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«La cáscara rota»: el huevo podrido

Tiempo de lectura: 2 minutos

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Dependiendo de cómo se lo tome, el documental de denuncia es un género con el cual cuesta mucho no comprometerse. Florencia Mujica debuta en la dirección con una apuesta fuerte, hablar del ocultamiento detrás de la explotación laboral – esencialmente infantil – dentro del trabajo rural; y ya desde el primer minuto uno sabe que lo que presenciará será movilizador.

En 2010, Ezequiel Ferreyra de seis años, falleció de un tumor cerebral, trabajaba en una de las mayores empresas avícolas del país. Mujica toma este caso como punta de lanza, pero se desplaza hacia más atrás.

Precisamente dos años antes, 2008, cuando dos inmigrantes provenientes de Bolivia llegan a un estudio jurídico para realizar una tímida denuncia. Poco a poco, a medida que avanzamos, aquella denuncia se irá agrandando hasta llegar a demostrar una realidad tan terrible como perturbadora, una verdad que no puede ser callada.

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Se sabe, es vox populi y se denunció hasta el cansancio en diferentes plataformas, el trabajo rural es uno de los empleos que mayor explotación recibe, con un gran porcentaje de trabajadores no registrados, condiciones infrahumanas indescriptibles, y muchos intereses corriendo por detrás logrando que quienes tienen que tomar cartas en el asunto más de una vez hagan la vista gorda. Entonces, Mujica, viene a aportar un granito de arena más al esclarecimiento.

La cáscara rota es un documental que penetra, busca que nadie quede indiferente y lo logra con las mejores armas, las narrativas. Casi como si fuese un caso policial, en realidad es algo mucho más grave, lo que se muestra en pantalla tiene el peso de la contundencia, atrapa y logra que el espectador lo siga atentamente sin poder despegar los ojos de la pantalla.

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Su estructura es formal y resuelta de modo correcto, como suele suceder con este tipo de documentales, se sabe, lo que se tiene para contar es mucho más trascendental que el cómo se plasma en imagen; aun así, se eleve por sobre otros trabajos de denuncia manteniendo un ritmo sostenido y coherencia en el paso a paso.

Hay en el trabajo de Mujica inquietudes en mostrar soluciones, salidas, mostrar que los propios trabajadores pueden hacer algo si se movilizan, si empiezan a romper ese silencio, ese huevo, en el que los metieron.

Con el peso de la verdad irrefutable, y de imágenes de muchísima potencia, La cáscara rota se convierte rápidamente en uno de los mejores documentales en lo que va del año. Solo queda esperar que las voces empiecen a ser escuchadas.

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