«Le Prénom» (El nombre): mucho ruido…y muchas nueces!

Tiempo de lectura: 3 minutos

   

Voy a confesarlo antes de seguir escribiendo, soy amante de la comedia francesa, seguidor fiel del estilo de humor galo basado en diálogos rápidos y situaciones casi de boudeville. Basado en esta premisa, lo primero a decir es que «El nombre» es un referente clásico de este estilo, y a mi gusto es de celebrar cada vez que llega un exponente a nuestras salas; pero a la vez lo aggiorna con un toque más cosmopolita, digamos del estilo hollywoodense o estadounidense.

El argumento toma un poco de varios exponentes clásicos del género, y principalmente hace recordar a Cena de amigos la refinada comedia de Danielle Thompson estrenada hace unos años en nuestro país. Veamos cómo viene la mano, la situación planteada es clásica, una reunión en casa de un matrimonio, la razón del encuentro es Vincent (Patrick Bruel) un seductor nato de entrados cuarenta años que está a punto de convertirse en padre por primera vez.

El hombre se dirige a cenar a casa de su hermana Elisabeth y su marido Pierre (Valerie Benguigui y Charles Berling), ahí se encontrará un amigo del grupo, Claude (Guillaume de Tonquedec), y la última en llegar será la pareja de Vincent, Anna (Judith El Zein) casi en fecha de parir. Pero Vincent tiene un anuncio para hacer, el nombre del crío por nacer, Adolphe, y ahí se genera el enredo; o el enredo principal, porque los directores y guionistas Mathieu Delaporte y Alexandre de La Patellière plantean varias semillas de discusión alrededor de este grupo de amigos y en torno a eso se maneja el ritmo de la comedia.

 

 

Vincent, Pierre, Claude, Elisabeth y Anna discuten sobre todo, política, paternidad, el pasado de cada uno de ellos, secretos y mentiras, temas sociales, y claro el polémico nombre del bebé; la carne se hecha toda al asador y los diálogos rápidos con frases punzantes se acrecientan cada vez más.

Pese a ser una comedia que tracciona a puro verbo, su ritmo no decae en ningún momento al contrario se siente como un huracán al que solo reciente una duración un tanto extendida que abruma.

Fácilmente uno podría imaginar una adaptación a manos de alguien como Judd Apatow y sus personajes en crisis cuarentona que se niegan a madurar; o una vuelta a los films neoyorquinos de Woody Allen.

 

  

 

«El nombre» se asienta en un estilo moderno de la comedia francesa, aquel pensado para ser vendido al mundo. Pero como suele suceder, estas adaptaciones difícilmente capten la esencia y el encanto de estas comedias. Es, y pienso en voz alta, ante todo una comedia de ingenio y agudeza, no hay acá situaciones burdas (bueno, tal vez se filtre alguna), todo está revestido con ese encanto francés; pero tampoco diálogos complejos e intelectuales, todo se maneja con encanto y liviandad, aún cuando se tocan temas sociales ríspidos y políticos.

Los cinco amigos hablan de todo y ninguno sale inmune, como reza el título de la reseña se origina ruido, pero también se recolectan nueces.

De origen teatral (algo que se intenta disimular y se logra a medias), a cargo de la misma dupla creadora, actualmente se encuentra una puesta argentina en una sala porteña también ampliamente recomendable.

Si como este cronista, tienen predilección por los enredos creados en base a diálogos hilarantes y respuestas rápidas, El nombre los ofrece a por mayor, es un exquisito banquete para saborear.

 

 

 

  El argumento toma un poco de varios exponentes clásicos del género, y principalmente hace recordar a Cena de amigos la refinada comedia de Danielle Thompson estrenada hace unos años en nuestro país. Veamos cómo viene la mano, la situación planteada es clásica, una reunión en casa de un matrimonio, la razón del encuentro es Vincent (Patrick Bruel) un seductor nato de entrados cuarenta años que está a punto de convertirse en padre por primera vez.

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