#BAFICI23: Occhiali Neri

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La noticia de una nueva película de Dario Argento me entusiasmaba de una manera poco sencilla de explicar. Argento es uno de mis directores favoritos, quizás porque el terror es mi género favorito y él es uno de los maestros que lo ha embellecido a lo largo de su extensa carrera.

En su autobiografía, Paura, Argento hablaba sobre Occhiali Neri como un proyecto trunco, una película que, a causa de la quiebra de la productora que la haría, no pudo ser. «Me interesaba poner en escena una relación entre dos personas muy lejanas, que son forzadas a formar una familia», escribía ahí. Diez años después de su última película, Drácula 3D (que no supo encantar ni a su público), y con la ayuda de Franco Ferrini en el guion, nos encontramos ahora ante un regreso potente que nos indica que Argento todavía sigue inspirado y por algo se ha convertido en una especie de sinónimo de giallo.

Occhiali Neri empieza bien arriba regalándonos uno de los momentos más álgidos de su carrera. Un eclipse que convierte al día en noche, un asesinato sangriento, una bella prostituta, y una banda sonora que remite a la inolvidable música que Goblin hizo para Suspiria, con algo más de tecno; es puro Dario Argento aunque un poco más prolijo incluso a la hora de mostrar el gore propio de todo slasher. La trama seguirá a esta mujer que vive y trabaja sola pero el destino, y un asesino serial, la ponen en peligro. En una persecución feroz, la mujer que maneja choca con una familia de chinos; mientras el otro auto se cobra dos víctimas fatales dejando como superviviente sólo a un pequeño niño, ella pierde la vista.

El guion de la película plantea buenos personajes y las relaciones entre ellos. Pronto la prostituta Diana (Ilenia Pastorelli) y el niño se verán los dos unidos intentando sobrevivir pero también está ahí Asia Argento (quien hace años el director la pensó como protagonista hasta que desistió del proyecto) en el papel de una ayudante social con la cual también nace la amistad. Pero a la hora de resolver la trama policial se queda un poco a medio camino entre situaciones algo caprichosas y un asesino al que le falta fuerza y cuya línea resulta bastante predecible.

Como lo hizo en otras ocasiones, Argento le centra un papel importante a la mirada: el modo de ver las cosas, el lugar desde donde lo hacemos. Que la protagonista se quede ciega y pronto tenga que mirar a través de otra persona remite inevitablemente a El gato de las nueve colas. Y como su obsesión con los animales ha quedado en evidencia a lo largo de su carrera, hay un perro que funciona de lazarillo que se convierte en un protagonista más.

Si bien la película empieza como un puro giallo, con el terror que genera un asesino en serie que, en este caso, pone su ojo en las prostitutas, pronto Argento despliega su conocimiento del género hacia otras aristas. Así hay escenas de terror en la oscuridad, como una que se sucede con serpientes acuáticas (un poco al estilo de alguna escena de La cura siniestra, de Verbinski, infravalorada película de terror).

Pero su corazón está en los protagonistas y en lo que sucede entre ellos. Diana es una prostituta a la que sólo juzgan algunos personajes con los que no podemos empatizar. Una mujer segura de sí misma, valiente y decidida que después de pasar mucho tiempo sola se abre ante una inesperada y peculiar amistad.

Argento se muestra más vivo que nunca, capaz de generar suspenso con los elementos que conoce y que tanto ha explorado y entrega una de las mejores películas de la última parte de su filmografía. Para algunxs les parecerá un poco anticuada, otrxs querríamos volver a la época en que en las películas se asesinaba gente sin pudor ni miedo a perder la innatural corrección política que hoy empapa la cartelera. Y si viene con este sentido de la estética, mejor aún, porque la realidad ya es suficientemente horrible por sí sola.

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