mecanica_1_ew

“Mecánica Popular”: Un editor dialoga

Tiempo de lectura: 5 minutos

mecanica_1_ew

En pleno auge de su carrera, Alejandro Agresti decidió encarar rumbo a Hollywood luego de la menospreciada Un mundo menos peor allá por 2004. En la meca del cine industrial, Agresti filmó uno de los mejores dramas romántico/fantásticos de los últimos años, La Casa del Lago, y no se supo mucho más de él hasta siete años después con la extraña y concéntrica» No Somos Animales» a mitad entre las estrellas hollywoodenses y los escenarios locales.

Con «Mecánica Popular», presentada en el último Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, el realizador dice presente nuevamente en su tierra; y lo hace como si quisiese barajar y dar de nuevo, como si la tentación del reset fuese demasiado fuerte.

na película pequeña, cerrada, de pocos personajes, y diálogos abarcadores. Sí, es de esas que están a un paso de mostrarnos un telón cerrándose y los actores agradeciendo al culminar. Mario Zavadniker (Alejandro Awada) es un editor con una vida apagada, de vuelta de todo, descreído de cualquier encanto.

mecanica_2_ew

Una noche, decide llevar a cabo una maniobra para terminar con su vida, pero en la escena interrumpe Silvia (Romina Ricci), una joven escritora que asegura se suicidará si no lee su manuscrito y publican su novela. En el medio, se cruzan distintos personajes y anécdotas o hechos. Principalmente el portero del edificio, interpretado por Patricio Contreras que entra y sale de cuadro haciendo aportes con comentarios temáticos; y Marina Glezer interpretando la ex mujer de Mario, también escritora, u otra visión de Silvia.

La historia entrecruza la vida y las pesadillas de Marío con un trasfondo profundamente literario. Los personajes, especialmente el portero, debaten sobre literatura, el mundo artístico, arrojan guiños constantes, y no esperan a que el espectador entre en el juego. En ciertos momentos, como si viviesen en un mundo abstraído. A diferencia de los films que le dieron un nombre (Buenos Aires Viceversa, Valentín), aquí Agresti se aleja de lo mundano, de lo social, o hace que sus personajes hablen de la historia reciente del país, pero desde ese punto de vista que los caracteriza.

El modo que encuentra el director para que esto no sea una obra de teatro, más allá de algún aireo, son los planos y la fotografía con un correcto uso de luces. Por el resto, se confirma lo que ya sabíamos de su persona, es un gran director de actores, aquí está el punto fuerte del film.

mecanica_3_ew

Todos aportan lo necesario para que sus personajes sean creíbles y los diálogos, que van de una punta a otra, tocando todo tipo de temas, son fluidos y con un ritmo especial.

Alejandro Awada es quien se lleva los laureles con otro de esos personajes apesadumbrados que parecen escritos para él, alcanza una mirada (y un primer plano a ella) para que todas las palabras sobren, sus gestos son expresivos, su modo de hablar, de decir, todo encierra algo. Mecánica Popular hace rece referencia a una conocida revista que intentaba acercar el mundo de la mecánica al ámbito popular y hacía un aporte con varios “”experimentos” o creaciones que uno podía hacer desde casa.

La Película de Agresti, conserva de eso, solo el título, habla para los suyos, esboza críticas e ironías, y para quienes penetren puede ser delicioso, el resto puede necesitar de un manual explicativo, o simplemente disfrutar de un buena puesta y una maravillosa interpretación.

Anexo de Crítica porRolando Gallego

Película con una propuesta casi teatral, filmada con una precisión que asombra y que permite rápidamente la conexión con la locura de cada uno de los personajes protagonistas, “Mecánica Popular” (Argentina, 2015) es la vuelta al cine nacional de Alejandro Agresti. Para esta oportunidad, el director decidió, contar una historia que en realidad encierra muchas otras, y que en la aparente superficialidad de la propuesta, termina, por un mecanismo de engranaje, de configurar un espacio en el que la interacción entre el trío central y las variaciones entre ellos.

Silvia (Marina Glezer/Romina Richi) es una joven escritora que intentará a toda costa ser publicada por uno de los editores más importantes del país (Alejandro Awada). Para lograr captar su atención, la mujer irrumpirá una noche de esas en las que sólo los valientes se animan a adentrarse, y tras vulnerar al seguridad del edificio (Patricio Contreras) ingresará en la oficina con su manuscrito.

mecanica_4_ew

El momento será el preciso instante en el que el editor intentara terminar con su vida, por lo que la recepción de ésta, además de sorpresiva, será inesperada ya que nunca imaginó que nadie llegara para coartarle esa decisión personalísima en la que se vio envuelto. Agresti maneja esa primera etapa del filme de manera contemplativa, la cámara acompaña y demuestra, esconde y vela, la verdadera intención con la que luego se desencadenará la inmensa tragedia de Silvia en la editorial.

Una segunda instancia, en la que las constantes interrupciones del portero (Contreras) sumará tensión en varios momentos, terminará por hablar de temas que en realidad configurarán el background con el cual Agresti intenta justificar acciones y decisiones del trío protagónico.

mecanica_5_ew

La elección de confundir a Silvia con otra que bien podría ser la ex mujer del editor o con el mismo personaje, escindido por el tiempo más que por la clara concepción de ser dos mujeres diferentes, además, aportan a la dinámica entre los protagonistas, un halo de misterio en el cual el espectador se verá envuelto para tratar de dilucidar acerca de qué es aquello que realmente acontece en la pantalla y qué es una suposición.

No hay posibilidad de escaparse a la propuesta de “Mecánica Popular”, una película que en apariencia quiere reflexionar sobre las relaciones, la capacidad creativa, los vínculos, el conocimiento, y la calle como escuela, pero que también mira hacia el pasado en la dolorosa contraparte del portero, aquel hombre que busca en sus viejas revistas respuestas a un presente con ausencias y para las que las definiciones aportadas son tan sólo excusas para su vida.

“Mecánica Popular” tiene una segunda instancia dramática violenta, en la que la precisión con la que Agresti ubica la cámara es única, logrando una empatía con lo que acontece más que con las sensaciones que se disparan, las que, inevitablemente, conducen a un espacio cercano a los protagonistas.

No votes yet.
Please wait...

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Follow by Email
Facebook
Twitter