Laimagenperdida_1_ew

«L’image manquante» (La imagen perdida): el registro de la historia

Tiempo de lectura: 4 minutos

Laimagenperdida_1_ew

¿Cómo poder recuperar la memoria en imágenes? ¿Cuál es el mecanismo mental a través del cual los recuerdos transforman vívidas sensaciones en conceptos más abstractos? ¿Cómo reinterpretar la historia a partir de objetos ajenos al momento que se quiere narrar? ¿Cómo entender un drama que marcó a fuego a una generación completa a partir de la coacción y la sangre?

Algunas respuestas se pueden encontrar en «La imagen perdida», intenso documental de 2013 del realizador Rithy Panh, y que tras un largo periplo festivalero y de premiación finalmente llega al país comercialmente.

En la historia de «La imagen perdida» (Francia/Camboya, 2013) hay simpleza, lo que no quita que el dolor que se quiere transmitir también lo sea, porque el director desea poder plasmar con registros reales el genocidio que se vivió en Camboya entre 1975 y 1979 de la mano de los jemeres rojos.

En ese período alrededor de dos millones de personas perdieron la vida y otras tantas fueron obligadas a trabajar en el campo, despojadas de sus viviendas y posesiones, por un régimen autoritario que impedía cualquier atisbo de humanidad en las acciones.

Laimagenperdida_2_ew

Panh buceó durante años en archivos, porque para él, más allá de lo que podría recrear o contar, la imagen capturada de los ejércitos accionando en los cuerpos sería el propulsor de la narración y de la historia.

Pero en esa búsqueda el director realiza otro recorrido, para poder no sólo encontrar imágenes de la época, sino, principalmente, que esa misma búsqueda le pueda devolver algo de su identidad y la de su pueblo, que, diezmada, sigue hundida en la oscuridad tras haber sido apropiada de la peor manera, la más descarnada y dolorosa.

Pero al no encontrar nada documental, y frente a su necesidad imperiosa de poder de alguna manera legar para las nuevas generaciones un registro de los acontecimientos, es que decidió, a través del relato en primera persona y la utilización de unas pequeñas esculturas de arcillas, recrear el período, inspirándose en hechos y acontecimientos que marcaron su vida personal.

Laimagenperdida_3_ew

A simple vista los muñequitos miran a cámara, ocupan el lugar en el que alguna vez un ser humano estuvo parado frente a cuerpos que les exigían un doloroso retiro de plusvalía, sangriento, irracional, en el que nada valían como personas ante las innecesarias decisiones tomadas.

El alma, el ser humano, la ontología de la racionalidad ante el hambre, el cuerpo que duele y pesa, el beber barro como un animal ante la eterna sed y falta de alimentación, transformando a todos en cuerpos ajenos, no propios, deshumanizándolos hasta el hartazgo.

Porque en la tierra que huele a muerte, en el agua que emana hacia la misma superficie y que comienza a contener los cuerpos de los millones de asesinados por uno de los regímenes más sangrientos que alguna vez supo existir.

«La imagen perdida» se erige como un contundente relato sobre algo que en un momento marcó a fuego a una generación y que, básicamente, es necesario reparar para nunca más volver a vivirlo en carne propia y ajena.

Anexo de Crítica por Pluma Paz

Parte de lo que vemos en esta triste y violenta historia podrá encontrarse en la ficción bajo el título de «Los Juegos Del Hambre». Como dicen, la realidad supera la ficción y Rithy Panh, el documentalista más famoso de Camboya, nominado en 2014 por esta misma película, nos lo muestra de una manera que hace posible tomar contacto con las atrocidades del régimen del Khmer Rouge y Pol Pot al frente ellas.

En cuatro años se destruyó un pueblo, se lo adoctrinó y se le enseñó a aplaudir a un dictador para no morir. Algunos se atrevieron a desafiarlo, como el padre del narrador, que se fue apagando en una huelga de hambre, alegando que lo poco que recibían no era comida digna para una persona; también vio morir a su madre y a sus hermanos; sólo quedó él como testigo del horror, buscando la imagen perdida.

Laimagenperdida_4_ew

El régimen predicaba una sociedad perfecta, sin división de clases sociales y ellos eran la contradicción misma, al ejercer un poder que esclavizaba y quitaba hasta el derecho al agua y al alimento.

Qué es la imagen perdida, entonces. Es la pregunta que sobrevuela este filme hecho con composiciones donde los actores son pequeñas estatuillas de arcilla, agua y pintura, tan expresivas como protagonistas de carne y hueso.

El artesano las va moldeando y las vemos entrar en acción, primero en el ideal, en el recuerdo de una infancia feliz, donde el realizador, cuenta que en ese momento él pudo aprender y ver cómo se hacía cine y los mundos mágicos que éste creaba en la primera época.

Laimagenperdida_5_ew

Luego, llega un tsunami político que barre con esa felicidad y allí, estos pequeños muñequitos se entrelazarán con recortes de películas rescatadas de la barbarie en los que se ve, en colores los bailes, las risas y en blanco y negro el horror y sus actores.

Es una lástima que tenga tan poco espacio para ser vista, lo merece por la factura y por los contenidos. Una obra de arte para que no se repita la historia y para homenajear a tantos que fueron olvidados, los que constituyen de cierta manera la imagen perdida, aquélla que quedó en la retina del sobreviviente y que no puede llegar a plasmar fehacientemente ni en fotografías ni en el cine porque es algo muy propio, muy doloroso, algo que quiere olvidar pero que debe recordar para que nadie vuelva a vivirlo.

No votes yet.
Please wait...

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Follow by Email
Facebook
Twitter