«Il Colibri» (El colibrí): el amor después del amor?

En general no llegan a nuestras salas dramas románticos o adaptaciones de best sellers centrados en historias de vida. Hay en el público adulto una preferencia hacia ver este tipo de cine en sus hogares, más que en sala, hoy gobierno de chicos, adolescentes y adultos jóvenes, quienes mayoritariamente habitan la cartelera de nuestra ciudad. Sin embargo, después de mucho tiempo, tenemos una pequeña joya en los cines porteños para disfrutar en pantalla grande: «El colibrí».

Adaptación de un best seller de un enorme escritor italiano(obra del mismo nombre de Sandro Veronesi), «Il Colibri» presenta el recorrido vital de una persona a lo largo de una gran cantidad de años, utilizando una estructura que elige priorizar lo emocional antes que lo cronológico para presentar su historia.

Este es el recorrido de Marco Carrera (Pierfrancesco Favino), un hombre al que ciertamente, le pasaron muchas cosas. Le pasó, la vida. Con toda su carga de emoción, dolor, esperanza y redención. La adaptación cinematográfica de Francesca Archibugi es intensa, lacerante y realista: no todo es color de rosas en la existencia terrenal y «El colibrí» descansa en esa mirada.

La trama va jugando con los procesos desafiantes que Marco debe atravesar en su vida: sus problemas de desarrollo físico, las cuestiones familiares (adicciones y muerte de su hermana y más), su amor imposible hacia Luisa (Bérénice Bejo), el fallido matrimonio con Marina Molitor (Kasia Smutniak) y las consecuencias de esas profundas contradicciones. 

 Archibugi logra construir un relato cercano, a pesar de seguir transitando ese cine europeo donde los personajes se mueven en entornos lujosos, confortables y no tienen ninguna cuestión social que abordar. Esa visión donde todo va al conflicto dramático pero el fondo permanece sin influencia en la acción, cuestión que muchos discutimos…

Pero sí es cierto que la directora pone en relieve que nuestros recorridos vitales, son lo que pueden ser. No son perfectos, lineales, virtuosos. Son. Y eso lo hace con gran solvencia. Favino juega un Marco carnal, escaso de recursos para enfrentar los problemas que tiene, pero noble y transparente. Es un hombre atribulado y atormentado por el amor y el dolor y eso se ve en cada fotograma de este cuidado film.

Las secundarias (Bejo y Smutniak), si bien un poco estereotipadas, hacen un correcto aporte a ser musa y demonio de la vida de Marco, siendo interesante y polémica, la participación de Nanni Moretti como el psicoanalista que rompe reglas y abre escenarios impensados desde su rol.

«El colibrí» es una cinta interesante y de especial llegada al público adulto. Ofrece un espacio de identificación natural y permite un disfrute silencioso de ser parte de un recorrido donde reconocemos escenas propias, sin costear su peso en el cuerpo. Sorprende, más allá de sus convenciones, y se transforma en el drama europeo más sustancioso del año para el espectador adulto.

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