«Insidious»: terror bien logrado al estilo de la vieja escuela

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Ya he dicho en ocasiones anteriores que me gusta el gore, y también la onda del lejano oriente plagada de fantasmas y espíritus varios… Me parece que hay una renovación generacional del género terror y está bueno conocer a directores y productores que aportan ideas nuevas en época de vacas flacas. A veces voy a algún videoclub surtido y veo cientos de películas mediocres que jamás veré a pesar de ser un seguidor consecuente. Hay que acordar que es difícil ver algo original y cuando aparece, apagamos la luz y nos predisponemos a disfrutarlo en las mejores condiciones posibles. Una sala a oscuras. Eso es lo que hay que hacer con «Insidious» («La noche del demonio»), sin dudas.

James Wan es un profesional enrolado en lo que algún crítico americano llamó el «Splat pack», nombre que hace referencia a un grupo de directores cuya visión del género es violenta, sangrienta y que tienen predilección por el impacto visual. Wan hizo «Saw» y la tremenda «Dead sentence», en que incursiona fuera del terror y se mete con los crímenes urbanos sin sentido. O sea que dentro de esta camada de gente, (anoten: Alexandre Aja -Pirañas 3D, sin ir más lejos-, Eli Roth, Rob Zombie, bueno, se dan una idea no?), consideren a Wan un tipo no tan radical y poseedor de intereses que van más allá de mostrar destrucción en los cuerpos. Hay en él un sujeto preocupado por contar buenas historias. Y aquí, demuestra que puede hacer más que filmar vísceras en primer plano.

«Insidious» es un regreso a la vieja escuela, en el sentido que aquí no tendremos una carnicería al estilo «Saw» ni tampoco una bucólica y densa historia al estilo «The ring» o «The grudge». Por el contrario, apoyado en el excelente guión de Leigh Whannell (también de la saga de Jigsaw), Wan absorbe y condensa todas las influencias actuales en el género («Paranormal activity») y las combina con las clásicas («House», «Nightmare on Elm Street») para moldear una historia que pone los pelos de punta de sólo pensarla, ergo, acomodarse en la butaca y nunca perder de vista que estamos en manos de expertos.

La historia es la de una familia, integrada por  Josh y Renai (Patrick Wilson y Rose Byrne, de destacada labor) quienes se mudan junto a sus dos hijos, Dalton y Foster a una casa en los suburbios. De movida, sentimos que algo pasa en la casa. Pero lo que al principio se insinúa como un problema con la vivienda en sí (una típica casa embrujada), pronto se transforma en una cuestión más compleja, cuando Dalton extrañamente cae en un coma profundo y los médicos no entienden la razón. Su madre vive atormentada por las apariciones que percibe en su hogar pero cuando logra que su marido acceda a su pedido de mudarse, nada cesa, sino que se profundiza. De aquí en más, sólo podemos anticipar que la segunda hora de la película es de lo mejor del género en mucho tiempo. Wan no apela al dolor físico ni nos muestra cuerpos sufrientes, sino abre la puerta a otra dimensión y nos invita a recorrerla, con las luces apagadas. La trama se vuelve sobrecogedora y nos atrapa hasta el sorprendente final, donde todos los interrogantes se resuelven en un frenético cierre acorde al climax que hábilmente se había tejido desde el primer fotograma.

Me atrevo a decir que «Insidious» es una película para cualquier tipo de público. Es inteligente, cuidada y lógica en su progresiva secuencia, por lo que califica para espectadores que no son adictos al género. Muy buen estreno y una gran novedad en cartelera, ideal para vivir en pantalla grande.

 

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