«Des hommes et des dieux» (De dioses y hombres): fe y dogma desde el campo de batalla

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«Des hommes et des Dieux» llega a nuestras salas precedida de un gran recorrido en festivales europeos en los cuales brilló con fuerza. Obtuvo el Gran Premio del Jurado en Cannes, estuvo nominada a los BAFTA (premios que respeto mucho, de la industria británica) en su año de estreno y en febrero de este año, ganó el Cesar de su país, con lo cual era un título que teníamos ganas de ver por estos lares. Reconozco que es el primer largo que veo de Xavier Beauvois, aunque por comentarios de colegas, se que no me debo perder «Le petit lieutenant» (con mi actriz favorita, Natalie Baye, a quien admiro enormemente) para analizar a este cineasta con más perspectiva.

En esta oportunidad, la historia es bastante controversial, un grupo de monjes franceses que tienen un monasterio católico en Argelia (norte de Africa) en la década del 90. Están bien integrados a la comunidad, se sienten parte y comprometidos con ella, pero a poco de comenzar la cinta advertimos cual será la arista filosa del conflicto: terroristas musulmanes comienzan a azotar la zona y se teme por la seguridad de los hombres de fe. Un grupo de trabajadores croatas son asesinados brutalmente y marcan la proximidad del peligro, las fuerzas de seguridad del lugar intentan hacer razonar a los religiosos para que abandonen el lugar. Si bien al principio ofrecen seguridad, lo cierto es que visto y considerando el estado de la situación, sabemos que eso no se va a prolongar en el tiempo. Dentro del recinto, los monjes intercambian ideas sobre cómo enfrentar lo que acecha. Algunos están intranquilos, otros, perturbados. Pero lo cierto es que siguen realizando sus labores diarias y no alteran su rutina a pesar de las severas advertencias de un posible atentado en su contra. De más está decir que son el blanco perfecto, profesan una religión opuesta a la de los terroristas y encima tienen un médico en sus filas, con lo que se vuelven apetecibles en el momento en que los combates arrecian.

 

Como espectadores, lo que al principio es una observación distante se va transformando con el correr de los minutos en una genuina empatía con la lucha de estos hombres. Nos sentimos dentro de esa comunidad (el ritmo pausado y la contemplación de las tareas simples nos lo hacen sentir) y Beauvois dibuja con gran solvencia la entrega de fe de estos hombres. Elige largos silencios para subrayar la armonía que se emana de la convicción y nos ubica dentro del corazón de esta pequeño grupo de creyentes. Seremos testigos de los claros y profundos debates acerca de la misión que ellos intentan sostener y acordaremos con la honestidad espiritual que ellos pregonan a la hora de tomar decisiones. Es claro el mensaje y sentido del director, en estos tiempos turbulentos, donde los valores parecen haberse perdido (irremediablemente), hay sujetos que consagran su vida a Dios y a sus semejantes. Y esto que está presente a lo largo de los tiempos, parece tan extraño hoy en día… En cada fotograma, hay trazos de humanidad pura, que se traslucen en gestos de dolor, pena o incertidumbre. La violencia que el hombre utiliza para expresar sus ideas cada vez acosa más el objetivo de estos religiosos y sobre el cierre, un potente pero previsible cuadro termina por cerrar la tesis del director, nadie es peor enemigo del hombre que el hombre mismo. 

 

«Des hommes…» es un film elegido por muchos religiosos (de diversos credos) para mostrar el poder de la convicción humana cuando está alineada con Dios. Este es sin dudas, un film que transita esos luminosos caminos y da material para la discusión. En términos estrictamente cinematográficos es bastante lento, austero y metódico, a tono con los personajes que lo habitan. No es una de esas películas que nuestro público elige aunque sus valores son interesantes y su propuesta está bien contada y mejor actuada. Lambert Wilson (Christian, el líder de la comunidad) y Luc, el doctor (Michael Lonsdale – a quien recuerdo por su rol del inquisidor general en «Los fantasmas de Goya» de Milos Forman-) se llevan merecidas palmas por su gran trabajo. El resto del cast acompaña con solvencia y recato (la trama así lo requiere) y el equipo técnico establece un encuadre con pocos elementos (ideal para una obra de teatro) que cumple perfecto como ambientación del episodio.

En Francia fue vista por más de 3 millones de espectadores y aunque la cifra sea sólo un número de referencia, lo cierto es que sorprende saber que una historia de este tipo han tenido tanta audiencia en Europa. Se ve difícil que tenga éxito por su temática en nuestro país, máxime en la época en que se estrena.

Por lo pronto, si pueden dejar de lado el cine comercial puro y las demandas de los niños que empujan para otros títulos en cartel (a días de las vacaciones de invierno en Capital Federal), es una excelente opción si el género dramático es lo de ustedes. A mi me gustó mucho, aunque reconozco que no es un film de los que uno elige al primer vistazo en cartelera… Denle una oportunidad, si les gustan las buenas historias.

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