Battle Los Angeles: el combate ideológico parece ganado de antemano!

Hay varios colegas que abordaron su enfoque de «Battle Los Angeles» tratando la película exclusivamente por sus valores cinematográficos, despojándola de su ideología y centrándose en su grandilocuencia visual. En este debate acerca de los valores de esta cinta, es difícil ser objetivo ya que el tinte elegido por los productores y guionistas es muy difícil de disfrazar: se la amará o se la odiará, simplemente., sin medias tintas Esto se produce porque «Invasión del mundo…Batalla Los Angeles» es un propuesta de ciencia ficción contaminada de propaganda pro-americana ,al límite de lo tolerable. Es decir, vemos una película de ciencia ficción, pero es tan fuerte lo que aparece como el contexto en el que se da la historia, que a algunos de nosotros termina por vencernos y perdemos la línea de análisis que intentamos venir trabajando. «Battle LA» me puede. A ver, trato de ser objetivo pero pasado cierto punto en el transcurso de la película, uno comienza a sentir que el peso que tienen ciertos diálogos es superior a cualquier valor técnico que pudiera ostentar la cinta en cuestión…En pocas palabras, sentí que me adoctrinaban para alistarme!!!  Y la verdad es que son cosas que uno no puede, o debe dejar pasar. Ideológicamente (perdón que vuelva sobre el tema, pero es inevitable), es muy fuerte ver esta película y no estoy convencido que haya razones suficientes para equilibrar su discurso y que sea una más del montón (para bien o para mal).

«Battle LA» es la historia de una invasión extraterrestre. Una colonización bien ejecutada y simultánea en varias ciudades del mundo. En pocos minutos nos vamos enterando de que viene la cosa, un grupo de meteoritos se aproxima a la tierra, los militares esperan lo peor y sus hipótesis se confirman en horas: lo que sucede, es, nada menos, una monstruosa invasión de seres del espacio exterior . Organizada y sanguinaria. El sargento Michael Nantz (Aaron Eckhart) será el protagonista de nuestra historia: representará el ideal del sacrificio marine para todos los espectadores desde su  misma en escena. Nantz viene golpeado, estuvo en Irak y todo su pelotón fue exterminado, goza de dudosa reputación y  nos enteramo que pide la baja porque ya no tiene fuerzas para seguir adelante, el peso del fracaso lo aplasta y quiere abandonar la fuerza.  Junto a él, conoceremos a todos los miembros de una unidad dirigida por el teniente Martínez (Ramón Martínez). Cada uno de ellos tiene una situación familiar determinada, movilizante, que los ubica como hombres de bien en la víspera de una poderosa tragedia. Al comenzar la invasión propiamente dicha, todos los cuerpos marine de Los Angeles comienzan a operar en la zona de emergencia, primero como grupo de rescate, luego intentando detener a los alienígenas. Martínez se ve obligado a trabajar junto a Nantz, a pesar de que no confía mucho en él, y junto a un pelotón se adentrarán en territorio enemigo (la ciudad, pero devastada) para investigar algo sucedido en una estación de policía y traer a zona segura a los civiles que hayan quedado con vida. A poco de adentrarse en el foco del combate, se les unirá una sobreviviente de un escuadrón especial, la sargento Santos (Michelle Rodríguez), hábil tiradora que posee informacion útil acerca de lo que pasó en los frentes de batalla de las afueras. El grupo comando marine luchará a brazo partido para cumplir los objetivos fijados y regresar a la base sanos y salvos.

A los grandes estudios les gusta esta veta: son películas que recaudan mucho y funcionan siempre, sino fijense en «Skyline! Costó 10 millones de dólares e internacionalmente recaudó más de 60… Y todos sabemos que es malísima. Es más, se hizo con parte del equipo técnico que Sony contrató para esta «Battle LA» (hubo un problema legal hace contra los directores de Skyline). Hay que asumirlo: este tipo de films funciona.

El guión de Christopher Bertolini («La hija del general») está pensado para servir de sostén y coyuntura a las escenas de lucha que encontraremos a cada paso en la cinta. No tiene profundidad, no aporta nada interesante y encima, en los momentos complicados resuelve con sentimentalismo barato o propaganda marine cualquier conflicto. Claro, no podíamos pedirle a la dirección de Johnathan Liebesman grandes cosas (es el hombre detrás de las cámaras en «La masacre de Texas: el incio»), todo se debería subordinar a las arengas patrióticas dichas en tono alto y la bandera flameando como estandarte. Y eso es fuerte de  ver. Encima, elige una cámara nerviosa tipo documental para seguir las acciones y llega un momento en que buscamos la bolsita de papel madera para poder descargar tanta nausea generada por el movimiento: es un enfoque cansador, innecesario e inútil. Esto no es «Saving Private Ryan»…

Quienes van a salvar al mundo de la invasión extraterrestre serán entonces los marines norteamericanos, hombres plenos de lealtad y patriotismo que dejarán la vida para proteger a la población civil y cumplir con las directivas de su superior. Nos ponemos de pie y aplaudimos.

Estados Unidos vuelve a proclamarse la policía del mundo y publicita globalmente su capacidad para enfrentar cualquier ataque que reciba y repelerlo con la peor violencia imaginable. El cuerpo de Marines hace todo bien, riega el terreno de combate con su sangre para convencernos de las bondades de su sistema y deja lugar para que la emoción por su labor crezca y se comparta a lo largo de toda la duración de la película. Hay escenas que son patadas en el hígado para cualquiera y que está bien que sea cine, pero que no podemos aprobar ideológicamente. No amigos, es un film descarnadamente pro-yanqui mal, en el cual el espectador se siente mal por no estar protegido y cuidado por el ejército norteamericano!

No se puede hablar mucho de la caracterización que se hace de los alienígenas porque es casi inexistente.

Corramos la visión y prendamos las luces de alarma: esta vez, tanto discurso conspira contra el andamiaje de la película y tira por la borda el trabajo técnico del equipo que editó «Battle LA». Sí, tiene muy buen sonido, efectos especiales de primera y buen ritmo de narración. Si pueden abstraerse por completo del discurso, hasta puede que les guste. Quiero decir, quizás pasen un rato entretenido y nada más. A mí, la catarata de mensajes proamericanos me supera. Anula lo que se podría rescatar del film.

En definitiva, para quienes buscan una película de acción bien filmada, y pueden «verla» sin prestar atención a los poderosos mensajes que se proyectan para enaltecer el ser norteamericano, es una alternativa.

Si son espectadores sutiles que leen entre líneas y ponen en la balanza la intencionalidad del film, es mejor dejarla pasar (y advertir a los distraídos de los valores del film!!!!)…

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