“Independence Day: Resurgence” (Día de la Independencia: Contraataque): Ya están aquí, otra vez

Tiempo de lectura: 6 minutos

Hace veinte años Día de la Independencia se convertía en uno de los éxitos de taquilla más grandes y sorpresivos de todos los tiempos.

La superproducción dirigida por Roland Emmerich se había centrado en una campaña publicitaria enigmática, no demasiado masiva, que escondía más de lo que mostraba. Sin embargo, arrasó con todo lo que le puso adelante, y terminó de reimponer la moda del cine catástrofe, convirtiendo a su realizador en un fijo para este tipo de productos.

En conmemoración de la fecha, y tras muchas vueltas, cancelaciones y resurgimientos, por fin podemos ver una secuela de aquel film que planteaba un fuerte ataque alienígena a nuestro planeta.

Veinte años pasaron también en la historia, el mundo se encuentra en paz y las naciones han progresado en el uso de la tecnología proveniente de aquel ataque.

Sin embargo, parece ser una calma aparente. Continúan las investigaciones y desde las bases militares parecen estar preparándose constantemente para un posible regreso.

La alerta se activa cuando varios de los que estuvieron en contacto con los extraterrestres comienzan a tener extraños sueños, dibujan símbolos crípticos, o despiertan intempestivamente del coma en el que se encontraban.

Independence Day: Resurgence

Por otro lado, el alien sobreviviente que mantienen en cautiverio pasó de la inactividad a una furia incontrolable.

Lo que sigue es lo esperable, mientras se suceden los festejos por el aniversario del triunfo humano, un nuevo ataque comienza, descubrir el por qué será una de las patas que plantea el argumento.

Más centrada en el ambiente militar que la primera entrega, es una oportunidad para encontrarnos con varios de los personajes conocidos.

Sabremos qué fue de David (Jeff Goldblum), el Dr. Okun (Brent Spinner), Julius (Judd Hirsch), Jasmine (Vivica A. Fox), El General Grey (Robert Loggia), Dylan (Jessie T. Usher), Patty (Maika Monroe), y por supuesto el (ahora ex) Presicdente Withmore (Bill Pullman).

A estos se les suman el héroe de la aviación interpretado por Liam Hemsworth, el General de William Fichtner, la Presidente a cargo de Sela Ward, y una investigadora interpretada por Charlotte Gainsbourg, entre otros varios.

Entre tantos personajes, Emmerich repite la fórmula original, poner el foco en las personas antes que en los aliens; siendo esto un arma de doble filo.

A lo largo de su carrera el realizador de El día después de mañana a demostrado no ser un gran constructor de climas dramáticos. Cada vez que los personajes tienen que expresar emociones profundas, el film flaquea, perdiendo gran parte de su potencia.

Lo suyo es el elemento bombástico, el apetito por la destrucción con algo más de coherencia que su par Michael Bay (que esta vez parece haberle prestado el ruido a metal y circuitos eléctricos). En este sentido, mostrar escenas con humanos “no combatiendo”, ayuda a relajar la situación sin que resulte confuso o agotador; sus dos horas exactas de duración suceden realmente rápido.

Otra característica fundamental del cine de Emmerich, su extremo amor hacia los EE.UU., transformándolo en el extranjero (es alemán) con más films patrióticos a cuesta, que hizo que Día de la Independencia se ganase varios detractores; aquí parece haber encontrado un tono adecuado.

Al igual que decíamos hace algunas semanas con el estreno de Londres Bajo Fuego, el mensaje es tan obvio, tan poco disimulado, tan obsecuente y ofensivo, que no queda más que no tomárselo en serio; y el propio film parece realmente tomárselo así.

Por momentos IDR (estas son las nuevas siglas) parece una parodia de ID4 (las famosas siglas originales), como si nos quisieran decir que lo que nos metieron en el primer episodio no era tan grave, que debíamos relajarnos y verlo como un entretenimiento.

Independence Day: Resurgence

Este humor deliberado se extiende más allá del patriotismo absurdo e impregna varias escenas que terminan por ser lo mejor de la propuesta, haciéndola realmente disfrutable.

En cuanto al encanto visual, el 3D colabora en determinadas escenas, pero no hay mucho que no hayamos visto antes, sin embargo, en las dosis en que es entregado se nota que estamos frente a una mano experta en la materia.

Día de la Independencia Contraataque es un festejo del primer film, una película para fanáticos, y también con la suficiente amplitud para un posible público joven que no vio la primera entrega – aunque muchísimos de los mejores guiños no los podrían disfrutar –.

Queda en el debe algo más de foco sobre los civiles – relegado únicamente al personaje de Judd Hirsch en compañía de Joey King –, una mayor estabilidad en el balance del drama, y quizás una entrega mayor hacia la inverosimilitud del estilo clase B como pudimos ver en la similar Jurassic World, nada grave.

Entretenida, ligera y divertida, esta IDR, es también una reivindicación al cine de los noventa, en el que los personajes importaban, con gama etaria amplia, en donde los comic relief eran especialistas en la materia, y en el que la catástrofe era un regalo visual puntual que se hacía esperar. No todo es igual a antes, pero se nota el intento por querer emularlo. 

Anexo de Crítica por Rolando Gallego

Pasaron 20 años y es curioso como para Roland Emmerich, uno de los directores claves de la historia de la ciencia ficción y el cine bélico, su idea sobre la imposibilidad de los terrestres por impedir un ataque masivo de alienígenas permanece intacta.

En “Día de la Independencia: Contraataque” (USA, 2016) hay un intento por recuperar cierta ingenuidad del género, pero en la búsqueda de construir una épica, ambiciosa, gigante, termina por construirse un relato atiborrado que, aún abusando de clichés y lugares comunes, no logra consolidar su propuesta.

La película se divide en dos etapas, una primera que bucea en su entrega anterior, con la presentación de algunos de los personajes que supieron identificarse como claves, por caso Bill Pullman como el presidente que supo hacer frente a los extraterrestres, y algunos nuevos que hablarán sobre aquellos del pasado que marcaron a fuego la historia de una nación que consolidó su poderío con tecnología alien.

En la segunda instancia, algunos personajes del pasado se sumarán a nuevas incorporaciones para conformar la red necesaria que evitará que un nuevo ataque extraterrestre termine de una vez por todas con la humanidad.

“Día de la Independencia: Contraataque” no puede superar la inevitable comparación que con la primera entrega surge, una historia narrada de manera clásica que supo tener como protagonista a Will Smith, quien junto a Pullman pudieron, a fuerza de carisma y la exploración de nuevas tecnologías lograr uno de los hitos del género.

Pero en 2016, y con filmes posteriores a “Día de la Independencia”, que también trabajaron sobre el enemigo externo y la inevitabilidad de un ataque, más la realidad que golpeó fuerte y que post 11-S se consolidó como la prueba fehaciente que nada está escrito ni previsto, esta nueva entrega no hace otra cosa que trabajar con tópicos reiterativos que ni siquiera con el cuidado trabajo de efectos especiales pueden salvar el tedio con el que Emmerich relata todo.

Una película de ciencia ficción debe además de respetar a rajatabla algunas convenciones del género, poder construir nuevas sensibilidades para enmarcar la narración y así posibilitar la emergencia de una historia que en apariencia sea diferente.

Pero Emmerich no puede o no quiere hacerlo, y si bien en una primera parte puede despertar el interés evocando “Día de la Independencia”, cuando “Día de la Independencia: Contraataque” debe separarse no puede hacerlo.

Como filme de ciencia ficción el relato avanza a paso firme y lento, hasta que la resolución se avecina y entonces ahí el oficio y la habilidad se deja de lado, y comienza todo a precipitarse sin siquiera detener en la obviedad con la que todo se está haciendo.

“Día de la Independencia: Contraataque” es una olvidable secuela, un filme de género más que se termina perdiendo en el propio laberinto narrativo con el que intenta presentarse 20 años después, sin novedades, cambios, ni siquiera con personajes interesantes que puedan despertar el interés en su conocida historia.

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