«Desterro»: el dolor de la partida

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Lo primero que hay que decir acerca de «Desterro» es que no es un película convencional. Dicho esto, podremos avanzar en algunos elementos emergentes que nos parecen destacables, dentro de una propuesta totalmente alejada de lo comercial, planteada como objeto artístico y reflexión a través de la imagen y el sonido.

La cinta que pensó y plasmó María Clara Escobar, en sus propios términos es «un sentimiento, una atmósfera a construir». Nada más exacto para definirlo. «Desterro» es una experiencia inmersiva distinta, incómoda y hasta áspera para todos aquellos que estamos habituados al cine de todos los días. Parte de la premisa de una búsqueda, pero es más que eso porque bucea con una singularidad de temáticas complejas en virtud a las emociones que se perciben en dicho ambiente. 

Todo parte del dolor de Israel (Otto Jr), marido que se encuentra abandonado y desestructurado por la partida abrupta de su mujer, Laura (Carla Kinzo). De hecho, no ha logrado ni procesar ese hecho cuando escucha lo noticia de la aparición del cuerpo de su mujer en otro país (en este caso, Argentina). Todo el bagaje de emociones y sentimientos contradictorios comienzan a desplegarse en virtud de pensar o fantasear sobre cuáles fueron las motivaciones que llevaron a Laura a tomar esa decisión.

En ese sentido, se ven en el film dos grandes momentos, uno donde hay una historia definida y narrada bajo la visión onírica de Escobar, y la otra, más plural donde hay en juego otras cosas, en relación a una serie de monólogos muy interesantes que prefiero no anticipar. 

En términos de lo que se puede percibir, cinematográficamente, «Desterro» es un fresco donde nada es claro ni determinado. La lente de la directora genera enfoques donde los cuerpos hablan y la realidad se deconstruye todo el tiempo. Es difícil explicar como funciona además, la película, porque creo que en cada espectador con apertura, provocará sensaciones diferentes. En lo personal, creo que Escobar hace cine experimental, por así decirlo, ya que no presenta (ni está remotamente interesada, creo) en mostrar una progresión de conflicto tradicional, ni nada cercano a eso. Sí siento que hay una preocupación en crear climas (y aquí juega mucho el sonido) para permitir una conexión con lo que supuestamente es el conflicto central que se nota en cada fotograma.

Es innegable que hay mucho diseño de arte en «Desterro» y una gran libertad creativa por parte de su directora, quien jugó su obra con todos esos elementos a su favor. Sin embargo, para todo espectador no familiarizado con este tipo de cine, no es una cinta amistosa y sin dudas, está reservada para quienes posee una perfil familiarizado con el arte, en toda su dimensión o son cinéfilos curiosos a quienes les interesa explorar toda singularidad en la cartelera porteña. 

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