«L’arnacoeur» (Rompecorazones): respetar las reglas no siempre suele ser una buena señal…

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Lo primero que me pasó viendo «L’arnacoeur» es pensar en cuan parecida era su estructura no ya a la tradicional (y universal) comedia romántica inglesa. Pensaba en esos films clásicos («Notting Hill», «Love actually» o «Four weddings and a funeral», por nombrar algunos), y no podía dejar de sentir que en esta ocasión, el cine francés (aunque en coproducción con Universal Pictures), estaba siguiendo ese camino. Si bien no es una comedia coral (en el sentido que los secundarios tienen menos protagonismo que en las nombradas, muy superiores a esta), el ritmo y los tiempos que «Rompecorazones» transmite son similares. En otras palabras, pareciera como si Pascal Chaumeil (el director) hubiese querido impregnarse de ese estilo y presentar esta historia de romance respetando todas las convenciones del género, aunque incorporando el típico charme y glamour galo en cantidades respetables como para que el film sea europeo continental en su cuadro general.

Lo cierto es que esta película fue muy taquillera en Francia (arrancó con más de un millón de espectadores en su semana de estreno en enero de 2010) y en el resto de Europa, cuadriplicando la inversión. De ahí que su llegada a la Argentina se hizo posible: somos un público que tiene predilección por las cintas de este tipo y puede ser que lleve gente a las salas, si el boca a boca lo ayuda y el público adulto la elige como alternativa a otros estrenos fuertes, en particular (porque son historias de amor), «Blue Valentine» con quien disputará espectadores. Aunque alcanzo a entender porqué fue un suceso de público en su país de origen y el Viejo Continente, me parece que no es una gran película, aunque debo reconocer que tiene una trama simpática (no más que eso) que la hacen ligeramente entretenida a lo largo de su metraje. Sus protagonistas son muy populares en Europa, Romain Duris (quien cada tanto aterriza en Hollywood para hacer de secundario aunque es más conocido en su país natal) y Vanessa Paradis (actual esposa de Johnny Depp y ex pareja de Lenny Kravitz, figura importante del cine francés) fueron una gran elección de cast pensando en atraer gente a las salas, un acierto de sus productores, aunque deberían haber dejado margen en el presupuesto para que más cabezas trabajaran el libro, sin lugar a dudas.

En la línea de la más pura tradición del género, «L’arnacoeur» se ubica por debajo del promedio en cuanto a intensidad y diversión, y se sostiene, de alguna manera por la gran labor de Duris, quien despliega todo su carisma para sostener un guión discreto y casi, sin matices. Uno puede seguir las reglas de un género, pero como cineasta suponemos que el talento se mide en la capacidad de sorprender respetando el encuadre dado. No basta con presentar una historia esquemática y embellecerla sino que hay que traer ideas innovadoras que interesen al público. Claro, eso, si nos proponemos destacarnos del resto y ofrecer un producto interesante y atractivo. Eso, aquí no sucede, la consigna parece haber sido, contemos esta historia, seamos lineales y dejemos que la cámara se enamore de los protagonistas. Si hay humor, que lo aporten los secundarios, pero que no sea mucho ni muy elaborado, sólo para distraer momentáneamente la atención y volver al encuadre donde fotografiamos a Duris y Paradis en excesivo detalle ya que son las caras que sostienen la atención de la audiencia…

Pero mejor les contamos de qué va el film..

Alex (Duris) y su hermana Melanie (Julie Ferrier) tienen una agencia muy particular. Su trabajo consiste en separar parejas. Tiene sus principios, cobran bien por sus servicios y no actúan si saben que la persona sobre la que van a actuar es infeliz. Tienen un instrumental tecnológico a la altura de lo mejor y estudian cuidadosamente los casos que toman, de manera que son muy hábiles en encontrar el resquicio donde filtrarse para destruir un vínculo. Alex es un seductor camaleónico y se ocupa del trabajo duro, él es el encargado de seducir mujeres y hacerlas dejar a sus parejas. Lo extraño es que él no se acuesta con ellas y que tampoco se relaciona románticamente con ellas, sino que les «muestra» otro tipo de sentimiento hacia la vida (?) y las hace reconocerse no enamoradas del sujeto con el que están. Increíble trabajo. Y mucho más pensando en lo que cobra.

Cuando arranca la historia y luego de haberlo visto en acción, Alex debe afrontar un trabajo difícil: detener una boda donde todo parece perfecto. El tiene serios problemas económicos y no puede rechazar un trabajo: este parece complicado, pero su equipo nunca ha fallado hasta ahora. Tienen cinco días para adentrarse en el mundo de Juliette (Paradis) e instalarle la idea de no casarse, ella está de novia con un caballero inglés, filántropo y admirable y el panorama se presenta no muy claro para operar. La situación es crítica, hay poco tiempo y encima unos matones presionan para cobrar una deuda que Alex tiene, de manera en que no hay vuelta atrás : el objetivo de la misión debe cumplir a cualquier costo.

El libro tiene bastantes gaffes (la deuda de Alex es de 50 mil euros pero todo lo que gasta en hoteles caros y salidas supera ampliamente ese número!) y no es de los que vamos a recordar durante mucho tiempo. Encima, deberíamos donar parte de nuestra entrada para pagarle un dentista a Vanessa Paradis, quien todo el tiempo muestra orgullosamente que le falta un diente cada vez que sonríe. Extraño, la verdad, muy extraño. Sabemos que los odontólogos en el Viejo Mundo son caros pero… Johnny no aporta lo suficiente para uno? En definitiva, «Rompecorazones» es un producto discreto, chiquito que si no viniera de una geografía como la francesa, pasaría totalmente desapercibido. Su procedencia lo hace exótico, pero sus valores artísticos son apenas rozando la media. Es de las películas que uno alquila a ciegas en un videoclub alguna tarde para ver en compañía de su pareja. No más que eso.

 

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