«Moonfall»: lunáticos

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Creo que todos podemos estar de acuerdo que pensar ya en la definición «cine catástrofe» nos coloca en una posición un tanto compleja para analizar cada producto. Partimos de la base que lo que veremos, rara vez tiene algún sustento lógico. Y para valorarlo en forma justa, debemos liberarnos de las ataduras sensatas y medidas con las que analizamos otros filmes, de otros géneros. Y digo esto porque me impacta la crudeza de algunos atacando este film, que es sólo una expresión cabal de la propuesta en la que se alinea.

Es decir, no podemos pedirle a Roland Emmerich sutileza, cuidado por el costado lineal y esperable de un relato. Nunca fue su fuerte y a esta altura de su carrera, uno de los 20 directores que más dinero generaron con sus películas en la historia, no iba a comenzar un camino nuevo. Su idea sigue intacta. Habrá envejecido o el público será distinto, pero el hombre es fiel a sus principios de éxito.

Es importante decir que tampoco creo que por el sólo hecho de encuadrarse dentro del género, cualquier propuesta cuente con todas las licencias del caso. No, claramente que por ahí tampoco vamos. «Moonfall» tiene sus temas. Parte de una idea no muy original pero efectiva y organiza una gran cantidad de recursos para conmover desde lo visual, como premisa central. Hay una apuesta convencida de que la catarata de efectos, estallidos y desastres climáticos varios podrán mantener la atención de la audiencia a lo largo de todo el metraje. Como hace un tiempo atrás.

Emmerich se afirma en premisas elementales para organizar su relato. Sentado en mi butaca, tres títulos que sostienen esta visión,  desfilaron por mi mente: «Independence Day», «2012» y «The day after tomorrow». Tres megatanques del mismo director que de alguna manera, siento «condensados» en «Moonfall». Puede decirse, que el cineasta repite sus mejores momentos en dichas producciones, intentando emular el sentido heroico que tanto lo distinguía en sus años más taquilleros y apelando a una estructura narrativa, endeble y ruidosa. 

En «Moonfall» tenemos un problema, Houston. La luna, por razones desconocidas en un principio, comienza a desviar su órbita y este suceso, amenaza seriamente la vida humana. Las autoridades y la comunidad científica al principio descreen de esta posibilidad pero al corto tiempo, las primeras manifestaciones del problema se hacen visibles y la búsqueda de estrategias para enfrentarla, se hacen ostensibles. 

Así es que en pocos cuadros, la NASA organizará una misión a la luna contrarreloj para evitar su impacto con la Tierra y para ello, buscarán a un gran piloto y astronauta, caído en desgracia: Brian Harper (Patrick Wilson). Junto a él, el astrónomo que descubrió el problema (KC, jugado por John Bradley) y su ex compañera de aventuras (con quien se encuentra enfrentado), Jo Fowler (aka Halle Berry) serán los encargados de intentar detener el colapso de la luna que podría destruir a la humanidad en su conjunto.

Si, hay una historia de heroísmo aquí, cierto personaje redimido (o tal vez, dos) y un clima de conspiración que no debería extrañarnos en este tiempo. Emmerich sigue su manual y abusa del CGI como en sus mejores épocas. Destrucción, escape, misión, supervivencia. Esas son las claves que sustentan el film.

Desde el punto de vista de los personajes, todos son discretos, a pesar de los esfuerzos que realizan para darle algo de sustento a la historia. El más coherente y carismático es Bradley, a quien la peli le sienta muy bien. Los otros dos protagónicos son limitados, aunque Berry tiende a lagrimear con sentido, un poco más.

Sí, no es de las más interesantes de las creaciones del legendario realizador, desde ya. Tiene sus problemas pero, en cierta forma y a pesar de sus dificultades, «Moonfall» logra que los espectadores transiten la trama con cierto interés. No hay grandes momentos, ni demasiadas emociones, pero sí garantía de entretenimiento en la sala. Podrán discutir si sus ideas pasaron o no de moda, pero lo que no se puede negar es que son efectivas. 

En consecuencia, si aman el cine catástrofe, el maestro, está de vuelta.

 

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