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«El color de los sentidos»: Percepciones animadas de un mundo real

Tiempo de lectura: 3 minutos

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Hay películas que, tristemente, llaman la atención por una cuestión que no debería ocurrir, la tardanza con la que se estrenan. El cine argentino tiene larga data sobre estas “anécdotas”, films que han tardado hasta 30 años para ver la luz.

«El color de los sentidos» entonces, sorprende primero por eso, por ser una producción de 2004, que estuvo a punto de estrenarse en 2006, tuvo algunas exhibiciones fuera de lo comercial, y ahora, casi 10 años después encuentra un lugar (muy pequeño, en una sola sala en un solo horario de mediodía como si fuese un film infantil, que ciertamente no es).

Sus realizadores ya han recorrido un largo camino en el medio, hablamos de los talentosos Liliana Romero (que ahora se encuentra en la producción de la serie de TV estadounidense Glee) y Norman Ruiz; una dupla que realizó con esta su primera incursión en el largo cinematográfico para que luego llegaran las recordadas «Fierro» y «Cuentos de la Selva» (esta afectada por muchísimos problemas de producción y presupuesto).

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Romero y Ruiz se han especializado en la animación logrando resultados interesantes con un presupuesto inexistente para la media de este tipo de películas, lo cual realza su oficio; y hay que decirlo, El color de los sentidos es quizás la mejor de sus producciones, sencillamente porque sorprende al espectador.

Como ya aclaré no estamos frente a un film dedicado al público infantil, sí de animación, o en este caso de mezcla de acción real con animación, pero con una historia y un ritmo propicio para un público adulto, más aún para amantes del arte en todos sus aspectos.

En sus dos películas posteriores, los directores han mostrado capacidad para borrar un límite entre lo adulto y lo infantil, con una mezcla de géneros, ritmos y mensajes, pero «El color de los sentido»s es una película que directamente respira cultura y conocimiento artístico. La historia, por llamarlo de algún modo, es la de Bruegel (Vando Villamil), un pintor, quizás acual, atemporal, con una suerte de bloqueo creativo o falta de inspiración.

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En esa búsqueda comienza a revivir las grandes obras de pintores argentinos… literalmente, se adentrará en ellas e irá encontrando esa inspiración que le falta mientras interactúa con diversos personajes. Por ahí pasarán Berni, Cándido Lopez, Quinquela Martin, entre otros, y cada uno, con sus obras le dejarán “enseñanzas”, artísticas y de vida.

En el medio de un film de Eliseo subiela, Jorge Polaco y cierta inocencia de un film infantil, Ruiz y Romero van desarrollando el relato que importa más por la belleza virtual que por las palabras, que, pueden hacer recordar a una forma de narración de nuestro cine antiguo con toques declamatorios.

Tampoco estamos ante un film de actores, algunos pueden tender a la sobreactuación, y es que el marco se los permite. De un lirismo absoluto, destaca una animación simple pero cuidada que recrea las famosas obras hasta hacerlas realidad.

No es común encontrarnos con un film como «El color de los sentidos», una obra tan particular como personal, así como tampoco es normal que una película, cualquiera que sea, tarde tanto tiempo en poder tener su estreno comercial; a la luz de los años, las visiones y las opiniones pueden ser otras.

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