer a sus profesores y a su familia y se autoexige todo el tiempo tratar de llegar al máximo de sus posibilidades histriónicas. El periplo por el que pasaron los realizadores para poder registrar la actividad de los hacedores de películas en el país fue enorme, desde meses para autorizar la grabación de las imágenes, como así también la desaparición misteriosa de imágenes mal registradas de los retratos del dictador.

Una manera de acercarse a la vida de gente que dentro de una ideología intenta trascender.

«The Act of Killing» era una de las películas más esperadas del festival. Nos encontramos ante un documental en el que se registra a gente que formó parte del golpe de Estado en Indonesia, asesinando a cientos de comunistas, o gente a la que acusaban de serlo. Durante casi tres horas vemos cómo van recreando asesinatos, a la vez que algo se va modificando en uno de ellos, muy lentamente, y vemos a estas personas que fueron vendidas como héroes, que andan como si nada por la vida, que comentan sus torturas y asesinatos como una persona normal habla de su trabajo.

No es una película fácil de ver ni de digerir, además se la percibe más larga de lo necesario. Tenemos noticias de que esta producción probablemente encuentre distribuidor local hacia fin de año.

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