«Amor a mares»: naufragando…

La comedia romántica siempre ha sido un género difícil para el cine argentino, por lo menos en el sentido que EE.UU. le impuso al género. En un principio era encarado de un modo teatral, folletinesco; después se giró hacia lo picaresco, la comedia cuasi erótica pero con trasfondo amoroso; para finalmente recaer en los últimos años en una suerte de telecomedia compactada y reducida  a la duración de una película promedio, es más o menos lo mismo ver una tira diaria de Pol-Ka que cualquiera de los films producidos por Adrián Suar. «Amor a mares» no es nada de esto, es un híbrido, y es que comedia romántica que pretende ser no es ni lo uno ni lotro, no es romántica y mucho menos cómica.

En su segundo film como director Ezequiel Crupnicoff (Erreway, Cuatro Caminos) desde el vamos no pretende ser original, y eso de por sí no está mal, pareciera querer lograr una película romántica común a la época, o sea televisiva, y esto se evidencia en el elenco más que nada; pero la impericia y/o falta de experiencia hace que el producto esté bajo aún para esos estándares.

Luciano Castro interpreta a Javier, un escritor que supo tener algo de fama, pero que ahora se encuentra bloqueado tras haberse separado de su mujer. Para sacarlo de ese lugar, su agente literario (Miguel Ángel Rodríguez) lo sube a un crucero en el que supuestamente se relajará y se inspirará. Lo cierto es que esto último lo logra, arriba del crucero, Javier va a vivir historias supuestamente inesperadas, divertidas, alocadas, descontracturantes, o algo así, la cuestión es que esto irá inspirando a escribir sus propios relatos en una suerte de relato dentro del relato que no termina de definirse muy bien.

El primer problema que tenemos es que pese a que el guion es muy básico y poco original, está mal resuelto, no hay otra forma de explicarlo. Las pequeñas complicaciones (necesarias para que una comedia de enredos sea mínimamente entretenida) son presentadas de manera confusa, lo mismo que el estilo de narración indefinido; presentando todo un desafío para el espectador en saber qué es lo que sucede ( alo que hay que sumarle una pronta baja en el interés).


Arriba del crucero Javier se va a relacionar con su compañero de camarote (Gabriel Goity); a una pareja quebrada (Paula Moralres y Nacho Gadano) él infiel y con pocas luces, ella, abogada, linda, e interés romántico del protagonista; y también a una veterana, Paloma (Luisa Kuliok) responsable del crucero, presentada como una mujer de armas tomar. A estos habría que sumarles el rol de Agustina Córdova como novia inquieta y demandante. Sí, los roles son de manual, esquemáticos, pero lo peor es la forma en la que son presentados, a las apuradas, sin ninguna lógica (en especial el inentendible papel de Kuliok).

Luciano Castro reconoció semanas atrás estar muy a disgusto con su actuación en la película; un gesto de autocrítica no muy común sobre todo en época de promoción; lo importante es que parece que tiene buen ojo clínico, su interpretación es lo único gracioso del film (lleno de chistes fallidos hasta la vergüenza ajena). El resto del elenco, a pesar de no haber cometido el sincericidio de Castro, está más o menos en el mismo registro, y si se disimula un poco es por la menor presencia en pantalla.

En definitiva, «Amor a mares», demuestra que tenemos que seguir trabajando en el género para ofrecer al público buenas comedias románticas. A nuestra industria local eso le cuesta, y éste es un claro exponente de nuestra falta de decisión para abordarlo como se debe.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *