«Jurassic World: Dominion» (Jurassic World 3: Dominio): con la vieja escuela

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Después de que J. A. Bayona tomara las riendas de la saga para la segunda parte, la dirección del cierre de la trilogía vuelve a estar en manos de Colin Trevorrow, quien de todos modos había colaborado en el guion de la anterior. Lo cierto es que ya ni chispas quedan de la magia con la cual Spielberg dio vida a los dinosaurios, ni siquiera la nostalgia que genera volver a ver reunido el elenco original. Nos encontramos ante un cierre sin alma.

Dominion marca el fin de una era. Cuatro años después de Fallen Kingdom (una película con varios problemas de guion pero con una construcción de climas interesantes que la acercaban un poco más al terror), los dinosaurios circulan sueltos por el planeta Tierra y son una amenaza para los seres humanos. Al menos eso es lo que se ve a simple vista: ¿es posible coexistir con criaturas que habitaron el planeta millones de años antes que nosotros? El equilibrio parece siempre a punto de quebrarse y la película comienza con un breve resumen de lo que implica hoy esta reaparición de animales jurásicos en el mundo.

La trama de Dominion se divide en dos, claro, hasta que se unan. Por un lado, Claire (Bryce Dallas Howard) y Owen (Chris Pratt) esconden a Maisie, ahora ya adolescente y menos dispuesta a ceder ante esas dos personas que actúan como si fuesen sus padres. Por el otro, Ellie (Laura Dern) se encuentra con una nueva plaga que amenaza con acabar con las cosechas y, con la ayuda de su viejo amigo Alan Grant (Sam Neill), llegan a la pista del poderoso laboratorio Byosin. Laboratorio que rapta a Maisie con fines científicos. Allí donde Ian Malcolm (Jeff Goldblum) brinda charlas científicas con su conocido dejo de ironía, converge toda la historia que tiene como villano a un hombre rico que quiere ser todavía más rico jugando a ser Dios, aunque nunca veamos motivaciones reales.

Una ensalada que incluye muchas persecuciones, en Malta, en un laboratorio, en la selva. Sin embargo algo curioso del guion es que los que deberían ser los grandes protagonistas, los dinosaurios, aparecen siempre de fondo, casi como un decorado. Incluso la aparición el Giganotosaurus, uno de los últimos descubrimientos y que se sucedió en el Sur de nuestro país, no consigue peso alguno. En medio de una galería de personajes de lo más diversa, por supuesto, la mayoría apenas desarrollados, se halla un mensaje ecológico tan forzado como casi todo lo que sucede en la película.

Ya no hay sorpresas, ya vimos a los dinosaurios gigantes pelear entre ellos o atacando algún humano; y acá vamos a ver poco de eso además. Ellie en algún momento dice que aún no se acostumbra, mostrando emoción ante la hasta hace un tiempo absurda idea de vivir junto a criaturas prehistóricas. Pero eso nunca logra transmitirse a través de la pantalla. Ni el miedo, ni la incertidumbre, la sensación de peligro; todo parece asegurado, dado por sentado.

Es que además de un guion rebuscado y perezoso al mismo tiempo que quiere decir muchas cosas y no se detiene en ninguna, la película cuenta con un montaje desprolijo y rápido que entorpece las escenas de acción. La banda sonora es otro problema, invasiva y fuera de tono. Parece una película hecha sin ganas desde muchos aspectos. En el único aspecto donde se destaca es en el de los efectos especiales, con criaturas bien logradas.

Lo único que vale la pena es el reencuentro con aquellos queridos personajes que se convirtieron en parte de nuestras vidas. Aquellos junto a quienes soñamos por un rato con un mundo en el que todo era posible. Pero no es suficiente cuando quedan reducidos por el guion del que ni siquiera los nuevos personajes salen bien parados. Todos parecen prescindibles, descartables, un rejunte caprichoso. Cuando más profunda y reflexiva quiere ser la historia, más forzado y subrayado se percibe todo.

Se supone que este es el cierre definitivo de la saga aunque hoy en día es difícil predecir que en algún momento alguien decida reabrir la historia. Un cierre decepcionante que no está a la altura e la original y quizás de ninguna de las anteriores, que han sido bastante desparejas. Una oportunidad desaprovechada que elige ir a lo seguro y sin emoción, con escenas genéricas sin una pizca de creatividad.

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