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“La Casa del Fin de los Tiempos”: Hogar dulce hogar

Tiempo de lectura: 5 minutos

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El caso de «La casa del fin de los tiempos»(Venezuela, 2013), ópera prima de Alejandro Hidalgo, es un ejemplo que cuando se quiere plasmar una historia, a pesar de las limitaciones presupuestarias y de realización, y, principalmente, cuando se tiene en claro qué se quiere contar, todo es posible.

Años estuvo Hidalgo para poder conseguir la financiación de «La casa…», siendo el motivo principal la inexistente producción de género en Venezuela y la reticencia de los pocos productores cinematográficos de avalar su proyecto.

Cuando finalmente tuvo el presupuesto debió acotar su historia, porque el primer guión era muy ambicioso ya que juega entre dos tiempos narrativos diferentes, pasado y presente de una mujer que no sabe realmente qué le pasa.

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Dulce (Ruddy Rodriguez), la protagonista, es una condenada a vivir amenazada por los propios fantasmas que la muerte de su marido y su hijo le generan a diario, ya que nunca pudo cerrar del todo los hechos que otros le han comentado.

En el arranque Dulce aparece en escena luego de un asesinato. En el piso, ensangrentada, cobra conocimiento y reconoce a su familia muerta a su lado. Años después, anciana, regresa a la casa del crimen, beneficiada por la posibilidad de continuar su condena allí, y será esa misma casona la que nuevamente le dicte sentencia.

Y en ese regreso a la inmensa casa, llena de sombras y de misterios, y de recovecos que ni siquiera ella sabía que existían, Dulce deberá enfrentar sus propios miedos, aquellos que Hidalgo, con habilidad y sutileza, terminará por entremezclar con una trama que evoca momentos oscuros de la historia de Venezuela.

«La casa del fin de los tiempos» juega con el terror, pero termina enmarcándose en el realismo mágico como posibilidad expresiva para poder profundizar en la historia de una mujer que de un momento para otro vio cómo su historia cambió sin comprender correctamente por qué fue que eso pasó.

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Así, en la búsqueda del sobresalto como efecto narrativo, o en la utilización de una banda sonora estridente que potencia las escenas de ensoñación y misterio, Hidalgo reafirma su necesidad expresiva y la supera, apoyándose en una correcta interpretación de Rodriguez, que acepta el desafío y se entrega de lleno al personaje.

Hace un tiempo tuve la posibilidad de dialogar con Hidalgo, y en esa entrevista me comentaba su idea de no circunscribirse a un solo género, será por eso que «La casa del fin de los tiempos» no sólo puede verse como un filme de terror, sino que además puede disfrutarse como una una película de suspenso, un filme sobre el drama de una familia, y también sobre cómo la historia pesará en el relato, algo que se revela en un momento clave de la película, y que va generando ciertas repeticiones que permiten que la narración avance y supere cualquier laguna u olvido de este director novel.

Anexo de Crítica por Fernando Sandro

Con algo de retraso llega a nuestra cartelera este film de género fantástico del ópera primista Alejandro Hidalgo; y no son pocos los elementos para destacar.

Si de por sí es extraño que llegue a la cartelera mundial un producto de la filmografía venezolana, más aún lo es que sea un film de género, y grata es la sorpresa al enterarnos que se trató de un taquillazo en su país, y recorrió varios festivales acumulando una parva de premios (Incluido el BARS a Mejor Film Iberoamericano) . La conclusión es rápida, es gratificante ver el crecimiento del cine fantástico en la región latinoamericana.

La protagonista indiscutida es Dulce (Ruddy Rodriguez, ex chica Bond en Su Nombres es Peligro) una mujer que en 1981 es condenada a treinta años de prisión luego de aparecer en el piso, ensangrentada, con un espejo roto, su marido muerto y uno de sus hijos desaparecido.

Transcurren esos treinta años y Dulce, ya anciana logra la prisión domiciliaria regresando al hogar donde todo ocurrió. Si dos más dos son cuatro, no hay que ser muy lúcidos para adivinar que los ecos del pasado comenzaran a hacerse presentes, y que nada será lo que parecía en un inicio.

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La mayor virtud de Hidalgo es el manejo de los diferentes planos temporales, a lo largo de hora cuarenta minutos, La Casa… fluctuará más de una vez, pero nunca resulta confusa, jamás se le pierde el hilo.

Esos cambios permanentes, entre el pasado y el presente, los giros argumentales constantes, también se sentirán en el tono y el ritmo del relato. Lo que en un principio se avecina como una de terror con pinceladas de suspenso, pronto irá virando al misterio, a las resoluciones fantásticas, nunca abandonando cierto halo de tensión.

De cocción lenta, la historia no se deglute desde el primer momento, va in crescendo, con los datos apropiados y un ritmo que más de una vez puede parecer lento o estancado para luego retomar con fuerza.

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De este modo, el director se despega del típico film de casas embrujadas y fantasmas (que sí, en el fondo es eso) entregando una carga dramática similar a films como El Orfanato, en medio de una línea argumental que conjuga varios elementos dispares todos bien resueltos.

Si el film se reciente en algo es en cierta precariedad técnica, propia de provenir de una filmografía no muy fructífera, aún menos en lo que a cine de género se trata. Una fotografía algo oscura, algunos problemas altisonantes de sonido, nada que una mano correcta como la de Hidalgo y su equipo no pueda «tapar» en base a oficio y sentido de las propias limitaciones.

La Casa del Fin de los Tiempos no es un film ambicioso, y quizás sea su mejor arma. Crea un gran clima, permite el lucimiento de protagonista, y viaja por diferentes estilos sin perderse en el camino. Para una ópera prima, proveniente de un país y una región naciente en cine de género, y con elementos acotados, es más que suficiente para llenarnos el pecho de orgullo.

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