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«The Water Diviner»(Camino a Estambul): una aventura extraordinaria

Tiempo de lectura: 4 minutos

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Es el debut cinematográfico de Russell Crowe como director y no le fue para nada mal. Claro está que tuvo varios maestros (Ridley Scott, Ron Howard, Mel Gibson), antes de llegar al otro lado del mostrador. Qué hay que saber para ver esta conmovedora y especial película: algo de historia, pues el lugar adonde emprenderá su camino el protagonista, que es el mismo Crowe, es una colina donde se desarrolló la batalla de Galípoli, en 1915 durante la Primera Guerra Mundial.

Esta película está dedicada a los 37 millones de personas (casi toda la población de la Argentina) que murieron en esta batalla y los 8 millones de desaparecidos, que quizá fueron enterrados en fosas comunes y no tienen nombre salvo en el recuerdo de sus familiares que quedaron a la espera de su regreso. Uno de los guionistas, Andrew Anastasios, se topó con una carta de un teniente coronel que fue parte fundamental de la Comisión Imperial de Tumbas de Guerra, que llevó el orden al abandonado campo de batalla de Galípoli en los años inmediatamente posteriores a la Primera Guerra Mundial y en esa carta, una frase que es la mecha que enciende la historia que se despliega en la ópera prima de Russell Crowe: «Un tipo logró llegar aquí desde Australia, en busca de la tumba de su hijo».

La historia comienza siguiendo a Joshua Connor (Crowe) en su rutina cotidiana que es buscar agua en su granja en el norte de Australia, tarea bastante ardua, y recurriendo a una técnica casi adivinatoria (de allí el título en inglés: «The Water Diviner»). Llega a su casa donde encuentra a su esposa arreglando unas botas, se presume, que de uno de sus hijos. El foco de la escena está recortado y Eliza le pide que Connor vaya a leerle, como todas las noches un cuento a los niños. Cuando termina la lectura y se cierra, el libro de moda por estos tiempos, «Las Mil y Una Noches», vemos que las camas están vacías.

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Es ahí donde descubrimos que algo no funciona y es que los niños, se hicieron casi hombres y partieron al estrecho de los Dardanelos con las fuerzas de la ANZAC (coalición de Australia y Nueva Zelanda) a combatir al Imperio Otomano. Ya pasaron 3 años y ninguno de los 3 volvió. Los esposos desconsolados no terminan de hacer su duelo ante tal pérdida. El camino del que habla el título es cuando Eliza ya no soporta la espera y culpa a Connor por no haber detenido a sus hijos y que se quedaran en Australia. Tampoco fue a buscarlos cuando llegó el diario de guerra del mayor de los chicos.

Eliza lo dejará a Connor de la manera más trágica y desde este momento en adelante seguiremos a Connor en una travesía en la que se servirá de su intuición y percepción y además, de esa historia de «Las Mil y Una Noches» que le contaba a sus hijos. En Estambul, las cosas no serán fáciles para él pues es un civil y los griegos amenazan tanto la posición conseguida por los ingleses y australianos como por la débil tregua que hay con los turcos.

Un niño guiará a Connor hasta un hotel donde conocerá a una viuda, interpretada por la bella Olga Kurlyenko, que no termina de asumir su condición para no entristecer a su hijo y al enorme personaje del Comandante Hasan (Yilmaz Erdogan), que puede ayudarlo a encontrar a sus hijos muertos, o quién sabe, quizá, prisioneros y arriesgando su propia vida al ver la esperanza de Joshua Connor.

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Se tejerá una historia de amor, de esperanza, de amistad en donde no parece posible el encuentro. En esta película, que se diga que son hechos reales sirve para tener fe que aún en los peores momentos, hay donde encontrar un pozo de agua para refrescar el alma y recomponerse. Con una cinematografía impecable, Crowe construye una historia con personajes de carne y hueso, que van buscando su destino y defienden sus principios o sus intereses. Hay alguna de las imágenes que son bastante fuertes y que sirven al propósito que destacaba en el primer párrafo cuando hablaba del horror de la guerra. Sobre todo cuando sabemos que muchas veces son inocentes los que mueren, que toda guerra es absurda y allí nos muestran a los jóvenes como carne de cañón.

El director-actor dice acerca de lo que fue la actuación de la ANZAC: «lo que está claro es que nunca hemos sido del todo conscientes de lo que hicimos allí, de lo bárbaros que fuimos. Han pasado 100 años y creo que es el momento de tomar consciencia de todo. Es bastante hipócrita por nuestra parte mantener la actitud de que hicimos un sacrificio heroico. El ejército australiano siempre ha vendido que fue una fuerza expedicionaria mandada al confín del mundo para defender, teóricamente, a Francia e Inglaterra. Y no. Nosotros formamos parte de una fuerza de ocupación en tierra extraña.

Toda la mitología sobre la valentía que rodea a Galípoli es un reflejo de nuestro egoísmo». Esta opinión le valió que le llovieran críticas de los veteranos de guerra pues ellos pensaban que lo que hicieron en aquella batalla contribuyó a la unidad nacional. Todo un hallazgo, la recomiendo sin duda alguna porque no sólo veremos un filme con buena realización sino que además, tiene contenidos profundos. Es de esas historias como «Las Cuatro Plumas», que uno siempre recuerda y se pueden volver a ver para emocionarse nuevamente.

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