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Entrevista a Marcelo Piñeyro (Primera Parte): “Teníamos la sensación que estábamos inventando el cine”

Tiempo de lectura: 5 minutos

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El jueves 11 de septiembre, aquel Tanguito que inmortalizó Fernán Mirás podrá cumplir uno de sus vaticinios o deseos, volver a verse filmado dentro de veinte años, (21 para ser exactos) y confirmar su trascendencia como ícono nacional.

Acerca de este reestreno (nuevo master en HD, un auténtico lujo), pudimos entrevistar a su director, Marcelo Piñeyro. En esta primera parte de la entrevista nos habló de las sensaciones de aquel entonces, de su compromiso actual con la película, y qué espera de la reacción del público.

Contanos un poco cómo fue la experiencia de filmar una de las películas más exitosas del cine argentino siendo tu ópera prima, ¿alguna anécdota en particular de la filmación?.

Fue como una montaña rusa, todo tipo de situaciones que se te puedan ocurrir pasaban por ahí, desde el pánico absoluto, a la felicidad más plena. Siempre una primera película te pone en un estado de tensión fuerte.

Fue una película compleja, con muchas escenas enormes, números musicales, todo, pero no teníamos presupuesto, había que hacer milagros. Por eso tengo que agradecerle a todo el equipo técnico, teníamos ganas de hacer algo grande. Un equipo de veintiséis personas, ocho semanas de rodaje, con un nivel de producción muy por arriba de lo que se veía en ese momento, pero todo a pura prepotencia de trabajo.

Fue la primera película de muchos de los que la hacíamos, tanto actores como técnicos, eso fue fundamental, teníamos la sensación de que estamos inventando el cine, descubriéndolo. Había que ponerse la película al hombro.

Hubo muchísimos escollos como es normal siempre, pero no sentimos que hubiese un problema infranqueable, viéndolo hoy, estábamos locos.

Tuvimos un mixer de sonido que fue esencial (N del R, Dean Humphreys), un señor que trabajaba con Kubrick, Spielberg, Bertolucci, y nos trataba y contestaba como si fuésemos ellos. Por eso conseguimos una calidad de sonido, y lo mismo con el laboratorio de imagen, que habíamos soñado pero nunca creímos que pudiese ser posible.

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¿Qué recuerdos te quedó de aquel estreno en 1993?

Terminamos ese último paso en el extranjero, volvimos, y al día siguiente hicimos una función en el Cine América para todos los que hicimos la película e invitados nuestros. Si bien era un ámbito amigable el pánico era enorme. Mientras la cinta rodaba la sensación era de “qué hice, estoy enfermo”; pero cuando finalizó surgió una ovación genuina que trascendió el hecho de que sea gente conocida.

Esa misma noche había una serie de funciones de pre estrenos de la Asociación de Cronistas, que en ese momento eran importantes. Nos dieron la función trasnoche, pensé que no iba a ver nadie en el Cine Maxi.

Llegamos y había una fila enorme que pensamos era para la película anterior, pero no, estaban esperando para entrar. Ya ahí era público común, y el recibimiento fue aún mejor, como que trascendía lo cinematográfico, como si fuese un recital.

Había una charla posterior a la proyección, que la exigió el público. Era gente que no iba comúnmente a funciones de pre estreno, y nos decían que era una película que la sentían suya.

Ese día empecé a ver que pasaba una cosa rara. Luego eso creció y hubo una generación que se adueñó de la película.

¿Estuviste involucrado en el proceso de remasterización?

Sí, absolutamente. El año pasado se cumplían los veinte años de «Tango Feroz», ya a finales de 2012 empezaron a llamarme de festivales pidiéndome una copia en perfecto estado para exhibirla.

Como estaba en España llamé acá, pero ya me imaginaba que no habría copias en buen estado porque fueron muy pasadas. Empiezo a buscar el negativo y no había modo de ubicarlo. Me desesperé porque al ser mi primera película la amo; pero al momento de su realización nadie creía en ella y los productores trabajaron de modo algo improvisado, se hicieron algunas copias extras, pero no demasiadas, y así el negativo quedó en el limbo.

De casualidad me entero que estaba en la Filmoteca Española, la llevo al laboratorio en Madrid, pero no me dieron ningún tipo de expectativas. Al tiempo me llaman y me muestran lo máximo que pudieron hacer con esa copia, era una porquería.

Me entero de dos lugares en los que podían hacer un trabajo más fino, uno en Londres y otro en París, lo llevé al laboratorio Deluxe de París que me aseguraban una reconstrucción cuadro por cuadro, fueron nueves meses de trabajo para reparar eso que parecía rayado por un tenedor. Se me hizo más sencillo ya que al mismo tiempo yo estaba en España rodando «Ismael».

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Terminaron, reservaron una gran sala para poder apreciar el DCP como se debe. Invité a un grupo de amigos de ahí, la gente con la que estaba haciendo «Ismael», me sentía nervioso como en un estreno porque en Europa si bien tuvo trascendencia, se perdió con el tiempo. El público que llevé abarcaba varias generaciones, y fue como aquella función del ’93, salieron todos shockeados. No podían creer que la película tuviese veinte años. Hasta concurrieron algunos geeks tecnológicos jóvenes que rara vez van al estreno de una película, y se sorprendieron de la calidad con la que trabajamos en Argentina.

Lo mismo sucedió cuando la proyectamos acá para los que estuvimos involucrados la primera vez. Fue un rencuentro especial, como si hubiésemos terminado de filmar la semana pasada. Ahí surgió la idea de reestrenarla, porque hasta ese momento había sido sólo un trabajo de reconstrucción para nosotros.

En su momento la película despertó como un nuevo furor por el rock clásico argentino, al igual que las escenas de sexo jugadas muy comentadas ¿cuál crees que pueda ser la recepción de la película a más de veinte años de su estreno original?

Hicimos una segunda pasada en la que había público más joven, y la sensación es que se trata de una película que se conserva muy armada, que es capaz de conectar, es muy actual.

Ahora, creo que más allá de lo puntual al rock o a las escenas de sexo, que sí era diferente a lo que se había mostrado hasta el momento en cuanto a música y la naturalidad de la desnudez, el eje de la película no está ahí.

Como si hubiese capturado algo, como dice el personaje de Pedro en la película “Yo no filmo, tomo prisioneros”, tiene algo de la esencia del espíritu de los veinte años, de rebeldía. Eso es inalterable, pasaron las generaciones y no sé si el público joven se sentirá convocado, pero el que vaya va a sentir una conexión muy fuerte.

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