«El suplente»: Nadie se salva solo

Tras su exitoso paso por el Festival de Cine de San Sebastián, llega a carteleras lo nuevo de Diego Lerman, el drama de un profesor que va a hacer suplencia a una escuela de la provincia de Buenos Aires. Lo que siente como un descenso en su carrera pronto lo encuentra con una motivación que no había logrado tener antes. Se podría decir que El suplente es una película sobre las segundas oportunidades.

Lucio es un escritor académico recientemente separado y con una hija de doce años. En la presentación de un libro (con cameo de Martín Kohan, a quien Lerman adaptó en La mirada invisible), que luego sabemos es de su ex mujer, se siente un poco fuera de lugar, un ambiente intelectual e importante al que le gustaría pertenecer pero parece rechazarlo tras perder una cátedra a la que aspiraba. Es entonces que acepta trabajo como profesor suplente en una escuela del conurbano, un puesto que lo conecta al lugar de donde vino.

A partir de ese momento la película comienza a transitar zonas conocidas. La historia de un profesor que llega a un lugar problemático y no logra hacerse entender por alumnos que lo ignoran o se burlan de él. Hasta que de la mano de la literatura pero sobre todo de escucharse y hablarse, la relación va mutando y se genera algo más personal. De todos modos la película no se queda solo en esta idea de profesor que le cambia la vida a los alumnos a través de las clases de literatura.

Lerman desarrolla un importante conflicto social que es el de la guerra de narcotráficos que se aprovechan de personas y lugares de menos recursos para hacer crecer sus negocios. Allí entra en juego el personaje de Alfredo Castro como el padre del protagonista, con quien tiene una relación algo tirante por momentos, un hombre de fuerte presencia que trabaja para poder poner un comedor comunitario sin tener que aliarse con fuerzas corrompidas.

Lo que conecta de manera directa ambas tramas es uno de sus alumnos, con quien Lucio sentirá una afinidad que no consigue plasmar del todo con su hija (Renata Lerman, toda una revelación), a la que obliga constantemente a rendir exigentes exámenes para entrar a una importante escuela privada a la que ella le dice de manera directa y en reiteradas oportunidades que no tiene ganas de ir. Esta contradicción, esta idea de educación digna que parece ser sólo aquella que proviene de lugares serios e importantes, Lerman la trabaja desde la mirada de Lucio, quien sin darse cuenta se va introduciendo en un mundo peligroso. Él es el eje alrededor del que se mueven los demás personajes, los más importantes como el de la hija, su padre o el alumno al cual intenta ayudar, sino también una maestra con la cual se relaciona, su ex mujer o la directora de la escuela. En ese sentido el guion es muy preciso a la hora de delinear lo justo y necesario de cada uno para que la historia funcione, aunque a veces algún personaje parece algo desaprovechado en pos de querer ver un poco más de tal.

Entre el drama y el thriller, Lerman filma su película desde un registro naturalista y desde los contrastes. La actuación de no profesionales como sus alumnos ayuda a impregnar el tono de una realidad palpable. Al mismo tiempo, su oficio como director entrega escenas con planos muy cuidados y potentes. Esto eleva la película que una parece ya haber visto en un principio, e incluso consigue escenas de mucha tensión.

En un país donde la educación se encuentra en permanente conflicto, El suplente es otra película comprometida con lo social de un director que entregó películas como La mirada invisible, Refugiado y Una especie de familia, entre otras. Un drama con un guion preciso escrito por el director junto a María Meira y Luciana De Mello, y notables actuaciones, en especial de Minujín, quien carga la película. Así como la trama abre aristas, también muchas preguntas que dan lugar a diferentes reflexiones. Un retrato sobre lo difícil e importante que es la profesión del docente.

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