Entrevista: Macarena Albalustri «La película se completa con el espectador».

Tiempo de lectura: 5 minutos

En “Ensayo de Despedida” Macarena Albalustri construye una experiencia personal en una propuesta universal.

Al tratar de asirse nuevamente a recuerdos que, ya difusos, no sabe si son propios o ajenos, pero en la pesquisa por descubrir quién era su madre antes de una terrible enfermedad, la directora nos hace viajar por sus miedos, pesadillas y, principalmente, anhelos.

Con ella hablamos en EspectadorWeb para conocer más de su película.

¿Cuáles son tus expectativas con el estreno, siendo que la película es tan personal?

La película se completa con el espectador, en principio quiero que la gente vaya a verla, no tengo algo específico, además que estoy nerviosa. Hacer una película tan personal me hace poner nerviosa al presentarla en Buenos Aires, más que en Mar Del Plata, donde había más impunidad porque no me conocían, más que acá que hay amigos y familia.

¿Cuánto duró el rodaje?

Se lo hizo a lo largo del tiempo, en un principio yo grabé la parte del departamento cuando se vendió y después pasó un tiempo porque sentía que en algún punto el tema no me representaba, la dejé, algo me gustaba, planos, lo narrativo de la venta, en la muerte inminente de mi gata volví a rodar, durante un tiempo, un mes, yo sola con la gata.

¿Fue hace tiempo eso?

Hace dos años, y desde ahí no paré más, fue el punto de inflexión, que me dio ganas de dirigir aún más, creo que una película nace de una necesidad, y este tema me la generó. A partir de ahí llamé a un equipo, de cuatro o cinco personas y nunca paramos de filmarla, aún cuando había parates de un mes, por ejemplo las entrevistas se hicieron en meses, porque no me parecía bueno grabar todos los días, procesaba la información y después las replicaba en otras, como por ejemplo la de las amigas, desde ahí pasaron meses, como seis de rodaje, y en total habrán sido 10 en total. También pasó tiempo para encontrar a la gente y paradójicamente la primera de las entrevistas fue la de la psicóloga, la que más me costó.

¿Por lo difícil del vínculo tan personal que la unía a tu madre?

Tal cual, y porque había un vínculo profesional, y fue muy difícil hacerla porque tenía pautadas varias preguntas y me dijo todo lo que yo quería a los dos minutos, de repente me dijo todo y eso me trastabilló de una.

¿Se complicó entrevistar a tu papá?

Yo fui muy estratégica, mi papá es una persona que yo ya sabía que no se iba a acordar de nada, porque está concentrado en sus cosas y medio negador, y además sabía que me iba a dar humor, porque él está todo el tiempo haciendo chistes para salir de la situación, y por eso como hija me puse muy seria, porque si bien compartimos el vínculo desde el humor, pero ya sabía que era una entrevista fracaso, también por eso está al inicio de la película, y quería estar presente y seria con lo que me decía para que haya cierta tensión dramática en la escena, con él fui ya sabiendo que no me iba a decir mucho.

Sabías que él iba a enriquecer el documental…

Sí, y en un momento me dice “vos me dijiste que iba a ser espontáneo”, pero intenté agarrarlo desprevenido para obtener material vivo, porque si lo coartaba mucho no iba a ser él, yo también necesitaba que lo sea.

Tu película se inscribe en una línea de documentales que intenta recuperar desde fotografías o imágenes la identidad de un ser querido (padre/madre), ¿cómo fue encontrarte con esto?

Hay una tendencia sobre qué puede decir la imagen y qué no, como que la imagen te iba a dar algo, y hay un VHS que me lo dio una amiga de mamá, porque no hay mucho registro, hoy es impensado, y cuando lo ví en la casa de la productora, porque yo no tengo videocasetera, lo más genuino que puedo decir es que me desilusionó, son imágenes horribles, en el sentido que ella es como un extra entre los novios, pero no me pasó nada cuando la vi, por eso voy y vengo con ella, la película habla de eso, de ciertos mitos, o como cuando uno piensa en el entierro, como algo sagrado, pero no es así. Cuando la ví fue como falta, no me evocaba a nada, a veces uno ancla o quiere reconstruir a partir de la imagen, pero no podés, o como con fotos que tienen como felicidad, pero yo recuerdo la enfermedad de mi mamá, por eso siento que en algún punto es como de otra familia.

Es que además vos lo ves desde ahora con otra visión…

Sí, y cuando las buscaba quería que me den algo. Una de mis escenas favoritas es esa de la imagen de mi mamá o del Super8, porque pone en jaque algo, por eso también busco imágenes de otras familias, con personas que bien de joven podrían ser mi papá.

Este es un recurso que se reitera en las películas que antes hablábamos…

Y uno siempre le pone condimentos a las imágenes, y no es así. Creo que los recuerdos a veces también son construidos, yo me armé un mito de Diciembre, y eso en algún punto es mi construcción para aferrarme a algo.

Los recuerdos muchas veces tienen más de aquello que a uno le han contado…

Y están construidos por otros, yo no me acuerdo, y admiro a los que sí lo hacen y eso se me eclipsó desde la muerte de mi mamá, que murió cuando yo tenía 20 y en algún punto viviré más sin ella que con ella, y esos cinco años de enfermedad eclipsaron todo.  Mi viejo dice que a él le quedaron más las imágenes felices, a mí no, y yo tampoco quería hacer algo desde un lugar resentido, o morboso, por eso no usé imágenes de mamá enferma, mostrándola desde un lugar más ameno.

El contrapunto con Tomás Dotta (coguionista/ productor) es increíble, funciona como el censor tuyo…

Con Tomás comenzamos a trabajar, y los dos somos muy obsesivos, pero jugamos a que yo sea más, y en el contrapunto él me baja a la realidad o hace en algún punto, porque él no está, me expone como buscadora de respuestas.

Es ideal ese contrapunto…

Y los más gracioso es que las ideas que le digo yo las pensé, la gente me pregunta si me despedí o no, pero para mí es sobre todo la imposibilidad de hacerlo.

La pesquisa va por ese lado…

Claro, de encontrar un gesto genuino, y todas las escenas que se me ocurrían para despedirme eran horrible, y por eso el epílogo final para evitar que quede en la enunciación, y porque si terminaba en Diciembre iba a ser muy duro, por eso también el baile.

Porque ahí haces catarsis luego de bucear en los recuerdos y en la imagen de tu madre…

Claro, fue un baile medio catártico, y está en muchas películas eso, y lo tomo como propuesta, como también lo del remate y la cama, porque nadie se quería quedar con ella.

¿Vas a intentar que se estrene en más salas?

Sí, el tema es que en Gaumont recién había espacio para Diciembre y me pasó que uno pone las energías y quería arrancar ya, lo complicado es que si ya la estrenaste en una sala tal vez después no puedas en otro, y si te va bien no podés seguir, pero estamos viendo de sumarla a algún ciclo, volviendo a las expectativas que me preguntabas, tengo ganas que la gente la vea, no sé si tengo una expectativa a nivel más macro, si que circule, que el espectador complete la mirada y la película, y tal vez vayan para otro lado, la secuencia del VHS es para mí la mejor, pero alguien se puede quedar por ejemplo con la escena de las amigas.

Tu película es universal, habla de la pérdida y de la identidad…

En el montaje en una primera etapa iba a ser más fría, y creo que la película se puede volver universal desde lo particular, por eso cuento más cosas, porque desde allí logras la universalidad, hay algo de anclar cosas personales, como también sumé muchas imágenes de mi madre para que sea real y desde allí uno pueda empatizar.

“Ensayo de despedida” estrena el domingo 4 de Junio en el Centro Cultural Recoleta

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