karadima_1_ew

“El bosque de Karadima”: Santo Pecador

Tiempo de lectura: 5 minutos

karadima_1_ew

No solo en Argentina la industria del cine viene dando pasos importantes para instalarse en el mercado. En gran parte de la región el crecimiento en producción, calidad, y la respuesta del público es notorio. Chile es un ejemplo claro en los últimos años, con muchos más títulos que hace una década, diversidad de géneros, estilos, nombres colocados a nivel mundial, y éxitos de taquilla que le permiten traspasar la frontera.

El bosque de Karadima engloba todo eso junto, tratándose de la película más vista en su país durante 015, permitiéndole acceder a una extensión de la misma en formato miniserie. El realizador Matías Lira (Drama), se basa en un hecho real de resonancia, que trata un tema siempre candente. Los abusos sexuales por parte de representantes eclesiásticos. Fernando Karadima (Luis Gnecco, de la serie de HBO Prófugos) es un párroco representante de El Bosque, una de las iglesias más importantes del país, refugio de la clase social alta.

El hombre mantuvo su imagen impoluta durante dos décadas, entre los ’80 y el nuevo Siglo, en donde se erigió como una figura compasiva, bondadosa, que se dedicaba a ayudar a los jóvenes – con los que le gustaba estar rodeado – otorgándoles becas universitarias y viajes por el mundo acompañándolos. Este hombre, incuestionable (acá en Argentina se nos hace imposible no pensar en Julio Grassi), será el terror de Thomas Leyton (personaje ficticio, libremente basado en el real James Hamilton), interpretado de joven por Pedro Campos y ya adulto por Benjamín Vicuña.

karadima_2_ew

Leyton se acerca a la iglesia buscando el refugio de su conflictiva familia. Karadima lo acogerá en su seno, le dará la compasión necesaria, y lo formará en su vocación religiosa. Con el tiempo, Leyton se convierte uno de los monaguillos cercanos, y en el secretario directo de Karadima, por lo cual, la relación entre ambos se fortalecerá. Lira, va paulatinamente exponiendo cómo Karadima manipula a los suyos, en especial a Leyton, se aprovecha de su débil carácter, lo utiliza, y lo hace entrar en un juego de convicciones peligrosas.

La aparición de Amparo (Ingrid Insensee), una joven que hace dudar a Thomas, será el desencadenante para que la relación entre párroco y súbdito se resquebraje y todo empiece a salir a la luz. El guión de Alvaro Díaz, Elisa Eliash, Alicia Scherson decide tomar la historia desde lo real. La película tiene un enfoque desde el conocimiento previo, se sabe que este es un caso muy resonante en su país, por lo cual se toma el punto de vista de Thomas/James, que se sabe es un caso más entre otros abusados, como un fuerte botón de muestra.

karadima_3_ew

El relato, tanto desde el esquema guionado, como en la puesta, es estructurado, se hablan de hechos puntuales, de viñetas, y se lo presenta casi como si fuese un especial periodístico en donde alguien narra los hechos sufridos. En esta situación, es imposible no caer en ciertos apuntes para el escándalo que “venda el cuadro”. Quizás por eso, el personaje de Thomas quede mejor delineado que el del propio Karadima, al que le falta algo más de llegada. Tanto Vicuña como Gnecco se adueñan de la pantalla, ambos están compenetrados en la pantalla, y son correctamente dirigidos para lograr una química molesta.

El Bosque de Karadima es una película que no le huye a los momentos difíciles, que apunta a analizar la mente de aquel que acepta un abuso sumisamente durante un largo tiempo. Habla de la subordinación, de la manipulación; y si le falta diagramar a su victimario como algo más que un monstruo es porque quizás cueste verlo de otro modo. Se producen sensaciones al abandonar la pantalla, hay un frío que corre por la espalda, y eso de por sí, nos habla de un trabajo cinematográfico bien realizado.

Anexo de Crítica por Rolando Gallego

El 2015 fue para la producción cinematográfica chilena el año en el que la religión sirvió como punto de partida para producciones que bucearon, no en lo luminoso y solidario de la fe, sino, en todo lo contrario. Mientras «El Club» de Pablo Larrain quiso analizar los casos de pederastia y pedofilia desde una visión muy particular, centrada en un grupo de curas retirados por obligación, Matias Lira en «El bosque de Karadima» (Chile, 2015) reflexiona sobre este mismo punto pero con una percepción que incluye también a la víctima y su inflexión ante una realidad de la que apenas puede escapar.

La iglesia del padre Fernando Karadima (Luis Gnecco) supo reunir a la clase alta chilena en un espacio en el que a partir de dinero se podían lavar culpas y pecados, por lo que su parroquia termino siendo la más importante de la región. A ese lugar, además de los interesados en cambiar monetariamente pecado por expiación, acudían miles de jóvenes que querían colaborar con el padre Fernando, para también así poder encontrar, o no, algunas explicaciones en la fe, y quien sabe, una vocación oculta en ellos y llegar a emular a Karadima.

karadima_4_ew

No era tarea facil formar parte del sequito del padre, pero Tomas Leyton (Benjamín Vicuña) rápidamente pudo sumarse al equipo y convertirse en poco tiempo en el preferido del padre, gracias a su inocencia y pasividad. Y justamente en la inocencia y en la duda, que a partir de frases potentes, dichas y declamadas con la misma solidez que encontraban en los versos sagrados, los jóvenes fueron aceptando las mentiras y loa favores a los que debían someterse para continuar siendo parte de Karadima y su congregación.

Lira arranca el filme en el presente, con un adulto Leyton que relata su dramática historia luego de terminar de aceptar que él mismo era parte de un problema que aun de adulto no podía separarse sabiendo y entendiendo las consecuencias físicas y mentales que estaba sufriendo. La historia de “El Bosque de Karadima” se va a armando lentamente como un puzzle a partir de flashbacks que inician con el relato del propio Leyton en off para dar, así, con el verosímil necesario para que la construcción narrativa sea sólida y eficiente.

karadima_5_ew

Además, el cuidado de la recreación de época, como también el solvente trabajo de la dupla protagónica, logran separar al filme de aquellos relatos sobre abusos que abundan en el mundo del séptimo arte. No es curioso que este año “En primera plana” haya sido premiado con el Oscar a la mejor película de 2015, con esa denuncia iniciada por un periódico sobre una serie de abusos en la Iglesia y que, en realidad, si bien era en EE.UU., terminaron por repercutir en cada lugar en donde la religión católica tenía representación.

“El Bosque de Karadima” evita el lugar común a partir de la incorporación de escenas jugadas y explícitas y de una sólida interpretación por parte de la dupla protagónica Gnecco/ Vicuña, que terminan por consolidar una interesante propuesta más allá de cualquier preconcepto que se pueda tener sobre ella.

No votes yet.
Please wait...

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Follow by Email
Facebook
Twitter