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«Cómo llegar a Piedrabuena»: el jóven colectivo

Tiempo de lectura: 4 minutos

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Alejandra Marino es rosarina, productora y realizadora independiente, «Cómo llegar a Piedrabuena» es su último documental (recuerden «El sexo de las madres» y «Las muchachas», dentro de sus títulos más conocidos, aunque también ha hecho ficción) y seguramente el más comprometido políticamente.

En este recorrido al que somos invitados a transitar, encontraremos un retrato vivo de un grupo de jóvenes que creen en el trabajo social y están comprometidos con una tarea importante, en un barrio signado por la pobreza y la marginación extrema.

Marino plantea un registro simple, cotidiano, informal, de la trayectoria de un conjunto de militantes, convencidos que tienen algo importante que darle a la gente de Piedrabuena. Hablamos de un barrio de torres (al estilo monoblocks), ubicado en la Capital Federal, cerca de la Avenida Gral Paz, que tiene mucha historia en sus calles y graves problemas de infraestructura y fama de no ser un lugar de los más seguros de la ciudad (algunos colectivos dejan de circular de noche por precaución, cuentan).

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No es una zona fácil, es urbana y hay que tener en cuenta la idiosincracia propia del lugar para poder decodificarlo y poder operar (trabajar) en él. Dice Moira (una de las entrevistadas que trae su historia de vida): «la práctica colectiva te llena desde un lugar que lo individual no termina de completar».

Frase clave para entender la temática del documental, estos hombres y mujeres que no llegan a los 30, están poniendo en acto la solidaridad, compartiendo saberes y recursos, pero también, sentando las bases de ideas de organización, necesarias para la supervivencia de una comunidad desprotegida.

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Como se escucha ya hacia el final en una de las voces: «la política es para los valientes». Es cierto. Marino elige compartir las historias individuales, motivaciones y reflexiones de un conglomerado de personas de distinta procedencia (cada uno tiene un área de especialidad que aporta a la construcción del colectivo general) y dejar claro el origen del barrio y la importancia de estas prácticas sociales para apoyar a los que menos tienen.

No utiliza muchas herramientas para llevar adelante el seguimiento (hubiese sido interesante escuchar a más gente del barrio y tal vez probar algún tipo de dispositivo para la reflexión grupal de estos compañeros de tarea) pero logra atraer, por lo comprometido de la temática.

«Cómo llegar a Piedrabuena» es una muestra de lo que la jóven militancia puede generar. Seguramente no es suficiente, pero es importante conocer que existe y se lleva a cabo. Si el trabajo social se multiplica como conducta entre los que pueden llevarlo adelante, será el primer paso para un cambio radical que generará la igualdad que necesitamos para vivir en una sociedad mejor.

 

Anexo Crítica Fernando Sandro

En tiempos tan convulsionados en los que nadie parece salir indemne de la cuestión política, un documental de la estirpe de Cómo llegar a Piedrabuena resulta tan necesario como imprescindible para entender de qué se habla cuando se dice “un cambio de época”.

Alejandra Marino es una realizadora con pie firme en la ficción a través de films sensibles como Franzie y El sexo de las madres. En el plano documental, ya probó la veta política con las muchachas, y ahora arremete con todo, sin medias tintas para contar historias de militancia, actuales, pero recuerdan a algún pasado perdido.

Cómo llegar a Piedrabuena recoge testimonios de jóvenes militantes políticos que concurren a ese barrio carenciado de Capital Federal para ayudar en lo que puedan, adentrarse en el centro y estar para lo que la causa necesite.

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Piedrabuena es un barrio emblema de la Ciudad de Buenos Aires, mucho de su problemática se escucha en el film. Lugar en dónde la pobreza caló duro, en dónde los recursos escasean, y se necesita de cualquier ayuda que llegue. También es una estigmatizada, y eso se dice durante los testimonios. Muchos ciudadanos del “afuera” temen entrar, se lo considera peligroso, lo cual sólo acreciente la difícil situación.

Marino entrevista a los militantes y deja que sean ellos los que hablen. Que cada uno cuente sus historias, sus pensamientos, sus ideas, y sus conclusiones; queda claro que nada es porque sí.

Quizás en esta acumulación de testimonios vívidos falte un poco de expansión, de abrirse al barrio. La idea es que Piedrabuna sirva sólo como botón de muestra de lo que ocurre en otros lugares de características similares. Marino, no focaliza tanto en el lugar sino en los que llegan desde afuera a brindarse, desmintiendo los prejuicios, de un lado y del otro, y del tercero también.

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La impresión es clara, la directora pretende marcar un momento del país, con jóvenes creyendo en algo, lejos de aquel registro abúlico típico de los ’90; y así el trabajo en Piedrabuena es solo uno más entre otros.

Un punto interesante del documental, es su abierta idea política, sin disimulo. Esto lo convierte, aun en su simpleza y su estaticismo técnico, en un trabajo jugado. Se sabe, los prejuzgamientos, las estigmatizaciones no sólo llegan hacia quienes se encuentran en un estrato social bajo, sino también (y hasta peor) hacia quienes deciden ir a militar con la ayuda.

La sensación es simple, registros como el de Cómo llegar a Piedrabuena nos dan la esperanza de que no todo está perdido mientras haya gente que crea que hay futuro.

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