«Crazy, stupid, love»: el amor desde diferentes edades

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No voy a hablar de Steve Carell porque seguramente ya habrán visto uno o más de sus films en estos últimos años. Es un comediante talentoso, sutil, inteligente y con pinta de tipo bueno. En Estados Unidos lo aman. Incondicionalmente. A mí en particular, excepto en «Dan in the real life» y «Little miss Sunshine», nunca me pareció un actor al que tuviera que prestarle mucha atención. No veo «The office», su mayor éxito televisivo (además de haber conducido «Saturday Live Night» un par de temporadas allá por el 2005), y no me muero cuando algo suyo se estrena. Por ende, fui al cine a ver una nueva comedia romántica (intuía que parecida en cierta manera a «Date night», no se porqué) sin mayores expectativas que las rutinarias.

Grave error.

No miré el casting en la ficha de prensa (volví hace poco de mis vacaciones y estoy un poco vago, reconozco), pero cuando empecé a ver el film me sorprendí por lo bien elegido que está en «Crazy, stupid, love». No es usual que uno vea una película donde cada actor esté exacto en su lugar. Pero es así. Teniendo un seleccionado de talentosos como este, la tarea de ensamblar una historia coral sobre el amor intergeneracional era un gran desafío. Rol que tuvieron a cargo los directores de «I love you, Philip Morris», Glenn Ficarra y John Requa. Partiendo de un buen guión pensado por Dan Fogelman (quien viene de escribir cine para chicos, como «Cars», «Tangled», «Bolt», etc) se animaron a pensar una comedia romántica poco tradicional que recuerda, lejanamente a las clásicas del género con el sello británico (se me viene a la cabeza, «Love actually»). Aunque no sería justo compararla con otras cintas que transitan caminos similares porque justamente, «Loco y estúpido amor» está estructurada para ser algo distinto. Es una película donde todas las historias que se juegan interesan, con la misma intensidad. Hecho curioso y alentador.

Cal (Carell) es un correcto padre de familia. Tiene tres hijos y una bella esposa (Emily, jugada por Julianne Moore) y vive sus cuarenta en una letanía peligrosa. Ya en la primera escena, al verlo sentado en el restaurant con sus viejas zapatillas nos damos cuenta que algo está mal. El matrimonio ha salido a cenar como tantas otras veces pero cuando llega el momento de pedir el postre, Emily estallará en un pedido de ruptura formal: quiere el divorcio. Cal no reacciona bien, apenas entiende el hecho, pero baja los brazos inmediatamente, se tira del auto (!!) en el regreso a casa al saber que su esposa le fue infiel y acepta darle la separación. De la noche a la mañana se transforma en un hombre derrotado por la vida. Sus amigos lo abandonan y debe mudarse a un pequeño departamento mientras intenta entender que sucedió.

Lo más fácil sería hablar con Emily, pero para este Cal, eso parece una posibilidad vedada.

Bebiendo en un bar dará con un seductor de aquellos, Jacob (Ryan Gosling), joven, simpático y con dinero (digno de envidia para todo hombre!) quien se conmoverá del infortunio de Cal. Claro, él se casó muy joven con Emily (a los 17, para ser más precisos) y su vida fue lineal, siempre. Siempre amó a su mujer, con lo cual pensarse en un rol distinto lo abruma desde el inicio. El galancito le explica que si quiere rehacer su vida y mostrarle a su ex que ella se equivocó, debe cambiar. Integralmente. Su imagen física, su manera de vestir, su conversación. Bah, ser otro. Y si bien a nuestro despechado protagonista le cuesta, una vez que entiende cómo funciona el juego, la maquinaria volverá a funcionar, para sorpresa de todos en la familia…

Pero «Crazy, Stupid, Love» no es sólo la historia de Cal y Emily. Hay varias subtramas más vienen creciendo con el relato de manera paralela (el interés amoroso de su hijo por la niñera, el affaire de su esposa con su compañero de trabajo, la elección amorosa de «Hanna Banana», etc) y que el guión va emparejando hasta fusionarlas con gran solidez. Lo que arranca como previsible (una historia de reencuentro y crisis matrimonial, de las que vimos cientos), va mutando en una película coral donde cada personaje tiene algo que aportar y es valioso por si mismo, independientemente de como afecte al dúo protagónico. Hay diálogos muy divertidos y reflexivos para pensar el amor en todas las edades y también mucha emoción al ver el derrotero de Cal para salir de su letanía y movilizar algo nuevo en su entorno.

Una nota especial para los secundarios Jonah Bobo (Bobby, el hijo de Cal), Marisa Tomei (Kate, una maestra singular) y Liza Lapira (Liz, la amiga de Hannah, genial). Todos traen una simpatía que desborda la pantalla. No sólo sonreimos bastante,  nos emocionamos mucho también (ya verán las reacciones en la sala). Hay una química especial en este elenco que la distingue claramente de las demás de su especie: hay humor y sentimiento por partes iguales y eso es algo para celebrar.

Finalmente, Carell y Moore generan una complicidad enorme con el espectador y sostienen el marco romántico necesario para que los demás jueguen a sorprender al público en cada vericueto del guión. Son dos grandes y su oficio les permite componer dos seres en conflicto que conectan con la audiencia logrando una identificación inmediata. El público adulto disfrutará mucho de verse reflejado en algunas conductas de estos personajes.

«Crazy, stupid, love» es una de esas películas que uno no quiere que terminen, porque la esta pasando realmente bien.

Me gustó, se dieron cuenta no? Me parece que es bastante interesante para provenir de donde proviene. Lo que no es poco. Podría criticarse que algunas piezas del rompecabezas no calzan justo si pensamos a la trama como una unidad pero, sería pedir demasiado. Hay que saludar y acompañar en la taquillas las buenas películas. Las que entretienen con honestidad y buenas ideas. Eso es lo que aquí hay. Altamente recomendable para todo tipo de público.

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