«Graba»: gélida Paris para una extranjera singular

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Llega a salas porteñas, “Graba”, propuesta que participara de la selección oficial del festival de Mar del Plata el año pasado, dirigida por Sergio Mazza y protagonizada por Belén Blanco. El tema sobre el que gira la historia, es el de un recorte en la vida de una inmigrante local en tierra gala y su relación con un ocasional locador quien le abre las puertas de su casa para compartir espacio y rutinas.

Pero no es sólo desarraigo el tema que atraviesa la cinta, lateralmente aparece la pérdida de hijos y cierto tema de incomunicación que va más alla de lo idiomático…

Conocemos a Maria (Blanco) y Jerome (Antoine Ronan Raux). La primera trabaja y no puede sostener el lugar de alojamiento. Sus papeles no están en orden. A pesar de tener pasaporte (su visa es de turista, parece), sus tramites migratorios detienen su permiso laboral y a poco de comenzar el relato, vemos que estos problemas (el trabajo la sostiene) van a influir decisivamente en su vida.

La idea es que ella es argentina, escapa de cuestiones muy personales (algo anticipamos) y es hermética y solitaria. Tiene clara conciencia de cómo encarar su subsistencia en el lugar y es metódica con su dinero y hábitos. Al no tener lugar para vivir, da con Jerome (Raux), quien tiene un cuarto libre porque se acaba de separar y su ex se llevó a su hijo pequeño a vivir con ella.

 

Los dos comenzarán a vivir juntos (como locatario e inquilina) y trabarán una relación compleja en la que simbólicamente veremos como ámbas culturas difieren en su manera de enfrentar el mundo. Paradójicamente, María y Jerome comparten mucho, desde lo actitudinal, y su manera de vincularse tiene muchas aristas fuertes para observar con detenimiento.

Mazza acompaña a María todo el tiempo con cámara en mano. Los paisajes de una helada París refuerzan la imagen gélida de Blanco y le ponen melancolía a la cinta. Hay una marcada tristeza que va mutando en dolor a medida que avanza el relato. Si bien la caracterización de Blanco es correcta (y jugada, en cierta manera), contrasta con la pobreza interpretativa de Jerome, quien le quita fuerza al conflicto, mostrando una máscara plana que impide que la historia cobre cuerpo. No crean que es porque es europeo y juega con un estereotipo. Falta vida interna que apoye sus líneas y cierta monotonía en su expresión, desalientan bastante al espectador.

Un producto nacional que suma,  por los temas que se juegan en la cinta, aunque de difícil visión: tiende a ralentizar alguna ilusión de movimiento. Lo cual, viendo la actuación de Blanco, nos parece una pena. Con algunas correcciones en el libro y un compañero protagónico de fuste, seguramente habría sido una gran pelicula. Pero no lo es.

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