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«El desafío»: «Big Brother», en el Delta

Tiempo de lectura: 3 minutos

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Tomando como punto de partida la irrupción de un reality show del mismo nombre «El Desafío» (Argentina, 2014) plantea con simpleza una historia de amor que se va trabando y obstaculizando hasta la resolución (apresurada) final.

Juan (Nico Riera) y Hernán (Gastón Sofritti) son dos jóvenes huérfanos que debieron postergar sus sueños (cantar/competir en deportes acuáticos) al quedarse huérfanos y tener que llevar adelante un negocio familiar.

El parador en el medio del delta que llevan adelante por herencia, en los últimos tiempos les está trayendo más problemas que beneficios económicos. Pero cuando la productora del reality talent «El Desafío», Julieta (Rocío Igarzabal) decide contratar el espacio para realizar las transmisiones desde allí ellos ven la posibilidad de saldar las deudas y además hacer conocido al lugar. Pero todo se complicara con la llegada del conductor (Diego Ramos) quien además de ser un déspota autoritario con la producción comenzara a chocar con Julieta y querrá realizar los envíos del reality desde otro lugar.

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En el medio Juan y Hernán se enamoran perdidamente de Julieta, y se pelearan por el amor de ella, quien además sufrirá en el medio una crisis profesional por lo que la decisión de con quien quedarse también estará determinada sobre que hará con su carrera. Vueltas del guion Julieta descubrirá el talento secreto de Juan, el canto, e intentara a través de El desafío darle la oportunidad que el destino no quiso.

«El Desafío» es una película pequeña, destinada a un público bien concreto, y que no posee secretos en la superficie o en las capas narrativas que la instituyen, pero lamentablemente no supera su propuesta.

El trazo grueso en algunos personajes secundario (por ejemplo en el de Darío Lopilato, torpe amigo de los protagonistas, y que lo único que hace es reiterar el Coqui Argento de «Casados con Hijos») el estereotipo (la exageración del personaje de Ramos, la exhibición del torso de Riera ), el lugar de reconocimiento del verosímil fílmico (chico bueno/chico malo en filme romántico juvenil), frases y diálogos afectados (“Juan es como el rio, tiene su propia correntada, y si no estás bien parado te puede tirar al piso”) son solo algunos de los muchos lugares comunes del filme.

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Pero con esto no se quiere decir que como discurso “El Desafío” esté mal, todo lo contrario, sus premisas son fundadas en las mismas ideas que la originan y seguramente habrá placer de genero para aquellos/as que se acerquen a las salas. Hay un juego maniqueo sobre la farándula y la fama instantánea que nunca termina por definirse (está bien o está mal) y que funda la propuesta.

Este punto se ve reflejado, en parte, en la participación de German Tripel, anteriormente miembro de Mambrú, boy band surgida de Pop Stars. Hay un chiste que nunca termina de aprovecharse. Juan Manuel Rampoldi apuesta a lo seguro y se podría haber arriesgado más en cuanto a la exageración de algunas situaciones o acciones que podrían haber sumado desde la parodia (¿cuantas veces se saca Nico Riera la remera?) más vuelo a la propuesta.

Entretenimiento para fanáticas de los galanes protagonistas «El Desafío» bucea en la TV y repite sus formas para construir un filme simple y que dentro de lo que presenta se esmera más en la puesta que en el contenido y ese es su punto más flojo.

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