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Entrevista: Joaquín Berthold «El actor se tiene que correr del lugar en donde el otro lo ve».

Tiempo de lectura: 3 minutos

Tras años de televisión en productos familiares y muchos otros en teatro, entregandose a propuestas arriesgasdas y únicas, Joaquín Berthold compone un personaje extremo en "Corralón", de Eduardo Pinto.

Para conocer más detalles de la entrega física y emocional, de su rol, y de su parecer sobre el tranbajo, hablamos con él, días antes del estreno de la película, en la que también trabajan Luciano Cáceres, Brenda Gandini, Carlos Portaluppi y Pablo Pinto.

¿Crees que sin el equipo de trabajo que conformaron se podría haber hecho “Corralón”?

No, cuando hay confianza uno se entrega, tanto física como emocional, física hay cosas terribles, me arrastran, pleno invierno, me entierran, me atan, me taparon la cara con cinta, lo único que pensaba era no temblar porque hacía frío. Se conformó una red emocional, me gustan los riesgos, soy un actor deportista y pongo el cuerpo, me lanzo al límite para cumplir lo que exigen las propuestas. La confianza en el trabajo, la familia, es esencial, uno no cuestiona todo.

¿Fue rodada en tiempo secuencial?

No, la inconciencia, hay un giro de 180, de tener todo a no tener nada, la plata, no tenerla, la fragilidad, querer volver con su mujer, lo veo después de la película, pero en el momento no. Fue rodada en ocho jornadas a lo largo de dos meses, durante fines de semana o cuando se podía y en locación, el claustro fue lo último que hicimos. Esa última escena con Brenda Gandini y Luciano Cáceres, hoy lo veo y digo wow.

¿Utilizás alguna técnica para componer?

Estábamos muy entregados, de confianza, con Brenda veníamos trabajando, y fue más fácil amarnos en pantalla y sin hablar, es todo sonoro, de encuentro de miradas, de cuerpos.

Es muy teatral la película en cuanto a la técnica…

Sí, tiene algo que se expone y que necesita que el actor se entregue, no hay efecto, es una obra que exige que el actor esté jugado emocionalmente, ahí no va por técnica sino por entrega, no había mucho que cuestionar o preguntar, salí del claustro y con Brenda nos miramos, no nos dijimos nada, y eso era lo que necesitábamos.

¿Cómo era entrar y salir para ir a interpretar de nuevo otros personajes?

Te vas cargado de cosas, no trabajo con memoria emotiva, pero cuando estás encerrado y tu libertad no depende de vos, ni para un vaso de agua o ir al baño, me pasó hasta de vomitar de verdad, mi fragilidad emocional atravesó una gran transformación, agradezco el personaje porque podés trabajar, empezar de una manera y terminar de otra, tenes un piano enorme para tocar más que cuatro teclas, sobre todo en esta industria, que te cataloga.

Vos y Brenda acá demuestran que son mucho más que eso…

Eso es buenísimo, uno es más que eso, trabajo hace mucho en el mundo Disney, porque es lo que mantiene mi casa, hace siete años, pero también hice teatro con Javier Daulte, obras independientes, no soy una sola cosa, y eso que acá no ganamos un solo peso, pusimos nuestro cuerpo y trabajo y creo que el actor se tiene que correr del lugar en donde el otro lo ve, y tampoco tiene que esperar el llamado para hacer algo. En mi profesión sé de dónde viene la plata, pero para crecer tengo que hacer otras cosas y sé dónde puedo trabajar.

 

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