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«La loi du marché» (El precio de un hombre): un corsét social que asfixia

Tiempo de lectura: 2 minutos

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Mi reflexión es que los departamentos de Recursos Humanos son los menos humanos de todos los departamentos de un negocio y este filme de Stéphan Brizé lo reafirma. Thierry es un hombre en sus 50s, se quedó sin trabajo, está casado y tiene un hijo con dificultades motrices. Lo vemos luchando por hacer algo de su vida mientras en las oficinas de empleo y los sindicatos le ofrecen cursos que sólo abultan su currículum y no le aumentan las chances de obtener un empleo. CV más extensos no son sinónimo de experiencia.

A medida que pasan los minutos vemos cómo la vida y «la ley del mercado» (tal su título original) le van marcando a Thierry cómo comportarse para obtener un empleo y ordenar sus finanzas para que su muchacho pueda entrar a la universidad, su esposa sea feliz tomando con él clases de baile y poder cambiar el auto, nada del otro mundo.

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Todo esto exige del personaje un modus operandi que va mimetizándolo con la realidad para conseguir un puesto de lo que sea y ganarse la vida dignamente.

El director parece haber tomado mucho de Laurent Cantent en «Recursos Humanos» y «El Empleo del Tiempo», también podríamos decir que «El Precio de Un Hombre» nos remite al primer Trapero de «Mundo Grúa» en blanco y negro. Lo cierto es que cosechó 2 importantes premios en Cannes 2015: el galardón del público y una mención especial del Jurado Ecuménico que hace hincapié en esta encrucijada del sistema del que muchas veces somos cómplices y dejamos de actuar con dignidad ante la lógica del mercado.

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Filmada en tono independiente, con el foco permanente sobre el actor Vicent Lindon, que también fue premiado como mejor actor en Cannes por esta película, seguiremos a su Thierry atravesando un calvario en donde la negociación se transforma en imposición y la incógnita será hasta dónde estará dispuesto este hombre a sacrificarse si es que vale la pena hacerlo.

Una obra que merece ser vista con una lupa sobre lo social y las consecuencias de un manejo deshumanizado donde el «no robarás» y la corrupción en pequeño son una interpelación al público a ponerse en los zapatos de Thierry o de cualquier otro que tenga su trabajo. Una propuesta para pensar. Buen cine con mucho contenido.

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