Entrevista: Gustavo Fontán «La tarea del director es tener la sabiduría y habilidad de poner las sensibilidades de todos al servicio de la película».

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Adaptando a Juan José Saer, el realizador Gustavo Fontán vuelve a las salas con un filme que recupera lo mejor de su obra, descriptiva, enigmática, y logra una narración a partir del dolor de sus protagonistas y también de la desidia y el desamparo.

EspectadorWeb pudo dialogar en extenso con Fontán para conocer más del proceso de transposición y su visión del cine argentino actual.

¿Cómo surge la idea de adaptar la obra de Juan Jose Saer y de incorporarla a tu obra, que siempre ha sido más descriptiva que narrativa?

Yo antes de estudiar cine hice letras y “El limonero Real” fue una de mis primeras lecturas y la experiencia fue transformadora, como lector hay un antes y un después. A los 40 años conozco el Río Paraná, por primera vez, su orilla, las islas, y empiezo a trabajar un ciclo de películas sobre el río que termina con “El limonero Real”, y es la última porque quise trabajar antes con la apropiación del paisaje, la luz, que luego se iba a incorporar en ésta. Pienso en un movimiento entre “La orilla que se abisma” como una abstracción de “El rostro” y ésta una abstracción de “El limonero real”. Un proceso en el que se fueron incorporando o reincorporando cosas hasta llegar a la película con diálogos y trama.

Y así y todo esa idiosincrasia la sumás a la narración…

Sí, había un recorte y una apertura a lo real, había un guión, pero pensábamos en dejar intersticios apra que el mundo real pueda introducirse y haga sus aportes, porque si no no es una película que yo pueda hacer. Acá había algo del paisaje, los rostros, el calor, los verdes, el río, que debían incorporarse al entramado, no como un elemento decorativo sino como algo esencial del filme, con una tensión, reconstruyendo un universo materialista en el sentido de la apropiación de elementos de la realidad que luego tiene muchas reinterpretaciones.

Los detalles o imágenes de transición las has filmado anteriormente?

Sí, la continuidad es en apariencia, y las utilizamos para hablar de la emocionalidad de Wenceslao, que vive plagado de rutinas con la soga al cuello, con ausencias que lo hacen vivir entre la vida y la muerte y la emotividad reconstruye el universo de Wenceslao. Eso lo entendemos como una relación que no sutura del todo, de la imperfección que intenta erigir cierta emotividad.

¿Cómo fue reencontrarse con “El Limonero Real”?

La lectura fue otra, más pragmática, de ver qué me podía apropiar para hacer una película.

Saer es complejo y a la vez sencillo para adaptar…

Sí, pero tiene una multiplicidad de voces imposible de reproducir, por lo que se toman ciertos fragmentos, que luego se configuran en el montaje. Hubo secuencias que sí he tratado de sumar, como la escena de la niebla con Wenceslao y su hijo, pero no la perdimos, porque tenemos esa escena del 31 de diciembre con imágenes bellas, una luz increíble, pero el sonido es de la niebla, esa es la sutura, la imperfección. Nuestro guión reproducía algo del volver empezar la novela, funcionaba, tres comienzos, funcionaba, como rodamos de corrido, fui con el montajista y entendimos que no iba a funcionar en la pantalla, aunque sí lo hacía en el guión, por eso recuperamos algo en los viajes pero no en el volver a empezar. El guión siempre es una cosa abierta que debe repensarse, abrirse e imaginarlo con el ritmo del propio filme.

¿Cómo fue el casting y trabajar con Rosendo Ruiz?

En principio decidimos trabajar con una mezcla de actores y no actores, porque sabíamos que iba a ser difícil que a Wenceslao y Rosa sean interpretados por no actores. Para el resto sí, e hicimos un gran casting cuya elección se basó en que los cuerpos y rostros se asimilaran al no actor, y que el esfuerzo sea del actor. Con Rosendo hay algo especial, porque si bien viene del cine no es actor, y tenía algo corporal que me encantó, ese cuerpo grande, torpe, bonachón, además de su ductilidad para trabajar. Estoy muy feliz con los actores y con lo que cada uno aporta al entramado general, además del grupo humano, que es algo que también se juega en la elección del equipo con el que trabaja. Hay una reunión, la tarea del director es tener la sabiduría y habilidad de poner las sensibilidades de todos al servicio de la película, para luego tratar que todo vaya en una misma dirección y esa es para mí la principal tarea del director para que el filme tenga una potencia.

¿Cómo ves el momento actual del cine argentino?

Lo veo en proyección, para mí el cine argentino es uno de los más ricos por la diversidad de relatos posibles. Este es un momento crítico, como algo mundial, con cierta derechización de los sistemas de producción, distribución y demás, para evitar que los discrusos se corran de ahí, al amparo de qué hay que ver hay cierta apropiación, y el cine está atravesado por dos paradigmas: el deber ser y la legitimación y eso es terrible, en las escuelas de cine te enseñan a hacer determinadas películas y todo quiere estar a ese servicio. Yo creo que el mundo es mejor en la medida de la diversidad y esta actua si está al alcance de todos.

¿Te es difícil conseguir financiación para tus filmes?

Creo que el INCAA ha sido siempre una posibilidad, mis filmes no tienen financiación fuera, a veces no lo intentamos y muchas veces trabajamos con presupuestos pequeños que las hacen posible. Hay cierta lógica desde la producción y la distribución que mide las relaciones de un filme y sus premios, como “El rostro”, que luego de ganar cinco festivales se estrenó. Yo encuentro un lugar, pero está muy complejo, los Festivales extranjeros y los fondos son el control de la producción, desde el otorgamiento de dinero, y demás.

Pero eso es maquiavélico porque muchas veces un filme tiene un gran resultado inmedible…

Claro, yo ya eso no lo pienso para mí, sino para mis estudiantes, porque yo lo he sostenido con muchas dificultades inicialmente y a veces es muy duro porque muchas veces no se dice la visibilidad de un filme y sólo se mide por espectadores, dejan de lado las relaciones. Me parece que es necesario abrir el juego de la discusión, porque además hay una lucha por la distribución cada vez más concentrada.

¿Cuál es tu expectativa ante el estreno?

Creo que hay gente que la está esperando por ser una adaptación de Saer, vamos a tener un pequeño estreno y también se verá en Rosario, en Córdoba, en el marco de la Feria del libro y confiamos en llegar a aquellos que les interesa la película y que la vean la semana del estreno, que es siempre lo complejo, que se enteren que la película está ahora en el cine. 

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