«El vagoneta en el mundo del cine»: los 4 fantásticos (del barrio)

Tiempo de lectura: 3 minutos

Seguramente ustedes ya saben que «El vagoneta» fue una serie web que tuvo relativo éxito hace un tiempo. La historia de cuatro amigos que no llegan a los 30, pibes bien de barrio, perdedores natos, atrajo mucho la atención del público adolescente y propició las condiciones para su llegada a la pantalla grande. Convengamos que hacer comedia hoy en día en Argentina no es tarea fácil. No abundan los guiones atractivos, la verdad. Prima lo simple y directo, con actores consagrados en la tevé y poco más…

Lo primero que hay que decir es que el tono de esta propuesta se enmarca en los films tan de moda en los EEUU sobre amigos frustrados, con vidas ordinarias, que intentan romper la monotonía de alguna manera. No tan fuerte como los nuevos exponentes de la NCA, es cierto, pero con algunos elementos que marcan esa influencia, típico cine de «losers». Aquí, Matías, Ponce, Rama y “el Gordo», los amigos que llevan adelante la historia, representan cabalmente este enfoque. Ahora, de ahí en más, es trabajo del libro ofrecernos un recorrido simpático y ameno por sus desventuras. «El vagoneta en el mundo del cine» parece ser un capítulo más de aquella serie, pero extendido. Y por supuesto, con mucho apoyo de amigos y famosos.

Trabajar para mucha gente es sinónimo de frustración. Para los cuatro fantásticos de Saavedra, una condena. Ellos buscan hacer dinero de manera fácil, legal y con poco o ningún esfuerzo. Mirando desde su terraza cierto día, descubren que la ciudad está llena de carteles (publicidad gráfica) que presuntamente dejan buena plata para sus propietarios. Así es que arman un negocio entre ellos, pasan a ser propietarios de uno y esperan que el dinero aparezca rápidamente.

Pero claro, algo tiene que salir mal. Un organismo de control de avisos en la vía pública les informa que si en dos semanas no logran colocar publicidad en el cartel, el mismo deberá ser desarmado, acabando la inversión de la banda en poco tiempo. Como ellos no están dispuestos a perder su sueño, miran con atención a su alrededor y se dan cuenta que cierto film («Un tanque») tiene mucho espacio en los carteles de la zona. La idea entonces será ir a buscar al dueño/productor/distribuidor de la película y ofrecerle anunciar en su espacio.

Toda la película girará entonces sobre este camino, dar con la persona indicada, quien se encuentra en el Festival de Cine de Mar del Plata, a donde ellos deben viajar para poder cerrar la operación.

El problema de estos «vagonetas», es que no tienen gracia. Es decir, si bien la película arranca muy bien (lo absurdo y delirante de la propuesta enmarca con los primeros cameos y entusiasma de verdad), con el correr de los minutos vemos que los cuatro personajes principales no poseen artistas que los destaquen y le den peso al film. Se los nota en un registro demasiado a la «Wes Anderson» (parecen languidecer en pantalla, diciendo líneas casi como robots), y el prometedor inicio va perdiendo fuerza con los minutos. El film transcurre como una sucesión de pequeñas anécdotas, sin mucho relieve, que se van produciendo hasta que el grupo llega a su destino. Es cierto que la propuesta indaga, superficialmente, en el acceso al mundo del cine y sus características. Desde lo declarativo, eso aparece (hay líneas simpáticas sobre el destino de la industria) pero no con la fuerza necesaria para generar una crítica ácida y jugosa…

Son pocos los gags efectivos y muchos nacen de las pequeñas apariciones de actores invitados, así que el resultado está lejos de ser aceptable… aunque es importante destacar que si sos fan de la webserie, quizás el universo te sea familiar y lo disfrutes. En lo personal, creo que había potencial para más, pero en el balance final, los amigos terminan promediando por debajo de lo esperado…

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