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“Patrick”: No está muerto quien piensa

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Remake del clásico de Richard Franklin estrenado en 1978, esta nueva versión de Patrick se debate entre un terror serio y rígido y la aventura más camp, visceral y divertida. La historia, que ya había tenido una adaptación en los ’80 en manos de Italia, vuelve a su Australia de origen para contar la historia de un asesino que no se detendrá, ni aún en un estado comatoso.

Patrick (Jackson Gallagher a quien todo el tiempo veremos recostado y con un rostro pétreo e inmutable) es un joven, asesino despiadado, que tras sufrir un ataque a quedado en un coma permanente. Su cuerpo se halla tratado en la clínica del Doctor Roget (Charles Dance), el típico médico loco que gusta de hacer experimentos con sus pacientes que desafían las lógicas de la ciencia.

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Patrick ha sido su conejillo de indias, apañado por la jefa de enfermera Cassidy (la deliciosa Rachel Griffiths, uno de los puntos más altos del film), pero h causa de ello ha desarrollado peligrosos dones de telekinesia. A ese terrorífico lugar llega Kathy (Sharni Vinson de Cacería Macabra revalidando su título de Scream Queen actual), una enfermera con ansias de trabajar y aprender, pero no se imagina el horror que le espera en ese lugar.

Filmada en su totalidad con tonos azulados y oscuros, el clima de Patrick es denso y añejo. Lo mismo hace suponer el interior de la clínica que pareciera que estamos en un hospicio de principios de Siglo XX, pro no, al salir veremos que nos encontramos en la actualidad con IPhones y Tablets incluidas. Esa suerte de atemporalidad suma a la extrañeza de Patrick que juega con el espectador llevándolo a un sector de tensión y rigurosidad en su primer tramo, para luego entregarse al puro placer delirante y gore.

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Patrick no sólo mueve cosas con la mente, maneja cuerpos ajenos, y es capaz también hasta de enviar sms’s desde ¿el más allá? Poco a poco, el clima serio y ominoso del principio va dejando lado a un sinfín de locuras y sentido que sí, demolerán la lógica, pero a su vez lo inserta en un puro placer culposo al mejor estilo de la época de oro del cine australiano clase B.

Claro, esto no es casual, su director, Mark Hartley tiene fuerte experiencia en el documental, y es el responsable de esa joyita llamada Not Quite Hollywood: The Wild, Untold Story of Ozploitation!, divertidísima exploración al mundo del cine de género australiano; junto a otros documentales que recorren los making off de films de culto como Razorback, o The Chain Reaction. Hartley le imprime a su Patrick toda esa impronta logrando un film con altibajos, que no iguala a su original, pero que en la comodidad de ser un film menor, cuando despega, se convierte en un film realmente entretenido.

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