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«Bronces en Isla Verde»: música del alma

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Segundo trabajo documental de Adriana Yurcovich, luego de «El ambulante»(junto a Eduardo de la Serna y Lucas Marcheggiano) que se estrena en el Gaumont, luego de su pasaje por el Centro Cultural de la Cooperación durante 2015. Un obra de registro particular, de un lugar y un evento, del que seguro, no han oído demasiado (como yo, antes del visionado del film), y que probablemente los atraiga, por la naturaleza de sus características.

Estamos en Córdoba, en un pueblito del noroeste que según el INDEC, en 2001 tenía sólo 4245 habitantes. Allí, un grupo de personas lleva adelante ya la séptima entrega de un festival bastante particular. ¿Quién podría imaginarse que en ese lugar, músicos de todas partes del mundo, vinieran a traer su arte? Esa magia, es la que llevó a Yurcovich a proponerse desentrañar los secretos detrás del evento que año a año lleva a convertir a un alejado paraje rural, en un lugar donde los bronces se juntan con entusiasmo, para celebrar un ritual único.

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Y decimos que es singular, porque Isla Verde no posee estructura hotelera ni estadios importantes que facilitaran el hospedaje y el desarrollo de este encuentro. Se resuelve, con buena voluntad, logística y amor por la música, sin dudas. El documental sigue la vida del poblado y logra captar discusiones domésticas, charlas informales y curiosas sobre la organización del festival. Todo, en un marco de observación curioso y amable.

Con sólo dos sedes para que las clínicas y recitales (el Club Sportivo y la escuela del barrio), digamos que sorprende el nivel de los invitados. Ronald Romm, Jon Sass, Brett Baker y André Cazalet, fueron de la partida en aquella oportunidad (la que corresponde al registro). Nombres que vinieron felices a compartir su talento con los locales, sin que nada más importe que el hecho de disfrutar de un intercambio fuera de lo común.

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Yurcovich no se deja llevar sólo por el registro medular de su búsqueda, sino que abre su lente para todo lo que le parece interesante. Y ahí está también la mirada hacia lo rural, que enmarca el relato y aporta muchos elementos para entender el contexto en que se da el festival de bronces.

Una curiosidad que ningún melómano debería dejar pasar. Y anoten que me dieron muchas ganas de participar de la próxima edición (como público, claro).

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