«La vida anterior»: las voces

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Los triángulos amorosos han servido para contar historias de todo tipo y en todos los ámbitos. Podemos oscilar entre lo meramente erótico, el suspenso, la comedia de enredos, y el drama. También suele ser el eje central de muchas telenovelas, la heroína que ve su romance trunco ante la llegada de una tercera en discordia; este parece ser el rumbo que toma “La vida anterior”, ópera prima de Ariel Broitman, basada en la novela “La maestra de canto”.

El triángulo se compone así, Ana (Elena Roger) es una estudiante de canto lírico en pareja con Federico (Sergio Surracco). A su apacible vida llega Ursula (Esmeralda Mitre), otra estudiante de avanzada de la cual Ana queda embelezada por su potente voz y registro. Esta admiración la lleva a hacer lo que ninguna mujer debería hacer, la presenta a su pareja, y ahí las cartas ya están servidas.

La otra, con algo de trepadora, se “enamora” extrañamente de Federico, y este no se decide entre las dos puntas, juega también un comportamiento extraño, generando confusión e inquietudes. Si bien no estamos ante un film fallido en sus propósitos, Broitman pareciera enfocarse más en el aspecto estético de su obra que en la historia a desarrollar.

“La vida anterior” se ve lujosa, prolija y detallista; todo se desarrolla en el mundo de las altas artes, y eso queda plasmado en la cámara preciosista, repleta de decorados de alta alcurnia y grandes mansiones: En concordancia con esto, una banda sonora cargada de líricos en conjunto con otras escenas de puros “sonidos” secos, también le suman gravedad al asunto; una gravedad que no se condice con lo que se cuenta; propiamente como una historia de amor más bien televisiva.

Quienes gusten de este tipo de trama, encontrarán una hecha a medida y condensada en apenas una hora y media, lo cual puede ser toda una ventaja. El asunto es si estamos ante una propuesta puramente cinematográfica o un producto mas emparentado con las novelas simples de bolsillo.

Elena Roger vuelve a demostrar talento de sobra, es una excelente actriz que hasta ahora no ha encontrado un rol a medida, que la merezca, en el cine. Sergio Surraco, a quien hace semanas vimos como Galimberti en «Puerta de Hierro», se muestra sólido como el galán escondedor, es digno de que dos mujeres se peleen con él. No se puede decir lo mismo de la blonda Esmeralda Mitre, demasiado encorsetada en un personaje extraño (mezcla de belleza inocente con Glenn Close en Atracción Fatal) el cual parece estar por encima de sus capacidades.

Los mejores momentos serán cuando el drama quede de lado, y Roger y Mitre hagan lo que mejor les sale, entonen grandes arias para deleitar al espectador: una pena que no estamos ante un film musical, sus interpretaciones no tienen desperdicio…

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