«Carlos»: Intenso thriller político sobre Illich Ramírez

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Me extrañó ver este estreno en cartelera, no porque nuestro público sea impermeable a Olivier Assayas (en ámbitos cinéfilos es un director consagrado pero no popular en nuestras tierras), sino porque esperaba que la cinta se trajera para proyectar en pantalla acorde a los pergaminos del film y no en DVD ampliado. Entiendo las restricciones de la distribuidora, que no puede traer, «cine-arte», y programarla en uno de los grandes complejos multicines que le niegan esa posibilidad… No hay espacio en nuestro país para un lanzamiento europeo, que no tenga actores muy taquilleros (debe leerse aquí, «para nuestro país») y eso lo sabemos todos… Pero es una verdadera pena que un film como «Carlos», nominado a mejor film europeo del año y ganador del Globo de Oro (ediciones 2010), a la mejor miniserie tenga que exhibirse de manera tan limitada. Ojo, yo amo ver cine en salas chiquitas y con público respetuoso (me estoy volviendo viejo y esquivo funciones donde adolescentes se tiran pochoclo y gritan descontrolados), aunque en esta oportunidad (vi la versión francesa original) lamento que una película de este calibre (y es más que una figura literal!) tenga poca difusión y nos perdamos la fuerza que emana de su relato. El relato es la de un terrorista comprometido, luchando por lo que él cree que es justo y tiene el suficiente back up histórico para atraer por la naturaleza de los conflictos que presenta.

«Carlos» es una biopic que combina suspenso, violencia y drama en dosis iguales y si bien estamos frente a una versión corta del telefilme, conserva todo el vértigo y carisma de su otro corte. Debo decir, (perdón por haberlo obviado), que esta película es una versión de 165 minutos editada especialmente para el cine. La original se emitió por Canal Plus, en Francia y fue dividida en tres capítulos, duraba 330 aunque por lo que me contaron colegas, la cinta de la que hablaremos conserva la mayor parte de las escenas claves del film pero… descarta varias subtramas y desarrollo de papeles secundarios, por lo que me quedo con ganas de verla entera. Habrá que visitar sitios especializados para conseguirla. Desde ya, se anticipa entre estas líneas, que el film me gustó mucho. ¿Por qué? Simple: no soy especialista en la cuestión que aborda pero la intensidad y llegada del personaje principal es suficiente para que «Carlos» sea un viaje memorable. ¿Para tanto? Si.

Indudablemente, todo parte de la figura del protagonista. Illich Ramirez Sánchez, famoso terrorista internacional («venezolano de vocación, palestino de vocación, cominista por convicción» – extraído de su blog) cuyo apodo corresponde al nombre en cuestión, ha sido objeto de investigación literaria en todo el mundo. «Carlos» era su apodo (aunque también se lo llamaba «el chacal») y su capacidad para hablar varias lenguas, sumado a su frialdad y su gran talento para los atentados y secuestros eran su carta de presentación. Su historia, o parte de ella, es muy particular, ya que su fuerte personalidad lo llevó a ejecutar misiones muy riesgosas y desenvolverse en ambientes muy hostiles, siempre con fuerte llegada mediática en sus apariciones. Ramirez, está preso en Francia cumpliendo cadena perpetua y denostó algunos detalles históricos del film (como por ejemplo, que el atentado de la toma de rehenes de la OPEP en Viena hacia 1975 -central en el film-, le fue pedida por el líder libio Muhammad Kadhafi y no, como se afirma en la película por el ex presidente iraquí Saddam Hussein) pero teniendo en cuenta que Illich no es un tipo confiable, todo es discutible.

La verdad es que estas cuestiones que transitan por los grises y de las que quizás nunca sepamos con precisión, cinematográficamente, no importan mucho. «Carlos» muestra como Assayas aprende de sus errores (la pésima «Boarding gate» aborda la cuestión del espionaje y el terrorismo y es de lo más pobre del cineasta galo) y utiliza todos sus resortes narrativos para que la acción no decaiga en ninún momento, lo cual es muy difícil pensando en su extensión original para televisión (cinco horas!!). En general, este tipo de productos funcionan si se encuentra al actor ideal para estar tanto tiempo en pantalla. Y Olivier Assayas dió con él:  Edgar Ramirez (mismo apellido) se calza en disfraz de Illich y hace una labor descomunal. El se apropia del personaje y lo hace su primera piel: no podemos quitar los ojos de la pantalla, es un imán el hombre y se gana el reconocimiento del público al tercer fotograma.

 Podría decirles mucho más, pero prefiero que la descubran, si el tema les interesa. Los rubros técnicos y la reconstrucción de la época, con todos sus matices ideológicos y su atmósfera inflamable, están perfectos. Todo aspecto está cuidado y se luce en el film. Verla es uno de esos momentos donde se agradece poder disfrutar de semejante espectáculo por un valor que ronda los veinte pesos. Eso si, tienen que tener curiosidad por el tema, sino quizás sea un poco larga para los espectadores más causales. Gran propuesta, pantalla pequeña (una pena).

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