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«Grudge Match» (Ajuste de Cuentas): La revancha es un plato que se sirve mejor en el ring

Tiempo de lectura: 5 minutos

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Verlos a Stallone y DeNiro de nuevo vestidos de boxeadores es muy fuerte. Dos tipos que solían ser “los duros” que ahora parecen unos vejetes es una estaca al alma. Pero superando ese obstáculo inicial, uno es testigo de cómo logran entre ambos sostener lo que al principio era insostenible.

La cosa es así: Razor (Stallone) y Kid (DeNiro) eran rivales en sus años de boxeadores profesionales tres décadas atrás, cada uno de ellos perdió una sola vez y fue contra el otro. Un día Razor se retiró del boxeo profesional sin dar muchas explicaciones y Kid, furioso, lo odió profundamente por no haberle dado la revancha. Para crear esta situación, la película cuenta con “imágenes de archivo” que son, nada más y nada menos, un poco de Rocky y un poco de Toro Salvaje (a color). Para completar la ecuación: hay un problema de polleras en el medio y es que Kid hace 30 años decidió meterse con la novia de Razor, Sally (una siempre hermosa Kim Basinger).

A medida que avanza el film vemos que son dos viejos que están de últimas, ya sea en lo económico o en lo afectivo y que viven de antiguos rencores y miedo porque nunca más lo superaron. Cuando ambos se encuentran para grabar voces y movimientos para un videojuego y tienen una pelea bastante patética (vestidos de verde y todo) y se viraliza, empiezan a preparar, finalmente, el partido de revancha.

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En el trayecto de la peli hay muchísimos guiños a trabajos previos de ambos, y contamos con Alan Arkin como secundario que es impecable. No hay momento de comedia que no se robe ni línea dramática que no te conmueva. Él, junto a DeNiro, logran darle forma a la película sin problemas. Pero lo de Stallone no es menos meritorio. Siempre me sorprendió que alguien que tuviera tan poco talento, supiera explotarse tan bien. Él creó Rocky para sí mismo y este Razor sigue la misma línea. No hay forma de no quererlo.

Peter Segal, el mismo que estuvo detrás de cámara para Locos de Ira y Como si fuera la primera vez, logra manipular al espectador que jura que va a ver una basura, pero a la mitad se engancha con los personajes, se ríe y emociona en cada uno de los momentos y, antes de que se dé cuenta, no sabe por cuál de los dos hinchar en la batalla final.

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No les voy a negar que ver a Bob sin remera es muy fuerte porque nada resulta menos intimidatorio, pero las coreografías de boxeo y los efectos sonoros que agregan los golpes después, manejan bastante dignamente el tema. A lo mejor no sea la película más esperada ni la que recuerden mucho tiempo, pero los que crecimos viendo sus pelis en los 80s, salimos con el corazón en la mano y la sonrisa puesta.

Anexo de Critica por Rolando Gallego

Seguramente no quedará en la historia del cine como un exponente del género pugilístico, pero sí como una comedia entretenida que logró fusionar a dos clásicos de filmes de boxeo como “Toro Salvaje” y “Rocky” y a sus protagonistas, Silvester Stallone y Robert De Niro (éste último cada vez más orientado hacia el cine cómico).

El realizador Peter Segal (“Super Agente 86”, “Golpe Bajo”) trae en “Ajuste de Cuentas”(USA, 2013) a estos monstruos de la pantalla grande en plan boxeadores retirados, que se odian entre sí y que deciden darse una revancha ya entrados en años (muchos).

Henry “Razor” Sharp (Stallone) y Billy “The Kid” McDonnen son convocados por Dante Slate Jr. (Kevin Hart) para un último encuentro en el que podrán sacarse las ganas de destruir al otro delante de miles de espectadores.

Luego de muchas idas y venidas, los gerontes peleadores, deciden aceptar el match y se dejan utilizar (de las miles de maneras que se los pueden utilizar comercialmente en una sinergia sin igual) como centro de atención para poder de esta manera sumar adeptos a la contienda y ganar más dinero.

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El por qué de la eterna rivalidad entre ambos será revelado al promediar la película, una mujer (Kim Basinger), por la cual hasta uno de ellos decidió alejarse para siempre (nunca digas nunca) del mundo del box. Pero esto será sólo una excusa para presentar otras problemáticas (no ya la de la infidelidad) como la paternidad y el orgullo por aquello que se perdió, que impulsan al filme hacia un lugar más dramático.

La propuesta de la pelea los encuentra en diferentes lugares. 30 años después del último match cada uno de ellos posee un estilo y un status de vida bien diferente y contrastante. Razor es un austero empleado de una empresa metalúrgica con apenas el dinero para llegar a fin de mes (y con deudas, muchas, por cancelar). The Kid es opulento, con una dinámica de vida que incluye mucho alcohol y mujeres.

Así, entre ambos, las mismas diferencias que los separan serán las que irán fortaleciendo cada una de las decisiones que deberán tomar para poder encarar la pelea de la mejor manera.

La película posee un adicional, que es la utilización de viejas imágenes de archivo para desnudar la comercialización de la contienda con escenas que desmantelan el negocio detrás de este “deporte” (avisos, exageración de los mensajes en las publicidades, etc.).

La exposición mediática, la viralización de los escándalos, el consumo de televisión basura, son algunos de los tópicos trabajados con humor en una película con dos actuaciones contundentes (más la de De Niro que la de Stallone) pero que no bastan para suplir algunas lagunas en el guión y una dirección y puesta en escena básica (esperamos toda la película el match final entre Razor y Kid y Segal lo muestra con una simpleza que hasta genera aburrimiento).

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El otro tema vector de todo el film es la vejez, trabajada desde la “actividad” versus la “pasividad”. Los dos boxeadores, cada uno en lo suyo, son mostrados como seres mayores pero vitales, mientras que, por ejemplo, el personaje del entrenador de Razor llamado Louis Conlon (Alan Arkin), es una persona muy grande, que no oye ni puede caminar y con el único fin en su vida de ver “Dancing with the stars” (“Soy una persona mayor, tengo que ver Bailando con las estrellas”, grita).

Bromas sobre los cuerpos de los boxeadores (“cuando saltas parece que tuvieras senos de Baywatch”, le dicen a “Kid” De Niro), o un examen pre pelea que incluye un “tacto” particular a Stallone para saber el estado de su próstata), reflexiones sobre la fama, y principalmente la búsqueda de la identidad a través del esfuerzo, permiten que por algunos momentos “Ajuste de Cuentas” vuele en un intento de construir un discurso más allá de la obviedad pero no le alcanza. Stallone correcto y De Niro impagable.

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