«Cosmópolis»: ese frío capitalismo…

A esta altura ya es difícil definir a un David Cronenberg único, durante años estuvimos acostumbrados a un cine suyo, propio, no quiere decir que las películas eran todos iguales (al contrario), pero sí encontrábamos en todas una marca única, algo que lo hacía reconocible. Tal vez era cierta propensión a lo impresionable, a jugar con límites de lo correcto, y por qué no decirlo, estar siempre a un paso de lo repulsivo (no hablando artísticamente, obvio) y a la vez ser hiponótico. Entonces llegó a su vida Viggo Mortensen, y las tres películas que lo tenían como protagonista marcaron una diferencia en lo que el director nos tenía acostumbrado.

Aun así algo preservaban, films violentos (sobre todo los dos primeros), más racionales, pero igual de potentes, podríamos decir que tuvimos la etapa de “Cronenberg para todos”, excelentes y mucho menos “enigmáticos” que sus obras anteriores. Esto nos lleva al presente, con Cosmópolis, donde el director pega otro “volantazo”, hasta ahora sus películas habían sido raras, fuertes, quizá inexplicables, duras, pero algo innegable es que siempre eran atrapantes… bueno, conozcan al Cronenberg aburrido.

 

Basada en un best seller de Don DeLillo, en «Cosmópolis» conocemos a Eric Packer (Robert Pattinson) un joven empresario, multimillonario, inmerso en el capitalismo. Estamos en un futuro cercano, tal vez no muy distinto a la época actual, quizá un poco más feroz. Es el fin de semana, y Eric recorre Manhattan de punta a punta, en su limusina, con el solo propósito de llegar a la peluquería y cortarse un poco el pelo. El afuera es un caos, todo se derrumba, pero Eric está abstraído, habla pavadas una tras otra, mantiene conversaciones sobre la nada y, al principio, nada parece preocuparle. Mientras tanto, en la misma limusina que lo aparta de lo externo, se cruzan diferentes personajes, socios, amantes, y esposa, y cada uno con planteos diferentes.

  DeLillo planteó el fin de una era, una crítica mordaz al sistema capitalista de su país y de la mayoría del mundo (siempre que uno crea en el poder de autocrítica de un estadounidense y más un escritor de best sellers, démosle una chance), y eso Cronenberg lo cumple, lo respeta. En realidad respeta todo de la novela, demasiado.

La crítica es terrible, la idea de que el sistema nos aleja de lo humano es palpable y está muy bien resuelta, y hasta uno podría compartirla y aplaudirla; la cuestión es la esencia cinematográfica. Pattinson es el protagonista absoluto, de presencia constante; pero ojo las amantes del romance vampiril adolescente, Cosmópolis no es una obra pasajera y liviana; es la prueba del actor para saber si realmente sabe actuar, y cumple más o menos. Cuando en las escenas se encuentra solo, es casi respetable, un poco creíble; el asunto es cuando empieza a cruzarse con otros actores. Cronenberg (al igual que en el otro estreno de la semana Bel Ami), rodeó a su protagonista de un elenco maravilloso. Juliette Binoche, Paul Giamatti, Samantha Morton, Emily Hampshire y Mathieu Almaric se suceden en pantalla evaporizando al indefenso protagonista.

Ese único traspié en la lección de protagonista no sería tanto, sino fuese acompañado por otras flaquezas que ofrece el film. Principalmente extraña su falta de ritmo, sus 109 minutos parecieran acercarse a las tres horas de duración en los ojos del espectador; es una sucesión interminable de diálogos, muchos de ellos vacíos, que al principio atrapan en su ironían, pero que al rato irritan, y lo peor, aburren, llevando al triste destino de la somnolencia.

En los rubros técnicos sí, «Cosmópolis» es un Cronenberg auténtico, el hombre sabe donde poner su ojo y esos primerísimos planos y hasta enfoques de una gota de sudor ayudan y mucho. Hasta hay algo de la repulsión de sus primeros films, ya no tanto en lo gráfico sino más en lo hablado. Entonces, lo dicho, falla en su adaptación del papel a la pantalla, que se advierte en exceso fiel, quitándole el timing que toda película necesita para no caer en el tedio.

Aún así, y con todo, es un film correcto, ambicioso, y claro en sus objetivos de crítica, quienes solo estén buscando esto (y repito, crean en la crítica de un estadounidense), no saldrán decepcionados.

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